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Inglaterra conquista el Azteca pero teme por Henderson

Inglaterra sobrevivió a una noche salvaje en el Estadio Azteca. Ganó 3-2 a México, firmó una de esas victorias que se recuerdan durante años… y salió con el alma encogida por la lesión de Jordan Henderson, víctima de un accidente tan absurdo como doloroso en plena celebración.

El equipo de Thomas Tuchel se marchó de la caldera mexicana con el marcador a favor y el corazón en un puño.

Un inicio perfecto, un final de sufrimiento

El partido arrancó una hora tarde por culpa de las tormentas, pero cuando el balón por fin echó a rodar, México salió disparado. El Azteca rugía, los locales apretaban y la selección inglesa se vio obligada a resistir los primeros embates, casi a ciegas entre el ruido y los relámpagos.

Inglaterra, sin embargo, golpeó con una frialdad demoledora.

Jude Bellingham silenció el estadio poco después de la media hora. Un centro preciso de Bukayo Saka desde la derecha, un desmarque al límite y un cabezazo en plancha del mediocampista para el 0-1. Un golpe seco, quirúrgico.

México aún no se había recompuesto cuando llegó el segundo. Otra vez por la derecha, esta vez con Harry Kane como asistente. El capitán rompió por banda, levantó la cabeza y puso un centro medido que Bellingham convirtió en el 0-2 apenas dos minutos después de su primer tanto. Doblete y control absoluto del partido para Inglaterra.

El Azteca respondió como solo sabe. El “sí se puede” tronó desde las gradas, y el equipo local se enganchó al partido a base de empuje. La recompensa llegó tras una jugada a balón parado: un balón suelto en el área, un barullo, y Julian Quinones cazó la volea dentro del área para poner el 1-2 y devolver la vida a México antes del descanso.

La roja a Quansah enciende la caldera

La segunda parte se convirtió en una prueba de carácter para Inglaterra. Jarell Quansah vio la tarjeta roja por una entrada temeraria y el partido cambió de tono de inmediato. De control y pausa, a resistencia numantina.

Con diez hombres, el equipo de Tuchel tuvo que replegarse y jugar contra el reloj y contra un estadio que olía la remontada. México se adueñó de la posesión y del territorio, pero Inglaterra encontró oxígeno en una acción aislada.

Anthony Gordon ganó la espalda de la defensa y se plantó ante el portero. El guardameta lo derribó dentro del área y el árbitro señaló penalti. Harry Kane, imperturbable, ejecutó desde los once metros con su serenidad habitual para firmar el 1-3 pasada la hora de juego. Un respiro. Breve.

Porque el capitán pasó de héroe a protagonista involuntario del suspense. En un intento de despeje dentro del área propia, Kane cometió penalti. Tras la revisión del VAR, el colegiado señaló el punto fatídico. Raúl Jiménez no perdonó: 2-3 y el Azteca otra vez en llamas.

Quedaban más de veinte minutos. Inglaterra se vio con la espalda contra la pared, defendiendo cada balón como si fuera el último. México acumuló posesión, centros, tiros lejanos. La selección inglesa, ya sin salida clara, se aferró al resultado con una defensa desesperada pero efectiva. Cuando llegó el pitido final, la sensación era de hazaña más que de simple victoria.

La fiesta que acabó en drama para Henderson

Y entonces, cuando la tensión parecía por fin liberarse, llegó el golpe más inesperado de la noche.

Los jugadores ingleses se acercaron a su grada para celebrar como lo han hecho tras cada triunfo en este Mundial: cantando “Wonderwall” con sus aficionados. Jordan Henderson, que no había participado en el partido pero sí en el calentamiento y hasta se ganó una amarilla desde la banda por una trifulca en la segunda parte, se sumó a la celebración.

Al regresar al campo, al intentar volver a saltar por encima de las vallas publicitarias, perdió el equilibrio. Cayó mal sobre el brazo. Se quedó tendido, con gestos claros de dolor. El estadio, que minutos antes era un volcán, quedó en un extraño silencio de sorpresa.

Los médicos acudieron de inmediato. Tras ser atendido en el césped, Henderson abandonó la escena en camilla, directo al vestuario y posteriormente al hospital para más pruebas. Las primeras sensaciones no fueron nada alentadoras.

Thomas Tuchel, en declaraciones a ITV, fue tajante: “Not good, not good. Jordan fell over and injured his wrist, it looks really bad”. Sin rodeos.

Jude Bellingham también se refirió a la situación: “He’s in a bit of bother, but our medical team have got everything under control. Probably best for me not to say too much. We’re there to support him”. Mensaje de apoyo, y un silencio prudente sobre el alcance real del daño.

El escenario es cruel: Henderson solo había disputado un partido en la fase de grupos, entrando como suplente en la segunda parte ante Panamá. No jugó ni un minuto contra México. Y, aun así, podría ver cómo su Mundial termina por una caída absurda en plena celebración.

Una victoria histórica con un precio altísimo

Más allá del drama individual, el triunfo tiene un peso enorme. México solo había perdido dos partidos oficiales en el Estadio Azteca desde 1966. Inglaterra convirtió esa estadística en historia, sumándose a una lista mínima de elegidos capaces de asaltar el coloso mexicano.

Lo hizo con fútbol en la primera parte, con pegada en las áreas y con una resistencia feroz en la recta final, ya con diez jugadores y sometida a un asedio constante. Lo hizo en la última noche de este Mundial en territorio mexicano, bajo tormentas, gritos y nervios.

La pregunta ahora es otra. ¿Qué precio habrá pagado Inglaterra por esta victoria? Si las peores previsiones sobre la lesión de Jordan Henderson se confirman, la noche del Azteca quedará marcada no solo por la gesta, sino por la imagen de un líder abandonando el estadio en camilla tras una caída tan inesperada como devastadora.

Inglaterra conquista el Azteca pero teme por Henderson