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Australia avanza a octavos con el talento de Bos y Herrington

Australia ya está en los octavos de final y, tras el 0-0 ante Paraguay, el vestuario tenía un nombre en la punta de la lengua. No fue el elegido como mejor jugador del partido, pero todos miraban a la misma dirección: Jordy Bos.

Bos, un lateral que juega como si el campo se le quedara pequeño

El seleccionador le pidió algo poco habitual: abandonar su banda natural para ocupar el costado derecho. Bos aceptó el reto y convirtió esa zona en una autopista. Subió, desbordó, remató, inventó. Terminó el encuentro como el futbolista que más ocasiones generó, más disparos intentó y más regates completó. Todo, desde una posición que no es la suya.

A su lado, Cristian Volpato encontró un socio ideal. Entre ambos destrozaron una y otra vez la estructura defensiva paraguaya, aunque sin premio en el marcador. El dominio de Bos fue tal que dentro del grupo ya lo comparan con un viejo conocido de la élite europea.

Su actuación recordó a los primeros pasos de Gareth Bale, aquel lateral galés que arrancó en la banda y acabó como estrella en el Real Madrid. Bos, sin embargo, mira a otro espejo. Creció viendo a Arjen Robben, ese zurdo que recortaba hacia dentro y parecía anunciar el disparo sin que nadie pudiera evitarlo.

Esta vez no llegó el gol. Él mismo lo reconoció: intentó, insistió, rozó el tanto en un par de acciones. Pero dejó un mensaje que resume el estado de ánimo de esta Australia joven y desinhibida: si todos dan su mejor versión y empiezan a concretar las ocasiones, el límite ya no está en el césped. “El cielo es el límite”, vino a decir. Y la sensación es que lo cree de verdad.

No fue solo su talento. Sus compañeros se detuvieron en el carácter. Nestory Irankunda, que no ahorró elogios, lo definió como el mejor carrilero del mundo y subrayó algo que en un Mundial cuenta tanto como el rendimiento: “qué tipo de persona es”. En un torneo que suele devorar a los jóvenes, Bos parece moverse con la naturalidad de quien lleva años en este escenario.

Herrington, récord de precocidad y cabeza fría

Mientras Bos incendiaba la banda derecha, por el otro lado del trío defensivo aparecía en silencio otra historia: la de Lucas Herrington. Sin estridencias, sin aspavientos, el central se convirtió en el australiano más joven en ser titular en un partido de Copa del Mundo, arrebatándole el récord al propio Irankunda.

Su irrupción no ha pasado desapercibida. Varios grandes de Europa lo siguen de cerca, entre ellos el Barcelona, atento a cualquier talento que asome en un gran torneo. La tentación de pensar en el futuro es enorme. Herrington, sin embargo, pisa el freno.

Lo dejó claro: está en un Mundial y todo lo que no sea ayudar a la selección puede esperar. No quiere distracciones. Quiere competir. Ese enfoque convence a quienes ya vivieron algo parecido. Irankunda sabe lo que significa que te llame un gigante europeo —en su caso, Bayern Munich a los 17 años— y por eso le ha aconsejado alejarse del ruido. “Esto es solo una pequeña muestra de lo que puede hacer”, avisó, convencido de que lo mejor de su compañero aún no se ha visto.

El torneo le exigió paciencia. Herrington se pasó los dos primeros partidos en el banquillo, observando, aprendiendo. Lejos de impacientarse, entendió el proceso. Es su primer Mundial, tiene 18 años y asumió que mirar desde fuera también forma parte de la formación. Cuando por fin llegó la oportunidad ante Paraguay, la aprovechó. Habló después de gratitud, de disfrute, de haber amado cada minuto sobre el césped. Son palabras sencillas, pero en su boca suenan a declaración de intenciones.

Un futuro que ya juega como si fuera presente

Australia se planta en los octavos con un 0-0 que, sobre el papel, no pasará a la historia. Sin embargo, dentro de ese marcador seco se esconde algo más importante que un resultado: la confirmación de que una nueva generación ya compite como si llevara años en este escenario.

Bos dominando una banda que no es la suya. Herrington batiendo récords de precocidad sin perder la calma. Irankunda asumiendo el papel de hermano mayor pese a su propia juventud. Un vestuario que se protege, se elogia y se empuja hacia arriba.

La clasificación ya está asegurada. Lo que viene ahora, contra rivales de mayor jerarquía y bajo una presión distinta, dirá hasta dónde puede llegar este grupo. Pero después de ver a Bos y Herrington en escena, la pregunta ya no es si están preparados.

La verdadera incógnita es otra: ¿quién se atreve ahora a poner techo a esta Australia?