Vinai Venkatesham y el desafío de un reset en Tottenham
Vinai Venkatesham aterrizó en Tottenham Hotspur el pasado verano con un plan claro en la cabeza. Hablaba de pelear por plazas europeas, de consolidar el impulso tras la Europa League ganada con Ange Postecoglou pese a un 17º puesto en la Premier League. Un club con un título reciente, un vestuario lleno de internacionales, un estadio de élite. El escenario parecía preparado.
La realidad lo arrolló en cuestión de meses.
“Si me hubieras preguntado unos meses después de llegar, cuando ya no era un externo, te habría dicho que el club estaba en un estado significativamente peor en algunos aspectos de lo que pensaba”, admite ahora en una entrevista con BBC Sport.
De la idea de una “reconducción” pasó a la conclusión de que lo que hacía falta era algo mucho más profundo: “un reset completo”.
Todo eso se vio condensado en una tarde de máxima tensión: la victoria en la última jornada ante Everton que aseguró la permanencia en la Premier League. No hubo celebración. Hubo liberación.
“Fue una enorme descarga de alivio”, reconoce. Y acto seguido, la frase que retrata el listón que se marca a sí mismo: “Sentir alivio al final de la temporada está muy por debajo del estándar de este club”.
Un club partido en dos: potencia fuera del césped, dudas dentro
Venkatesham dibuja un Tottenham con dos caras. Una, la que enseña al mundo: estadio, operaciones, área comercial. “En el lado no futbolístico, especialmente en operaciones del estadio y comercial, el club estaba y está muy fuerte”, explica.
La otra cara se esconde en los pasillos del fútbol. Y ahí el diagnóstico es duro. En un periodo de unos cinco años, la Premier League ha acelerado. Muchos han crecido. Tottenham, no lo suficiente.
“No digo que Tottenham no mejorara en ese periodo. Pero cuando miras dónde estaba el club en muchas de esas áreas, comparado con donde creo que están otros clubes de la Premier League, había una brecha significativa. En algunas áreas, preocupante”.
Su frase clave golpea en el corazón de la identidad deportiva: “No creo que hubiera lo que yo llamaría una obsesión implacable con el éxito futbolístico”.
Cita el centro de entrenamiento como ejemplo. “Es increíble, uno de los mejores, si no el mejor del mundo. Pero cuando miras alrededor, parece más un hotel de cinco estrellas que un entorno de alto rendimiento. Eso cambiará en verano”. Y añade una autocrítica estructural: “Hay muchas áreas donde el club no tiene el nivel adecuado de especialización”.
El “reset” que anuncia no es un eslogan. Es una declaración de demolición controlada en el área deportiva.
Thomas Frank: un arranque digno, una salida inevitable
El curso, paradójicamente, no empezó mal. Con Thomas Frank en el banquillo, Tottenham solo perdió uno de sus primeros diez partidos en todas las competiciones. El ruido alrededor del equipo bajó, el proyecto parecía encontrar algo de estabilidad.
La caída fue igual de pronunciada. Cuando el club despidió a Frank en febrero, la única sorpresa en el entorno fue que la decisión no hubiera llegado antes. Venkatesham y el director deportivo Johan Lange quedaron en el punto de mira. Para una parte de la afición, habían esperado demasiado.
“Ha habido mucha cobertura diciendo que el club fue pasivo en ese periodo. Y eso no es cierto”, se defiende.
Explica que, al valorar el futuro de Frank, pusieron en la balanza los resultados, la probabilidad de que el técnico danés enderezara la temporada, el impacto que un cambio podría tener en el mercado de enero, el calendario y las complicaciones de entrar en el mercado de entrenadores interinos.
La conclusión, tardía para muchos, fue el despido. Pero la verdadera sacudida estaba por llegar.
La apuesta por Igor Tudor: riesgo asumido, error admitido
Tras la salida de Frank, Tottenham miró alto. Venkatesham confirma que el club intentó convencer a Roberto de Zerbi, que se marchaba de Marseille, para que asumiera el cargo de forma permanente en febrero. El italiano dijo no. No quería tomar un equipo a mitad de curso.
Ese “no” empujó a los Spurs hacia una decisión que hoy se mira con crudeza: la llegada de Igor Tudor como interino. Duró siete partidos. Salida por “mutuo acuerdo”. Y un consenso generalizado: la apuesta salió mal.
Venkatesham explica los motivos de aquella elección. “Estábamos en el mercado de interinos, que no es precisamente el más amplio. Había varias razones por las que Igor fue seleccionado: había dirigido en entornos de muy alto perfil y alta presión, no queríamos a alguien que se derrumbara bajo esa presión. Tiene historial de causar un impacto inmediato. Ha dirigido en grandes clubes. Tiene una personalidad muy diferente a Thomas y sentimos que hacía falta algo distinto”.
