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Hannibal Mejbri: El nuevo líder de las Águilas de Cartago

Los aficionados más fieles al fútbol de selecciones conocen bien el apodo: Las Águilas de Cartago. Un nombre que no es simple marketing, sino una declaración de intenciones. Remite a una civilización que desafió a Roma y al mundo. Y a uno de sus hijos más célebres: Hannibal Barca, el general que cruzó los Alpes con elefantes de guerra y llevó su ambición hasta las puertas de la capital romana.

Dos mil años después, otro Hannibal guía a las Águilas de Cartago, esta vez rumbo al Mundial de la FIFA 2026, con una misión muy distinta: no conquistar un imperio, sino derribar una barrera que Túnez nunca ha logrado superar. Salir, por fin, de la fase de grupos. A sus 23 años, Hannibal Mejbri ya es mucho más que una promesa: es el centro neurálgico de una selección que sueña con hacer historia.

La Banane: un barrio como punto de partida

Hannibal Mejbri nació en París, en el 20º arrondissement, hijo de padres tunecinos. Un distrito denso, obrero, multicultural. Él mismo lo resume con una simple lista: “muchos tunecinos, muchos argelinos, muchos marroquíes, muchos senegaleses, malienses también”. Diferentes banderas, un mismo idioma en la calle: el fútbol.

En medio de ese paisaje se levanta un bloque de pisos con un apodo tan sencillo como gráfico: La Banane, por su forma curva. Entre sus paredes y sus patios, sin focos ni cámaras, se iba moldeando un futbolista.

“En vez de subir directo a casa, me quedaba fuera jugando hasta que caía la noche”, recuerda Mejbri en el último episodio de World at Their Feet, serie de Olympics.com que sigue a jóvenes talentos camino al Mundial de 2026. Nada de planes maestros, ni academias de élite desde los tres años. “Era un chico normal, no había un plan. Tenía a mis amigos, estaba centrado en mi vida de niño”.

Su amigo de la infancia Hubert Mbuyi lo vio crecer desde el primer regate. No sólo llamaba la atención por la calidad con el balón, sino por la imagen. “Tenía un estilo único, con el pelo grande, muy grande, rubio. Todo el mundo lo conocía y había muchas expectativas sobre él”. Y una frase que lo define mejor que cualquier informe de ojeador: “Donde hubiera un campo y un balón, allí estaba Hannibal”.

De París a Mónaco y de ahí al teatro de los sueños

El talento no tardó en encontrar estructura. Mejbri entró en la academia de Paris FC con apenas seis años. Siete temporadas de formación, partidos en campos modestos, viajes cortos por la región. Luego, una breve etapa en Boulogne-Billancourt. Y entonces, la llamada que cambia el tono de cualquier conversación familiar: Mónaco.

En 2018, con sólo 15 años, el club del Principado pagó un millón de euros por incorporarlo a su cantera. Un salto de dimensión. “Sentía la riqueza de Mónaco”, admite. “Fue un pequeño cambio, un pequeño sueño, y aprendí mucho allí”. El escenario era de lujo; la experiencia, no tanto. No todo encajó como se esperaba, pero su potencial ya se había puesto en el escaparate.

Los grandes de Europa empezaron a rondar su nombre: Bayern München, Paris Saint-Germain, Barcelona. Todos atentos. Sin embargo, en agosto de 2019, el chico de La Banane eligió otro camino. Con 16 años, firmó por un gigante de Inglaterra: Manchester United, tres veces campeón de la Champions League.

Su ascenso en Old Trafford fue acelerado. Debut en la Premier League en 2021. Y en septiembre de 2023, su primer gol en la élite inglesa, en una derrota por 3–1 en casa ante Brighton. El contexto no era festivo, pero el impacto en él fue brutal. “Todavía se me pone la piel de gallina”, confiesa al recordar el disparo. “No sé por qué empecé a celebrarlo cuando íbamos perdiendo 3–0, y se ve en mi celebración que tenía una cierta rabia dentro y que lo solté todo cuando marqué”. Un grito más de liberación que de alegría.

El corazón elige: Túnez por encima de Francia

En las categorías inferiores, el camino parecía escrito en azul. Mejbri representó a Francia en las selecciones sub-16 y sub-17. Pero cuando llegó la hora de decidir su futuro internacional, la brújula no miró al norte, sino al sur del Mediterráneo. En 2021, atendió la llamada de Túnez.

“Elegí Túnez porque elegí con el corazón”, explica. No reniega de su otra mitad. “Aunque viví en Francia, eso no quita el amor que tengo por Francia. Pero siento que el amor que tengo por Túnez es mayor”. Una frase sencilla, pero definitiva, que explica por qué ahora viste de rojo en los grandes escenarios.

Desde entonces, el mediocampista ha acumulado 44 partidos con la selección tunecina y ha sido nombrado en dos ocasiones Revelación Africana del Año en los premios Africa d’Or. Cada vez que se enfunda la camiseta de su país, no piensa sólo en una bandera o en un himno. Piensa en su bloque, en su calle, en su infancia. “Cuando represento a mi país, también represento a mi barrio. Porque sé que los represento a ellos, y todo eso está ligado al orgullo”.

En La Banane, lo viven como propio. Mbuyi lo resume con una sonrisa que se intuye incluso sin verlo: “Todos los tunecinos están orgullosos de él, porque al final es un chico del barrio. Cuando juega, todo el mundo se centra en el partido. Todos miramos el pelo de Hannibal en el campo. Intentamos localizarlo todo el tiempo”. Un peinado convertido en faro para una generación entera.

El regreso al origen y el sueño de 2026

El vínculo no se ha roto. Cada verano, Hannibal vuelve a La Banane. No como estrella distante, sino como uno más que organiza un torneo para los suyos. Fútbol, música, camisetas, ilusión. El año pasado, regaló alrededor de cien camisetas. El efecto es visible a simple vista. “Puedes caminar por aquí y encontrar a dos o tres personas llevando su camiseta”, cuenta Mbuyi. No es merchandising. Es pertenencia.

En ese rincón de París, Hannibal se ha convertido en algo más que un profesional de élite. “Es un gran ejemplo de lo que la gente busca en esta zona. Gracias a él, los niños pueden soñar”. El mensaje es claro: se puede salir del patio de La Banane y llegar a un Mundial. Se puede nacer entre bloques obreros y acabar liderando a las Águilas de Cartago.

Ahora, el escenario se amplía hacia 2026. Túnez persigue un objetivo que siempre se le ha escapado. Superar la montaña de la fase de grupos. Hannibal Mejbri, con su melena inconfundible y su mezcla de garra y talento, se ha colocado en primera línea de esa expedición.

Hace siglos, un Hannibal se quedó a las puertas de Roma. Este, nacido en París y enamorado de Túnez, quiere cruzar las suyas: las del fútbol mundial. La pregunta ya no es de dónde viene. Es hasta dónde está dispuesto a llegar.

Hannibal Mejbri: El nuevo líder de las Águilas de Cartago