Jordan Bos brilla en el ataque de los Socceroos
Los Socceroos ya están en los octavos de final del FIFA World Cup. El billete llegó con un 0-0 áspero ante Paraguay, un punto suficiente para seguir vivos. Pero el debate en Australia no gira alrededor de un delantero decisivo ni de una figura consagrada en ataque. El foco está en un lateral de 21 años: Jordan Bos.
Bos brilla, el ataque preocupa
La lesión de Jacob Italiano a última hora obligó a Tony Popovic a mover piezas. En lugar de improvisar, el técnico apostó fuerte: Bos ocupó el costado derecho y Aziz Behich se adueñó de la banda izquierda. Era el cambio que muchos aficionados esperaban para medir el pulso táctico del seleccionador. Y la apuesta salió redonda.
Bos fue un puñal por la derecha, agresivo, valiente, siempre ofreciendo una salida cuando el equipo se ahogaba. El problema es que ese protagonismo ofensivo vino desde la defensa. Y eso encendió las alarmas de dos exinternacionales como Scott McDonald y Robbie Slater.
“Arriba es un poco preocupante cuando miramos a Jordy Bos como uno de los más amenazantes (para Australia)”, lanzó Slater en Stan Sport’s Added Time, resumiendo el sentir de muchos.
McDonald asintió. Para él, en un escenario normal, los focos deberían apuntar a Mo Toure o a Nestory Irankunda. Sin embargo, Toure se quedó en el banquillo ante Paraguay y Irankunda, extremo de naturaleza, fue desplazado al rol de No.9, lejos de su hábitat ideal.
El enigma del No.9
Ahí está el nudo de la cuestión. McDonald no ve a Irankunda como solución a largo plazo en esa posición. Ni como No.9 ni como No.10. La exigencia de esos roles, en un torneo de este calibre, es brutal.
“Hay un problema en cuanto al No.9. No sacar a (Mo) Toure en lugar de Tete Yengi me dice hoy que no hay confianza ahí”, apuntó el exdelantero. El mensaje entre líneas es claro: si el técnico no recurre a Toure en un partido que pedía aire fresco arriba, algo se ha roto en la jerarquía ofensiva.
La duda crece: ¿se atreverá Popovic a darle la titularidad “de la nada” a Toure en el próximo encuentro? Para McDonald, ese vaivén no ayuda a nadie, y menos a un delantero joven que vive de la confianza de su entrenador. “Como delantero, siendo Toure, no me gusta eso. No me llena de confianza que mi entrenador confíe en mí”, explicó.
Sobre el césped, el diagnóstico fue igual de duro. “No importa a quién pongamos ahí, es una tarea ingrata”, añadió, señalando lo poco que pudo ofrecer Irankunda: “Mira a Nestory, tuvo muy poco y vivía de sobras”.
El problema no es solo de nombres, sino de estructura. Con Irankunda como referencia, Australia pierde un “outlet” claro dentro del área. No hay ese punto de apoyo, ese rematador que fije centrales y libere al resto. Paradójicamente, ese desahogo lo ofreció Bos desde la banda derecha, atacando espacios y dando aire al equipo.
Irankunda, talento fuera de sitio
A sus 20 años, Irankunda carga con una responsabilidad que no le corresponde del todo. McDonald lo ve como una preocupación anunciada cuando se le traslada al centro del ataque. No porque le falte talento, sino porque el papel le exige cosas que no forman parte de su instinto.
“Tiene que aguantar un poco mejor el balón”, analizó. “Por momentos sufrió porque no es su juego natural”. Rodeado por una zaga paraguaya de tres centrales, fuerte y muy física, el joven atacante chocó contra un muro sin espacios para explotar su velocidad por fuera.
Los paraguayos conocían la amenaza. Le dedicaron hasta tres hombres. En ese contexto, McDonald cree que Irankunda debe aprender a ocupar más zonas centrales, esperar, leer mejor los tiempos. Menos impulso, más cálculo.
El exdelantero tiró de ejemplo de élite para ilustrarlo: los grandes No.9, como Erling Haaland, viven del área. No necesitan tocarla veinte veces ni bajar a crear. Se mueven poco, pero se mueven bien. Confían en que sus compañeros hagan el trabajo sucio y ellos aparezcan en el momento justo.
Irankunda, en cambio, quiere ser protagonista en todo. Quiere crear, encarar, disparar desde la frontal. Para McDonald, si va a seguir como referencia, deberá ajustar su mentalidad: “Si vas a jugar ese rol, necesitas jugarlo un poco más inteligente y ser un poco más paciente”.
Una vieja verdad sobre el ‘9’ australiano
McDonald también tiró de memoria propia. Para él, el modelo clásico del ataque australiano siempre tuvo una figura clara: el “big man”, el delantero fuerte, dominante en el juego aéreo, capaz de fijar defensas y liberar a los segundos puntas.
“No me gustó tampoco”, admitió sobre el experimento actual con Irankunda. “Durante la mayoría de mi carrera siempre jugabas al lado del hombre grande o lo que fuera”. Y remató con una sentencia que golpea directo a la identidad del equipo: “Siempre lo he dicho, si puedes cabecear, tienes más posibilidades de ser el No.9 de los Socceroos. Es así de simple”.
Hoy, sin embargo, el jugador más punzante de Australia no es ese ariete dominante, sino un lateral joven que ha irrumpido por necesidad y se ha quedado por mérito. Jordan Bos ha sido la mejor noticia de la fase de grupos. Pero su brillo deja al descubierto una incómoda pregunta: ¿cuánto tiempo puede sostener un lateral el peso ofensivo de una selección que sueña con ir más allá en el FIFA World Cup?





