Paolo Maldini es el nuevo director técnico de Italia
Paolo Maldini vuelve a casa. No a San Siro, sino al corazón del fútbol italiano. La FIGC anunció en la noche del sábado que el histórico capitán será el nuevo director técnico de la selección, un movimiento que ha encendido una chispa de esperanza en un país que lleva tres Mundiales seguidos viéndolos por televisión.
No llega solo. A su lado estará Leonardo, incorporado como asesor, una dupla que Italia conoce bien de sus años en el Milan y que ahora deberá ayudar a reconstruir los Azzurri desde los despachos.
Un país que necesitaba un símbolo
Italia necesitaba un giro. Urgente. Tres Copas del Mundo consecutivas sin la Nazionale en el césped han dejado cicatrices profundas y una sensación de decadencia que ni siquiera el título en la Eurocopa logró borrar del todo.
El nombramiento de Maldini se lee como el inicio de un proyecto nuevo, casi como un voto de confianza a una de las figuras más respetadas de la historia reciente del calcio. No es solo un exdefensa legendario: es una manera de decir que el fútbol italiano quiere volver a reconocerse en sus grandes referentes.
El nuevo presidente de la FIGC, Giovanni Malagò, firma así su primera gran decisión. Y el veredicto, al menos en estas primeras horas, es claro: aprobación masiva.
Maldini–Leonardo, una sociedad que se reencuentra
La misión es delicada. Maldini y Leonardo deberán elegir al próximo seleccionador nacional. Los nombres que encabezan las quinielas son conocidos: Antonio Conte y Roberto Mancini aparecen como favoritos. La prensa italiana, sin embargo, ya ha empezado a agitar otros perfiles de gran impacto, como Pep Guardiola o Didier Deschamps, que se mencionan más como deseo que como posibilidad concreta.
Lo que sí es real es la complementariedad de la pareja. Leonardo, más intuitivo, más soñador. Maldini, más pragmático, apoyado en su conocimiento y en un instinto afinado durante décadas en la élite. Juntos ya demostraron en el Milan que saben discutir, contrastar ideas y acabar encontrando un punto común.
La bendición de Dino Zoff
Cuando habla Dino Zoff, Italia escucha. Campeón del mundo en 1982, seleccionador en la Euro 2000, conoce a Maldini como jugador y como hombre. Y su respaldo es rotundo.
“Paolo ha dado tanto a nuestro fútbol, al Milan en particular pero también a la selección”, recordó el mítico portero, que lo dirigió en aquella Eurocopa que Italia perdió en la final ante Francia. Zoff no olvida tampoco a Cesare Maldini, padre de Paolo y asistente de Enzo Bearzot en el Mundial del 82. Es una dinastía que atraviesa la historia azzurra.
Para Zoff, la elección no admite peros: Maldini es “perfecto” por carácter, carisma y competencia. Y entiende también la llegada de Leonardo como asesor: un líder, dice, debe rodearse de gente de confianza.
El exguardameta va más allá y marca una línea roja: Maldini debe tener las manos libres para elegir al nuevo seleccionador, “sin interferencias externas”. El mensaje, en un país donde la presión mediática y política sobre la Nazionale es constante, no es casual.
Costacurta: “Más importante que elegir al entrenador”
Otro que conoce a Maldini como pocos es Alessandro Costacurta. Compañero de mil batallas en el Milan, socio en una de las defensas más temidas de Europa, también se ha sumado al coro de elogios.
“Es una gran noticia para el fútbol italiano, porque hemos recuperado a una de las personas más iluminadas y sinceras de este deporte”, afirmó el exdefensa, que compartió con Maldini y Leonardo los años de gloria rossoneri.
Costacurta va incluso un paso más lejos en su valoración del movimiento de Malagò: considera que apostar por Maldini es “quizá más importante que elegir al nuevo seleccionador”. Una frase que resume bien el peso simbólico del nombramiento. Antes que al entrenador, Italia necesitaba a una figura que marcara un rumbo.
En esa ecuación, Leonardo aporta visión y riesgo; Maldini, equilibrio y concreción. Lo mejor, según Costacurta, es que se escuchan, incluso cuando parten de ideas distintas, y acaban encontrando soluciones compartidas. Justo lo que le ha faltado a Italia en los últimos años: una línea clara, consensuada y sostenida en el tiempo.
El reto que espera
Mientras el mundo mira a un Mundial que Italia vuelve a vivir desde el sofá, con Francia, España, Argentina y Inglaterra ya instaladas en semifinales, en la FIGC se trabaja para que esta imagen deje de ser costumbre.
Maldini llega para decidir quién será la voz en el banquillo, pero también para algo más profundo: redefinir una identidad, reconstruir una estructura, devolver a la Nazionale a los escenarios donde su camiseta siempre se sintió obligada a estar.
El balón, esta vez, no está en sus pies. Está en su despacho. Y de sus próximas decisiones dependerá si Italia vuelve a cantar su himno en los grandes torneos o si el Mundial seguirá siendo, dolorosamente, un simple espectáculo de televisión.






