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Noruega logra su primera victoria en eliminatorias de Mundial

Noruega necesitó casi tres décadas para volver a un Mundial. Y necesitó toda su historia para ganar, por fin, un partido de eliminación directa. La selección nórdica se metió en los libros al superar a Costa de Marfil en un duelo tenso, abierto, en el que el peso de la ocasión se notaba en cada balón dividido.

No fue una victoria cualquiera. Fue la primera de Noruega en una fase eliminatoria de una Copa del Mundo. Ninguna selección europea lograba su primer triunfo en un cruce mundialista desde Ucrania en 2006. El dato dibuja el tamaño del paso que acaban de dar.

Haaland, racha inhumana y hombros relajados

En medio de ese salto histórico aparece, cómo no, Erling Haaland. El delantero vive instalado en una racha que ya roza lo absurdo: ha marcado en sus últimos 13 partidos oficiales con la selección, 25 goles en esa secuencia, 60 tantos en apenas 53 encuentros internacionales. Números de videojuego, pero con consecuencias muy reales para un país que llevaba 28 años sin saborear estas alturas.

Haaland, sin embargo, no habla como un hombre agobiado por la responsabilidad. Todo lo contrario. Con Brasil esperando en Nueva York en la próxima ronda, el gigante noruego asegura que el equipo ya ha cumplido con creces.

“Logramos clasificarnos por primera vez en 28 años, logramos pasar la fase de grupos y ahora hemos conseguido meternos en la siguiente ronda y enfrentar a Brasil en Nueva York. Es increíble, así que ahora todo es un bonus. Ahora podemos jugar con los hombros abajo y simplemente disfrutarlo, porque no creo que volvamos a tener nunca esta sensación”, deslizó, con una mezcla de alivio y ambición.

Noruega llega a ese cruce con algo más que entusiasmo. Ante Costa de Marfil, el equipo ganó la batalla de los números finos: se impuso en xG por 1,9 a 1,49, aun concediendo más disparos (14 contra 9) y más toques rivales en su área (48 contra 26). Sufrió, sí, pero supo golpear cuando el partido pedía frialdad.

Un partido abierto, decidido en los detalles

El encuentro ante Costa de Marfil fue un tira y afloja constante. Dos equipos valientes, sin miedo a ir hacia adelante, intercambiando golpes. Noruega pegó, recibió el 1-1 y, cuando el escenario parecía inclinarse, encontró aire para cerrar el duelo con autoridad.

“La presión finalmente se notó en los minutos finales”, admiten los datos y la propia lectura del juego. Noruega terminó más entera, más precisa en las áreas. Costa de Marfil dispuso de una falta peligrosa cerca del cierre y de varias situaciones en las que pudo cambiar la historia, pero se quedó corta en la definición.

“Son dos buenos equipos y podía haber ido para cualquiera de los dos, pero terminamos el partido con fuerza y conseguimos reaccionar después del 1-1. Tuvieron una buena falta hacia el final, y situaciones en las que podían haber marcado, pero, en general, quizá fuimos un poco mejores que ellos. Aun así, elogios para Costa de Marfil, que hizo un muy buen partido”, fue el análisis desde el vestuario noruego.

No hubo engaño en esa lectura. Costa de Marfil dominó por momentos, se metió en campo rival, acumuló presencia en el área. Noruega respondió con eficacia. En noches así, el colmillo pesa más que la estética.

Un antes y un después para Noruega

El triunfo no solo llena una casilla en la estadística. Marca un antes y un después. “Es la primera vez que Noruega gana en las rondas eliminatorias, así que tenemos que asumirlo”, se subrayó desde el entorno del equipo. Y ese “asumirlo” implica algo más profundo: entender que esta selección ya no llega a los grandes torneos para hacer turismo futbolístico.

Ahora, la mirada se posa en Brasil. Un gigante histórico, un escenario icónico, una cita en Nueva York que huele a acontecimiento. Noruega llega con la tranquilidad del deber cumplido y la libertad del que siente que todo lo que viene a partir de aquí es ganancia.

“Ahora podemos descansar un poco y preparar Brasil”, se escucha en el vestuario. Descansar, sí. Pero sobre todo, creer. Porque si este grupo ya rompió la barrera de 28 años y tumbó su propio muro en las eliminatorias, ¿quién se atreve a decirle que ahí termina el viaje?