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Francia avanza a semifinales con Mbappé a la cabeza

La selección de Didier Deschamps ya está donde casi siempre aparece cuando el mundo mira: en las alturas. Francia se metió en semifinales tras domar 2-0 a Marruecos el jueves, un partido que no fue un vendaval, sino una demostración de paciencia fría y autoridad sostenida. Un equipo que sabe esperar el momento justo, que aprieta sin desordenarse, que huele la debilidad ajena y golpea cuando el rival empieza a creer que puede sobrevivir.

El premio: una semifinal ante España o Bélgica, que se miden este viernes. Un escalón más hacia otra final planetaria para una selección que se ha acostumbrado a vivir en el último fin de semana del torneo.

Mbappé frena la euforia

En el centro de todo, como casi siempre, Kylian Mbappé. Líder de la tabla de goleadores de este Mundial con ocho tantos, empatado con Lionel Messi, y ya con números de época: 20 goles en 20 partidos en Copas del Mundo, cuatro de ellos en finales. Una estadística que en cualquier otro vestuario desataría discursos de grandeza. En el suyo, provoca un freno.

“Fui campeón en 2018 y subcampeón del mundo en 2022 y este equipo todavía no ha logrado nada”, recordó el delantero, sin adornos. No habló de legado, habló de vacío. De una vitrina que, para este grupo concreto, sigue intacta.

Para Mbappé, la clave está en no confundir potencial con historia. “Es, sin embargo, el que tiene el mayor potencial. Hay tantas cualidades en esta plantilla que te permite soñar”, admitió. Soñar, sí. Celebrar, todavía no.

El atacante, que se mueve con naturalidad entre récords y comparaciones con leyendas, volvió a bajar el tono cuando se le sugirió que esta Francia podría ser la más fuerte de todas. “Hasta donde yo sé, este grupo no ha ganado nada todavía. Siempre he dicho que los equipos más fuertes son los que ganan trofeos. No es el caso de este equipo aún, así que no, no es el más fuerte”, insistió.

Mensaje directo al vestuario y al país: los números son brillantes, pero no cuentan si el 19 de julio en Nueva York no hay una copa en las manos.

Una maquinaria de torneo

Los datos colectivos son igual de contundentes. Francia ha alcanzado cuatro de las últimas siete finales de la Copa del Mundo. Campeona en 1998 y 2018, derrotada en 2006 y 2022. Una regularidad que solo admite comparación con la vieja West Germany, la Alemania Federal que dominó el tramo entre 1974 y 1990 con cuatro finales en ese periodo.

Si los de Deschamps se plantan en el duelo del 19 de julio en Nueva York, la comparación dejará de ser un recurso histórico para convertirse en un espejo real: dos selecciones diseñadas para sobrevivir a los torneos largos, para llegar siempre al final del camino.

Para eso, sin embargo, Francia sabe que no puede vivir solo de su reputación. “Conocemos el potencial de este equipo. Pero tenemos que demostrarlo en el campo. Tenemos confianza, pero aún tenemos mucho que probar si queremos ser considerados un equipo casi imbatible”, advirtió Mbappé. Nada de complacencia. Nada de sentirse invencibles antes de tiempo.

Del susto defensivo al muro

La evolución defensiva explica parte del salto. La fase de grupos dejó dudas atrás, filtraciones que encendieron alarmas sobre la solidez de la zaga. Desde entonces, el cambio ha sido radical: Francia no ha encajado un solo gol en las rondas eliminatorias.

En ese nuevo paisaje ha aparecido una figura inesperada con peso de titular: Manu Koné. El centrocampista, obligado a ocupar el lugar del lesionado Aurélien Tchouameni, firmó una actuación notable ante Marruecos. Barridos, coberturas, salida limpia de balón. No se limitó a cumplir; dio equilibrio a un equipo que muchas veces vive tan pendiente del área rival como de la propia.

Con la retaguardia ajustada, el resto del plan se vuelve casi rutinario.

Delantera de época

Arriba, el libreto es conocido… y devastador. Mbappé y Ousmane Dembélé volvieron a marcar y Francia se convirtió en el primer equipo de la Copa del Mundo que presenta dos futbolistas con al menos cinco goles en un mismo torneo desde aquel Brasil de 2002, con Ronaldo (ocho) y Rivaldo (cinco).

La referencia no es menor. Aquella selección brasileña cerró el ciclo levantando el último de sus cinco títulos mundiales. Francia se mira en ese espejo: dos atacantes encendidos, un bloque que se hace fuerte con el paso de los partidos y una sensación de amenaza constante para cualquier rival.

Mbappé, sin embargo, no se deja arrastrar por la estadística ni por los paralelismos históricos. Sabe que, si Francia se queda por el camino antes de la final, esos registros quedarán como notas a pie de página. Cifras admirables, pero vacías de metal.

La semifinal ya espera. La historia también. La pregunta es si esta Francia de potencial desbordante dará por fin el salto que su estrella exige o si sus números, por brillantes que sean, se quedarán sin la única firma que de verdad cuenta: la del trofeo.

Francia avanza a semifinales con Mbappé a la cabeza