Tuchel confirma a Rice como titular en semifinal contra Argentina
Thomas Tuchel despejó la gran duda que sobrevolaba la concentración de Inglaterra. Declan Rice está listo. El mediocentro, tocado por una enfermedad y sustituido al descanso en el triunfo de cuartos ante Noruega, será de la partida en la semifinal del Mundial frente a la vigente campeona, Argentina.
“Todos están en condiciones de iniciar y todos entrenaron, excepto Jarell (Quansah), que está suspendido, y Jordan Henderson”, explicó el seleccionador inglés en Atlanta, en la víspera de un duelo con sabor a clásico mundialista.
Henderson, baja dolorosa en lo anímico y en lo futbolístico, quedó fuera tras romperse el brazo en un accidente fortuito al final de la victoria ante la coanfitriona México en octavos. Un golpe absurdo, de esos que cambian planes en un segundo. Rice, en cambio, ha ido recuperando fuerzas a contrarreloj.
“Rice está listo para empezar y recuperado tanto como es posible”, subrayó Tuchel, visiblemente animado ante el escenario que se avecina: Inglaterra y Argentina, cara a cara, otra vez, con un billete a la final en juego.
Un clásico que nunca se enfría
Cuando esas dos camisetas se cruzan en un Mundial, el fútbol se detiene un instante. La historia se cuela en cada conversación, en cada previa, en cada plano de televisión. Es inevitable.
El eco de México 86 sigue ahí. El cuarto de final en el Estadio Azteca, Diego Maradona firmando dos de los goles más famosos de la historia del torneo en apenas unos minutos: primero la célebre “Mano de Dios”, luego aquella carrera interminable, dejando rivales atrás hasta batir al portero inglés. Un puñal deportivo que marcó a generaciones.
También pesa Francia 98. Octavos de final en Saint-Étienne, partido eléctrico, David Beckham expulsado y resolución cruel desde el punto de penalti, con Argentina celebrando y Inglaterra otra vez de rodillas ante el mismo escudo.
Tuchel conoce todo eso, lo ha estudiado, lo ha visto mil veces. Pero se niega a convertirlo en gasolina oficial del vestuario.
“No lo usamos como combustible”, zanjó el alemán al ser preguntado por la rivalidad. “Sabemos por qué estamos aquí, sabemos lo que queremos, nunca hemos tenido reparos en exigirnos eso a nosotros mismos, en decirlo o en soñarlo”.
La frase resume el pulso actual de esta Inglaterra: ambición sin estridencias, respeto sin complejos.
Hambre, no nostalgia
Lejos de recrearse en los fantasmas del pasado, el técnico insiste en mirar solo a lo que viene. Nada de épicas recicladas, nada de discursos inflamados con viejas heridas.
“Estamos en semifinales y llegamos con mucha hambre. Queremos la próxima victoria”, remarcó Tuchel. “Respetamos a nuestro rival, pero no buceamos en hechos históricos ni hacemos esto más grande de lo que es”.
El mensaje es claro: la camiseta de enfrente pesa, pero no intimida. La historia se reconoce, no se convierte en excusa ni en mochila.
Inglaterra llega con su motor de equilibrio, Rice, de vuelta al once. Sin Henderson, sin Quansah, pero con la plantilla casi al completo y la convicción de que esta vez el capítulo puede escribirse con otra tinta.
Argentina espera. El pasado ruge. El presente, en cambio, se jugará en noventa minutos —o más— en los que no habrá espacio para la nostalgia. Solo para los que se atrevan a decidir qué historia se contará dentro de veinte años.





