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Jude Bellingham sobre la Eurocopa: errores fuera del campo

En la concentración de Inglaterra en Estados Unidos, lejos del ruido de casa y a las puertas de otro Mundial, Jude Bellingham ha puesto palabras a una sensación que muchos intuían desde la distancia sobre la Eurocopa 2024: algo se rompió dentro del vestuario.

El equipo de Gareth Southgate llegó hasta la final en Alemania, cayó ante España y, aun así, nunca dio la impresión de funcionar de verdad. Ganaba, sí. Convencía, no.

Ahora el escenario es otro. Nuevo seleccionador, Thomas Tuchel, nuevo discurso, una idea que repite casi como un mantra: construir una “hermandad” en el grupo para asaltar el Mundial de 2026. Y desde dentro del campamento inglés, Bellingham reconoce que eso, precisamente eso, faltó hace dos veranos.

“En la Eurocopa creo que nos equivocamos en algunas cosas fuera del campo, no siento que el grupo conectara tan bien como podría por varias razones”, admitió el centrocampista de Real Madrid.

Inglaterra partía como una de las grandes favoritas. Eso pesó. “Cuando llegó el torneo, se nos veía como uno de dos o tres equipos que podían ganarlo. No estábamos jugando bien, lo que no ayuda, así que incluso cuando ganábamos no teníamos la sensación de estar tan felices como deberíamos”.

La presión no se midió en estadísticas, sino en nudos en el estómago.

Un camino a la final lleno de parches

El recorrido inglés en aquella Eurocopa fue una sucesión de rescates sobre la bocina. Un guion dramático, pero también un síntoma.

En octavos, contra Eslovaquia, Inglaterra estaba al borde del abismo hasta que Bellingham, en el minuto 95, se suspendió en el aire y conectó una chilena que forzó la prórroga. En cuartos, hicieron falta penaltis para dejar en el camino a Suiza. En semifinales, un gol en el último suspiro derribó a Países Bajos.

Momentos épicos, sí, pero con un poso amargo para su protagonista.

La chilena ante Eslovaquia ya se ha instalado en la memoria colectiva del fútbol inglés, pero Bellingham no la recuerda como un simple póster para la pared. “Todavía recuerdo cómo me sentía en ese momento. Siempre me hace sentir un poco incómodo porque era una situación tan mala”, confesó. “No estábamos jugando bien. Recuerdo de niño ver Mundiales y Eurocopas en los que quedábamos eliminados contra equipos ante los que no deberíamos haber caído y pensar: ‘Vaya, estoy a punto de ser parte de uno de esos momentos’. Eso sacude a todo el fútbol inglés”.

Su gol fue un salvavidas, pero también un espejo. El talento individual tapaba las grietas de un grupo que no terminaba de reconocerse como equipo.

Tuchel, la “hermandad” y una batalla por el ‘10’

El presente se escribe en otro tono. Tuchel ha llegado con una idea clara: unir, apretar el vestuario, reducir las distancias entre las estrellas y los secundarios. Habla de “hermandad” y Bellingham no oculta que esa palabra no formaba parte del vocabulario cotidiano en 2024.

En lo futbolístico, el técnico alemán ha encendido una competencia directa: el puesto de mediapunta, el ‘10’, parece un duelo abierto entre Bellingham y Morgan Rogers de cara al debut mundialista ante Croacia el miércoles.

La pelea es seria. La relación, no.

Los dos crecieron en la misma zona de West Midlands, compartieron fútbol base y hoy comparten vestuario y objetivo. Bellingham viene de firmar una actuación dominante en el último amistoso, una victoria ante Costa Rica que reforzó su candidatura para ser titular. Pero no hay rastro de tensión personal.

“Como persona, es un tipo top, puede llevarse bien con cualquiera, puede hablar con cualquiera”, dijo sobre Rogers. “Puede ser un poco ruidoso. Tenemos debates que muchas veces se convierten en discusiones. Pero nos llevamos como hermanos, la verdad”.

Tuchel ha sido transparente con ellos. “El míster ha dejado muy claro muchas veces cuando ha hablado que jugamos para la misma posición”, explicó Bellingham. Esa línea, poco a poco, se ha difuminado: el alemán empieza a verles en más de un rol, a moverles por distintas zonas del campo. Esa flexibilidad ha rebajado el dramatismo del duelo directo.

Lo que no ha cambiado es la mentalidad del propio Bellingham. “Sinceramente no tengo ningún mal sentimiento cuando él juega y yo no juego”, aseguró.

La frase encaja con el plan de Tuchel. Menos egos enfrentados, más grupo. Menos silencios tensos en el hotel, más vestuario unido cuando llegue el minuto 95 y el Mundial exija otra chilena imposible.

En 2024, Inglaterra rozó la gloria mientras luchaba contra sus propios fantasmas internos. Ahora, con Bellingham como una de las voces que no teme mirar atrás, la pregunta ya no es solo si esta generación tiene talento para ganar. Es si, esta vez, será realmente una hermandad cuando llegue la hora de la verdad.