Cuartos de final del Mundial: Francia, Inglaterra, Argentina y España buscan la gloria
Y quedaron ocho. Después de 96 partidos en 27 días, este Mundial desbordado de giros inesperados entra en la zona en la que ya no hay red: los gigantes siguen en pie, los errores se pagan con el billete de vuelta y cada detalle pesa como una final.
En los próximos tres días se disputan cuatro cuartos de final con aroma de historia: una revancha de semifinales, un debutante en esta ronda, un campeón que sufre más de la cuenta y un choque de estilos entre dos viejos conocidos del fútbol europeo. No todos estos duelos tienen el mismo voltaje. Algunos huelen a clásico antes de jugarse.
1. Francia vs. Marruecos, 9 de julio
La secuela de una semifinal mundialista nunca es un partido más. Hace menos de cuatro años, Francia eliminó a Marruecos con un 2-0 tan corto como engañoso: el marcador fue francés, el sufrimiento, compartido. Ahora el reparto ha cambiado, pero el peso del guion sigue siendo el mismo: una favorita indiscutible frente a una selección que ya demostró que no entiende de complejos.
Francia llega otra vez con Kylian Mbappé en el centro del escenario. El capitán marca el ritmo del ataque, escoltado por Ousmane Dembélé, y arropado por una nueva generación que empieza a probar el aire fino de los grandes partidos: Michael Olise, Désiré Doué, Bradley Barcola. Más piernas, más desequilibrio, más vértigo.
Marruecos, en cambio, mezcla memoria y renovación. Vuelven piezas clave del ciclo anterior: Achraf Hakimi por la derecha, Yassine Bounou bajo palos, Azzedine Ounahi en la sala de máquinas. A su lado, nombres que cambian el paisaje: Brahim Díaz aporta pausa y último pase, el joven Ayyoub Bouaddi, con solo 18 años, energía y descaro en la medular.
El favoritismo apunta a Francia, pero el partido no admite lecturas cómodas. Ambas selecciones tienen gol, ambas saben castigar cualquier desajuste. Marruecos puede perder a Ismael Saibari, lesionado en la victoria de octavos ante Canadá, y esa ausencia pesa: es un delantero que fija, que da aire, que permite a los centrocampistas llegar. Sin él, los marroquíes pierden una referencia y tal vez el matiz que decide una eliminatoria cerrada.
Francia sabe lo que le espera: un rival que no se rinde, que defiende bajo pero muerde arriba, que convierte cada recuperación en una amenaza. La última vez, la campeona avanzó. Esta vez, el margen parece aún más fino.
2. Inglaterra vs. Noruega, 11 de julio
Noruega ha tardado 28 años en volver a verse en unos cuartos de final de un Mundial. Lo hace en Estados Unidos, con Erling Haaland como emblema y con la sensación de estar viviendo un viaje que ya justifica la espera. Pero ahora viene la parte incómoda: el momento en que el sueño choca contra una potencia que empieza a creerse de verdad su papel.
El duelo en Miami tiene algo de reunión de empresa. Haaland se encontrará frente a frente con varios compañeros del pasado reciente en la Premier League. Inglaterra puede alinear en defensa a tres hombres que compartieron vestuario con él en Manchester City la temporada pasada: Marc Guéhi, John Stones y Nico O’Reilly. Pocas selecciones conocen tan bien los movimientos, las fintas y las manías del nueve noruego.
Eso no garantiza nada, pero ayuda. Porque Noruega no se limita a colgarse del cuello de su goleador. Martin Ødegaard dirige desde el mediocampo, Sander Berge ofrece músculo y criterio, Oscar Bobb abre el campo desde la banda. Es un bloque con muchos vínculos con Inglaterra, acostumbrado al ritmo y a la exigencia de la liga inglesa.
Inglaterra llega reforzada por algo más que una victoria: su remontada ante México fue una demostración de carácter. Supo sufrir, supo reaccionar cuando el torneo se le empezaba a escapar. Ahora el desafío es distinto. Tendrá más balón, más responsabilidad, menos espacios. La creatividad será obligatoria, no un lujo.
Cada pérdida puede convertirse en un drama. Porque cuando Noruega roba y lanza a Haaland al espacio, el partido se parte en dos. Un mal control, un pase blando, y el delantero entra en escena con la violencia de siempre.
