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Harry Kane y otra semifinal perdida: el vacío de Inglaterra

Harry Kane salió del césped con la mirada perdida. Minutos después, ya en silencio, buscó refugio en el teléfono. Lo que escribió en su cuenta de X resumió el estado de ánimo de un país entero: “No hay palabras lo suficientemente grandes ahora mismo para superar esta sensación de vacío en el estómago”. Vacío. Esa fue la palabra que eligió el capitán de Inglaterra tras caer 2-1 ante Argentina en la semifinal del Mundial 2026.

Inglaterra volvió a tropezar en el mismo escalón. Desde aquella histórica semifinal ganada en 1966, el equipo ha encadenado tres eliminaciones consecutivas en esta ronda: 1990, 2018 y ahora 2026. Tres generaciones distintas, el mismo muro. Esta vez, con un desenlace especialmente cruel.

El guion parecía escrito para otra noche épica inglesa. Inglaterra golpeó primero, se adelantó y tomó el control emocional del partido. Tenía el marcador, tenía la inercia, tenía la sensación de estar a un paso de la final. Pero la Albiceleste no se rindió. El partido se fue inclinando, metro a metro, hasta que los nombres propios del castigo quedaron grabados: Enzo Fernández y Lautaro Martínez. Sus goles voltearon el resultado y firmaron la remontada que envió a Argentina a la gran final y a Inglaterra a otro ejercicio de autopsia futbolística.

Los números hacen aún más dolorosa la derrota. En todo el siglo XXI, solo en dos ocasiones un equipo que abrió el marcador en una semifinal mundialista se quedó fuera de la final. Las dos veces fue Inglaterra: primero ante Croacia en 2018, ahora ante Argentina en 2026. Una estadística que ya no suena a casualidad, sino a maldición enquistada.

La noche de Kane fue tan dura como el resultado. El delantero de Bayern Munich, referencia absoluta del ataque inglés, no logró dar ni un solo toque dentro del área rival. No se le encontró. No apareció donde siempre aparece. Es un dato que solo se había repetido en dos ocasiones en toda su carrera en grandes torneos. Para un goleador de su dimensión, es casi una humillación deportiva.

Se entiende, entonces, el peso de su mensaje. No era una frase hecha. Era el desahogo de un futbolista que acumula cicatrices con la camiseta de su selección. Otra semifinal perdida, otro sueño roto a un paso de la final, otra generación que se queda mirando por televisión el partido que todos quieren jugar.

Bajo el mando de Thomas Tuchel, Inglaterra tendrá que levantarse rápido. No hay tiempo para recrearse en la tragedia si quiere que esta generación no quede marcada solo por sus “casi”. El grupo ha aprendido a competir en las grandes citas, pero sigue sin cruzar la puerta definitiva.

Kane, mientras tanto, carga con la herida y con el liderazgo. Sabe que el relato de su carrera internacional aún no está cerrado. El golpe es brutal, la sensación de vacío es real, pero el capitán ya ha dejado entrever algo entre líneas: todavía cree que puede escribir nuevos capítulos con Inglaterra. La cuestión es si el fútbol, alguna vez, decidirá ponerse de su lado en una semifinal.

Harry Kane y otra semifinal perdida: el vacío de Inglaterra