La SFA defiende el final del partido con pruebas contundentes
La polémica en torno al final del encuentro sigue ardiendo, pero la Scottish FA ha decidido contraatacar con pruebas. Tras días de sospechas y acusaciones, el organismo publicó el audio del incidente y sostuvo que demuestra, sin margen para la duda, que el partido fue dado por terminado y no abandonado por el árbitro Don Robertson.
Antes de que ese material viera la luz, el político George Foulkes ya había elevado el tono. Había escrito al director ejecutivo Ian Maxwell para solicitar una revisión formal de lo sucedido. No se conformaba con explicaciones de despacho. Quería evidencias.
Las ha tenido. Y no se ha quedado callado.
Poco después del comunicado oficial y del vídeo difundido por la SFA, Foulkes reaccionó en X con un mensaje tan breve como cargado de intención: “There’s more yet to be revealed regarding the SFA”. Más leña al fuego. Más presión pública sobre la federación.
La versión de la SFA: partido acabado, no suspendido
En su nota, la SFA se mostró tajante. Según el organismo, las imágenes y el audio confirman que Robertson actuó de forma correcta al “terminar” el partido, y no al “abandonarlo”. La diferencia, en el lenguaje del reglamento, es crucial.
“Quedó claro en esa reunión que el árbitro, Don Robertson, tomó la acción correcta al terminar el partido”, afirmó la federación.
El debate se había centrado en un punto muy concreto: el pitido final. ¿Hubo señal inequívoca de que el encuentro había concluido? La SFA respondió tirando de reglamento.
Recordó que las Reglas de Juego exigen que el árbitro señale el final, pero no fijan el método. No tiene por qué ser necesariamente un silbato tradicional; lo que importa es la comunicación efectiva y reconocible de que el partido ha acabado.
“En el contexto de lo sucedido –verificado por las imágenes y por el informe de incidentes del partido remitido a la Scottish FA–, el árbitro comunicó de forma clara que el partido había terminado y no había sido abandonado”, sostuvo el organismo.
El reloj, los ocho minutos y el banquillo de Hearts
La SFA también se apoyó en un dato frío, pero determinante: el cronómetro. Según su versión, cuando Robertson confirma que el juego ha terminado, el reloj marca 53:07 (98:07 en el acumulado), por encima del mínimo de ocho minutos de añadido que se había indicado.
“El vídeo muestra que, cuando el árbitro confirma que el partido ha terminado, el reloj está en 53.07 [98.07], más que el tiempo añadido mínimo de ocho minutos señalado”, añadió la federación.
No se quedó ahí. La SFA subrayó que la decisión no se tomó de forma aislada. Apuntó directamente al banquillo de Heart of Midlothian.
Según el audio difundido, la determinación de poner punto final al encuentro llegó tras un diálogo con el cuerpo técnico de Hearts. El propio comunicado lo detalla: “También se desprende del audio que esta decisión se tomó tras un diálogo con el entrenador principal de Hearts, que había expresado su preocupación por la seguridad de los jugadores”.
Ese matiz cambia el marco del debate. No se trataría solo de una interpretación estricta del reglamento, sino también de una respuesta a un aviso directo desde el banquillo sobre la integridad de los futbolistas.
La ley 5 como escudo y el futuro del caso
La SFA cerró filas alrededor de Robertson y su equipo con una referencia directa a la Ley 5 de las Reglas de Juego de IFAB, el texto que blinda la autoridad del árbitro.
“Para evitar dudas, la Ley 5 de las Reglas de Juego de IFAB establece que ‘las decisiones del árbitro sobre hechos relacionados con el juego son definitivas’”, recordó el organismo.
El mensaje final no dejó espacio a interpretaciones: “Apoyamos plenamente la acción decidida de Don Robertson y su equipo para terminar el partido”.
Con el audio publicado, el vídeo difundido y la federación aferrada al reglamento, la posición oficial parece firme. Sin embargo, el comentario de Foulkes en X sugiere que la batalla política y mediática está lejos de cerrarse.
Si “queda más por revelar” sobre la SFA, como él insinúa, la próxima jugada ya no se decidirá solo en el césped ni en el vestuario del árbitro, sino en los despachos y bajo la lupa pública.






