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Mohamed Salah lidera a Egipto en histórica victoria mundialista

ARLINGTON, Texas — Mohamed Salah salió del campo con la cinta de capitán en el brazo y la historia a sus pies. Pase lo que pase con su futuro con Egipto, ya tiene una marca imborrable: lideró la primera victoria de su país en una fase de eliminación directa de un Mundial.

Egipto sufrió, resistió y acabó derribando a Australia en un estadio de la NFL convertido en caldera mundialista. 1-1 tras 120 minutos y 4-2 en una tanda de penaltis que desató el delirio de más de 70.000 aficionados, buena parte de ellos teñidos de rojo egipcio en la casa de los Dallas Cowboys.

Salah, capitán de un día histórico

Salah, 34 años, jugó cada segundo del partido y de la prórroga pese a una lesión de isquiotibiales sufrida en el último duelo de la fase de grupos. No se guardó nada. Ni una carrera menos. Ni un gesto de liderazgo de más.

Marcó su penalti en la tanda y después lo dijo sin rodeos: este día se coloca entre los mejores de su vida. Le falta solo un gol para alcanzar el récord histórico de la selección que ostenta su propio seleccionador, Hossam Hassan, con 69 tantos. Pero la cifra, hoy, es otra: un triunfo en eliminatorias mundialistas, el primero de la historia de Egipto en su cuarto Mundial, el primero con 48 selecciones.

Hasta hace menos de dos semanas, los Faraones ni siquiera conocían la sensación de ganar un partido en un Mundial. Lo hicieron ante Nueva Zelanda en la fase de grupos. Hoy dieron un salto de dimensión.

Un héroe inesperado en la tanda

La noche se decidió en los once metros. Y el nombre grabado en oro no fue el de Salah, sino el de un defensa sin goles internacionales: Hossam Abdelmaguid.

Australia arrancó la tanda con el pie cambiado. Harry Souttar mandó el primer lanzamiento por encima del larguero. Después, con la cuarta ejecución, el joven de 18 años Lucas Herrington estrelló su disparo en el travesaño. El margen de error se había agotado para los Socceroos.

Egipto no falló. Mahmoud Saber, Ramy Rabia y Salah convirtieron los suyos. Y cuando llegó el turno de Abdelmaguid, el estadio contuvo el aliento. El central de 25 años, sin un solo gol en 15 partidos con la absoluta, eligió el lado izquierdo, raso, seco. Mathew Ryan se lanzó hacia su derecha. El balón entró limpio. Y el AT&T Stadium explotó.

Egipto, debutante en unas eliminatorias mundialistas, acababa de derribar la puerta.

El plan de Hassan: despejar la mente

Hossam Hassan, leyenda en el banquillo, vivió la tanda con una mezcla de tensión y fe. Lo confesó después: durante todo el tiempo solo rezaba para que su gente, los aficionados egipcios, fueran felices esa noche.

Su mensaje a los lanzadores fue sencillo, casi crudo: liberar la cabeza. Nada de porteros, nada de presión, solo el golpeo. El resultado le dio la razón. Egipto convirtió los cuatro penaltis que ejecutó. Australia, solo dos, por medio de Jackson Irvine y Awer Mabil.

En la otra área, el cambio de portero no alteró el destino. Tony Popovic decidió retirar a Patrick Beach, de 22 años, que había firmado varias paradas de mérito, y dar entrada a Ryan, de 34, para su 105ª internacionalidad. Ni uno de los cuatro lanzamientos egipcios encontró su guante.

Un partido que se torció y volvió

Antes del drama desde el punto fatídico, hubo un partido áspero, intenso, con giros de guion. Egipto golpeó primero. Minuto 13. Centro y aparición de Emam Ashour, que se impuso por arriba y cabeceó ajustado al primer palo de Beach. Ventaja temprana, plan perfecto.

El inicio del segundo tiempo pudo sentenciar la historia. Nada más reanudarse, Omar Marmoush se plantó con una ocasión inmejorable para el 2-0. Su disparo se marchó desviado. Una vida extra para Australia.

La factura llegó en el 55. Y de la forma más cruel posible para Mohamed Hany. El lateral derecho ya arrastraba un susto serio: menos de diez minutos antes había quedado tendido en la misma zona del campo tras un duro choque aéreo con Connor Metcalfe. Entraron las asistencias, se preparó la camilla, se temió una conmoción. Pero Hany se levantó, superó el chequeo y siguió.

Poco después, Aiden O’Neill colgó una falta desde la izquierda del área. Hany saltó, tocó la pelota… y la peinó hacia su propia portería, superando a Mostafa Shoubir. Segundo autogol en este Mundial para el mismo jugador, algo inédito. El primero había llegado en el empate 1-1 ante Bélgica en la fase de grupos. De la discreta estadística a la infamia histórica en cuestión de días.

Australia, que ya había visto cómo su único gol en unas eliminatorias mundialistas anteriores también fue un autogol —ante Argentina en 2022—, volvía a vivir un partido marcado por rebotes en contra y decisiones mínimas.

Australia, otra vez al límite y fuera

El equipo de Popovic se marchó con la sensación de haber rozado algo grande. Lo dijo el técnico: duele caer tan cerca, y más desde los once metros. El registro es demoledor. Tres presencias en eliminatorias mundialistas, tres eliminaciones. Italia en 2006, Argentina en 2022, Egipto ahora. Cero goles propios en esos cruces, dos autogoles a favor como único consuelo estadístico.

No fue por falta de resistencia. Beach sostuvo al equipo en el tramo final del tiempo reglamentario. Primero, volando para sacar un cabezazo de Rabia. Luego, blocando un disparo de Salah. Cuando Egipto apretaba, siempre aparecía una mano, una pierna, un cuerpo australiano. En el descuento, Haissem Hassan tuvo otra opción clara, pero Souttar se cruzó y desvió con la rodilla.

La prórroga fue más miedo que fútbol. Nadie quiso cometer el error definitivo. Ese error llegó, inevitable, en la tanda.

Atlanta espera… y quizá algo más

El camino no se detiene aquí. En octavos, en Atlanta, espera un gigante: el vigente campeón, Argentina, o la sorprendente Cabo Verde. Cita de alto voltaje, otro escenario grande, otra prueba de carácter.

Egipto aterriza allí con algo más que un pase. Llega con la certeza de haber roto un techo histórico, con un capitán que sigue desafiando al tiempo y a las lesiones, y con un grupo que ya sabe lo que es aguantar hasta el último suspiro y ganar.

La pregunta ya no es si este equipo puede competir en un Mundial. La cuestión, ahora, es hasta dónde se atreverá a llegar.