Se perfila un duelo tenso, de pocos errores y aún menos ocasiones claras. Un encuentro que puede decidirse en un detalle: una pelota parada, un desmarque mal seguido, un disparo que se cuela entre piernas. El tipo de partido que marca la frontera entre los que aspiran y los que de verdad compiten por el título.
3. Argentina vs. Suiza, 11 de julio
Argentina parece empeñada en vivir este Mundial al borde del colapso emocional. Primero, una victoria en la prórroga ante Cabo Verde. Después, una remontada monumental contra Egipto que sostuvo el sueño de revalidar la corona. Cada paso ha sido un ejercicio de supervivencia.
Ahora llega un rival que, sobre el papel, eleva el nivel de exigencia. Suiza no deslumbra, pero compite. Está llena de jugadores que llevan años enfrentándose a la élite en las grandes ligas europeas. Es un equipo que sabe resistir, que no se desordena, que ya ha demostrado en las Eurocopas de esta década que puede tumbar gigantes: ahí están las eliminaciones de Francia e Italia como prueba.
El reto para Argentina es claro: encontrar espacios donde casi no los habrá. La defensa suiza tiene oficio, lectura y paciencia. Puede ralentizar a Lionel Messi, obligarlo a recibir más lejos, a jugar de espaldas, a vivir en zonas donde el daño es menor. No se trata de anularlo —eso es casi imposible—, sino de reducir su radio de influencia.
La gran incógnita está en el otro lado del campo. ¿De dónde saldrán los goles de Suiza? Breel Embolo tiene capacidad para marcar, para ganar duelos, para castigar al contragolpe. Un posible regreso de Johan Manzambi en plenas condiciones sería una noticia enorme: más profundidad, más alternativas, más aire para un ataque que no puede permitirse vivir solo del error ajeno.
Argentina camina a dos victorias de regresar a la final y defender su título de 2022. Lo hace con cicatrices recientes, pero también con la sensación de que ya ha probado su capacidad de respuesta. Este cruce no admite relajaciones: un mal día, un tramo de desconexión, y el campeón puede descubrir que la montaña se le ha vuelto demasiado empinada.
4. España vs. Bélgica, 10 de julio
Cinco partidos, ningún gol encajado. España ha construido su Mundial desde una idea innegociable: mandar con la pelota, marcar el ritmo, adormecer al rival y acelerar cuando huele la sangre. No concede casi nada. No se descompone. Impone su guion.
Lo llamativo es que su ataque aún parece tener margen de crecimiento. Lamine Yamal, la joya de 18 años de Barcelona, llegó al torneo lejos de su mejor condición física. No ha sido el protagonista ofensivo que muchos esperaban, pero su sola presencia condiciona defensas, abre pasillos, genera dudas. Mikel Oyarzabal, con cuatro tantos, ha asumido el papel de finalizador, mientras otros se suman desde segunda línea. Y aun así, da la impresión de que hay una marcha más por activar, sobre todo si Yamal y un Nico Williams renqueante consiguen soltarse.
Al otro lado, una Bélgica de dos caras. Sufrió en la fase de grupos, dejó dudas, pareció vieja. Después se desató: 12 goles en los últimos tres partidos, un cambio hacia un once más atlético que encontró premio inmediato frente a Estados Unidos. El problema es que ese impulso llega con factura.
La lesión de ligamento cruzado de Amadou Onana en el duelo de octavos es un golpe duro en el centro del campo. Pierden físico, pierden recorrido, pierden un escudo. Esa baja puede abrir la puerta al regreso de Kevin De Bruyne, ausente en la victoria de la ronda anterior. Su talento para filtrar pases y acelerar ataques es incuestionable, pero también exige un equilibrio distinto alrededor.
Rudi Garcia tendrá que decidir, además, qué hacer con las piezas de banda y del área. Jeremy Doku ofrece desborde puro, ruptura constante. Romelu Lukaku, desde el banquillo, se ha convertido en un arma de impacto inmediato, un recurso para cambiar partidos en media hora. En una eliminatoria que huele a marcador corto y posible prórroga, guardar munición puede ser tan importante como acertar con el once inicial.
España, firme atrás y paciente con el balón, contra una Bélgica que ha redescubierto el gol pero pierde músculo en la zona clave. Un choque de inercias opuestas, de estilos reconocibles. El tipo de partido en el que una sola grieta, un solo ajuste mal hecho, puede decidir quién sigue soñando con el título y quién se queda preguntándose cuánto le quedaba todavía en el depósito.