Sabían que no tenía experiencia en Premier League. “¿Fue un riesgo nombrarle? Absolutamente”. Preguntado si acepta que fue un error, no se esconde: “No funcionó. Creo que está muy claro que no funcionó. Y no creo que eso esté en cuestión. No creo que nadie argumente lo contrario”.
En un club acostumbrado durante años a centrar la crítica en la figura de Daniel Levy, la diana se ha movido. Con Levy fuera desde septiembre tras 25 años al mando, el nuevo director ejecutivo se ha convertido en objetivo de una parte de la grada.
Críticas, insultos y piel gruesa
Dos temporadas seguidas terminando 17º en la Premier League han dejado a la afición al límite. El malestar no es nuevo, pero ahora se concentra en una nueva dirección. Venkatesham lo sabe. Y lo asume.
“Entiendo la frustración de los aficionados. Los aficionados de Tottenham llevan frustrados un tiempo. Son dos temporadas seguidas acabando en el puesto 17. Claramente no es suficiente”, concede.
Habla de “retos serios” en el lado futbolístico, de problemas acumulados “durante muchos años” que no desaparecen “de la noche a la mañana”. Y lanza una promesa con matices: “Los conocemos. Los estamos abordando. Los estamos solucionando. Ojalá pudiera agitar una varita mágica y arreglarlo todo de golpe, pero no es posible. Lleva tiempo”.
Su convicción interna, dice, no se tambalea: “Tengo completa confianza en lo que estamos haciendo y en cómo lo estamos haciendo. Pero los aficionados tienen prisa, con razón. Tengo que aguantar el temporal”.
Venkatesham, que trabajó antes en Arsenal, reconoce el desgaste personal. “No es fácil. Tienes que desarrollar una piel gruesa. Me ayuda haber estado en el fútbol los últimos 15 años, no es algo nuevo para mí. Es un juego de opiniones y no tengo ningún problema con ser criticado. Ningún problema con que cualquiera en el fútbol sea criticado, es parte del trabajo”.
Lo que le preocupa es la deriva: “El reto en el fútbol es que esa crítica con frecuencia va mucho más allá de la línea para jugadores, árbitros, ejecutivos”. El ambiente en torno a Tottenham, en ese sentido, no es una excepción.
La irrupción de Roberto de Zerbi: once puntos, un vestuario transformado
Detrás de las puertas del club, el nombre de Roberto de Zerbi se pronuncia con un tono distinto. Respeto. Y algo de alivio. Llegó a un equipo al borde del abismo y lo mantuvo en la élite con 11 puntos en siete partidos. Pero su impacto va más allá de la tabla.
“Ha tenido un impacto extraordinario hasta ahora”, subraya Venkatesham. Recuerda que son “primeros días” y que el italiano ha entrado en “una situación muy específica”, con una presión enorme y poco margen de maniobra. Aun así, su influencia se ha hecho sentir rápido.
“Es difícil subestimar la magnitud del reto al que se enfrentó. Y es difícil describir el impacto tan significativo que ha tenido en el vestuario con todos los jugadores”, apunta. El club ve en él algo más que un bombero de urgencia: “Creemos que es un excelente entrenador y que juega el estilo de fútbol que nuestros aficionados y el público en general quieren ver”.
De Zerbi no será solo el hombre del banquillo. Tendrá voz plena en la planificación deportiva del verano.
Fichajes, salarios y un verano decisivo
Tottenham ya ha movido fichas fuera del césped. Ha mantenido conversaciones con Sebastian Kehl, ex director deportivo de Borussia Dortmund, en un intento de reforzar la estructura. Y Venkatesham confirma otro paso clave: el club ha elevado su techo salarial para atraer jugadores de mayor nivel.
“El equipo necesita trabajo y no tiene el equilibrio adecuado”, reconoce. El diagnóstico es claro: faltan “experiencia y liderazgo” y también “esa robustez física para jugar en la liga más exigente que existe”.
El plan no se limita a un solo mercado. “Necesitamos fortalecer el club a lo largo de múltiples ventanas de traspasos”, avisa. Pero no esconde la urgencia: “Esta ventana, en particular, va a ser crítica”.
Tottenham ha esquivado el desastre deportivo por centímetros. Ha tocado fondo en la clasificación. Ha cambiado de entrenador, de discurso y de prioridades. Ahora, con De Zerbi al mando y un director ejecutivo que habla sin rodeos de “reset”, el club se asoma a un verano que puede redefinir su década.
La pregunta es directa: ¿será este el punto de inflexión… o solo otra parada en una caída que ya dura demasiado?






