Mbappé brilla y Francia asusta en el Mundial
Cuando Didier Deschamps decidió retirar a Kylian Mbappé y Michael Olise con el partido resuelto, el marcador decía 3-0. La sensación, sin embargo, era de goleada histórica. El técnico francés sonrió, abrió las palmas y se inclinó ante Mbappé en la banda. No era un gesto teatral. Era puro reconocimiento a una actuación que sacudió el torneo.
Francia no solo eliminó a Suecia. La desarmó. La mareó. La redujo a espectadora de un vendaval ofensivo que pudo terminar 6-0 sin que nadie se escandalizara. Mbappé firmó un doblete, Olise repartió dos asistencias y ambos estrellaron un balón en el poste. El francés del dorsal 10 se movió como si el partido fuera suyo desde el minuto uno; el extremo, como un cómplice perfecto, siempre a tiempo, siempre en el lugar exacto.
El momento más cercano a la obra de arte llegó con Olise: una chilena acrobática, medida al milímetro, que besó el poste. A centímetros del gol del torneo. Suecia ya estaba de rodillas, pero esa jugada explicaba mejor que el marcador la distancia entre ambos equipos.
Graham Potter, al frente de los suecos, fue tajante al final: ni siendo “perfectos” habrían ganado. No son palabras lanzadas al aire. Lo visto sobre el césped le da la razón. Francia se presentó en este cruce de octavos como un candidato más. Sale de él convertida en amenaza existencial para cualquiera.
Los goles llegaron con una lógica aplastante. Mbappé abrió la cuenta justo antes del descanso, en el minuto 45, con la determinación de quien huele sangre. Bradley Barcola amplió la ventaja en el 53, y el propio Mbappé remató la faena en el 74. Entre tanto, Francia atacó en oleadas, con una fluidez que recordó a selecciones legendarias.
La pregunta ya no es si Francia puede ganar el Mundial. Es qué tipo de campeón quiere ser. ¿Herederos del Brasil del 70, que dominó y levantó la copa? ¿O del Brasil del 82, que enamoró al mundo para luego caer estrepitosamente ante Italia? El nivel mostrado ante Suecia empuja hacia la primera comparación, pero el torneo no perdona distracciones.
En la banda, Deschamps vive días extraños. Voló a casa la semana pasada para asistir al funeral de su madre. Ayer, en el Azteca de este Mundial itinerante, su jugador estrella corrió directo hacia él para celebrar su primer gol. Abrazo, grito, catarsis. Francia no solo juega bien. Está emocionalmente conectada.
México despierta al Azteca y rompe una maldición
Mucho más tarde, en un Azteca eléctrico y amenazado por tormentas, México encontró su propia noche histórica. El duelo ante Ecuador se retrasó una hora por riesgo de tormenta eléctrica. Cuando por fin rodó el balón, el estadio rugió como en los viejos tiempos.
Ecuador no soportó el impacto. El ambiente, la presión, el ritmo. Todo le cayó encima.
Gilberto Mora, adolescente y ya estrella en ciernes, encendió la mecha. Desde su talento surgió el impulso que México necesitaba para romper una barrera psicológica que pesaba desde 1986: ganar un partido de eliminación directa en un Mundial como anfitrión. Casi cuatro décadas después, la espera terminó.
Julián Quiñones abrió el marcador en el minuto 22. Raúl Jiménez, veterano de mil batallas, amplió la ventaja en el 31. Dos golpes secos. Dos puñaladas en el corazón de una Ecuador que nunca encontró respuesta. El 2-0 no se movió, pero el resultado vale mucho más que una simple clasificación: es un corte con el pasado.
Inglaterra, si supera hoy a la República Democrática del Congo, se cruzará con México en ese mismo escenario. Y el aviso es claro: el Azteca vuelve a ser un lugar incómodo. No solo por la altura o el calor. Por la intensidad emocional que lo envuelve cuando México huele oportunidad.
Haaland decide y Noruega mantiene su maldición sobre Brasil
En otro punto del planeta, Noruega y Costa de Marfil ofrecieron un partido de ida y vuelta, de golpes cruzados, que se decidió al final. Un encuentro que dejó una imagen ya habitual: Erling Haaland celebrando un gol decisivo con la furia contenida de quien vive para esos momentos.
Antonio Nusa adelantó a Noruega en el minuto 39. Amad Diallo, con la jugada más bella del día, igualó en el 74: una conducción en eslalon, rompiendo líneas, y una definición serena. Un gol que mezcló potencia y calma. Costa de Marfil se veía con fuerzas para alargar el partido.
Pero Haaland no suele pedir prórrogas. En el minuto 86, el delantero noruego apareció para sellar el 2-1. Gol, rugido y celebración a lo vikingo, con el banquillo remando en fila imaginaria. Noruega avanza y lo hace con un dato que pesa más que cualquier discurso: se enfrentará a Brasil en octavos y sigue siendo, increíblemente, la única selección que nunca ha perdido contra la canarinha. Dos victorias, dos empates. Cuatro partidos, cero derrotas.
No es un detalle menor. Es un ruido de fondo que Brasil no puede ignorar.
Postales del día: un gato perdido y un Mundial muy humano
Entre tanta tensión, el fútbol dejó también un momento surrealista. Durante la retransmisión del Noruega–Costa de Marfil, el co-comentarista Danny Murphy se permitió una confesión inesperada. Al ver entrar a Oscar Bobb, recordó a su antiguo gato, Bob, que un día saltó a la parte trasera de una furgoneta de Royal Mail y nunca regresó. “Triste, la verdad. En fin”. Un desvío mínimo, casi absurdo, en mitad de un partido de vida o muerte. Pero ahí reside también el encanto de un Mundial: incluso cuando todo parece gigante, se cuelan historias pequeñas.
La familia Murphy, cuentan, ya no soporta ni ver a Postman Pat. Demasiadas heridas abiertas.
La imagen del día, sin embargo, pertenece a Mbappé. Tras su primer gol ante Suecia, el capitán francés corrió directo hacia su entrenador. Deschamps, todavía con el duelo familiar a cuestas, recibió el abrazo de su estrella. No hizo falta una palabra. El gesto lo dijo todo.
Y mientras los grandes se exhiben, las preguntas se acumulan. ¿Podrá alguien frenar a esta Francia desatada? ¿Se atreverá México a convertir el Azteca en fortaleza otra vez, ahora contra una potencia europea? ¿Mantendrá Noruega su extraña invulnerabilidad ante Brasil?
El Mundial, de momento, solo ofrece una certeza: los avisos ya están lanzados. Y más de una selección que descansó ayer lo habrá hecho con un ojo abierto.






