Oviedo se despide de La Liga tras derrota ante Alaves
El Estadio Nuevo Carlos Tartiere despidió la temporada de La Liga con un susurro amargo para Oviedo. En la jornada 37, ante su gente y ya hundido en la 20.ª posición con 29 puntos, el equipo asturiano cayó 0-1 frente a un Alaves que, desde la tranquilidad de la 14.ª plaza con 43 puntos, supo administrar el partido con la frialdad de quien conoce su oficio. Fue un encuentro que retrató en 90 minutos todo el ADN de la campaña de ambos: la impotencia ofensiva local y la eficacia pragmática visitante.
Oviedo se presentó con su seña de identidad más repetida en el curso: el 4-2-3-1, sistema que ha utilizado en 25 partidos de liga. H. Moldovan bajo palos, una línea de cuatro con L. Ahijado y J. Lopez en los laterales, y la pareja D. Costas – D. Calvo en el eje. Por delante, el doble pivote de trabajo y distribución formado por N. Fonseca y S. Colombatto, y una línea de tres mediapuntas con H. Hassan, el eterno S. Cazorla y A. Reina tratando de conectar con el ‘9’, F. Viñas.
Frente a ellos, Alaves se plantó con un 3-5-2 que hablaba de oficio y adaptación. A. Sivera en portería, una zaga de tres con N. Tenaglia, V. Koski y V. Parada; por fuera, amplitud y recorrido con A. Perez y A. Rebbach, mientras que el carril central del mediocampo quedaba para el trabajo combinativo y de contención de J. Guridi, A. Blanco y D. Suarez. Arriba, una dupla con colmillo: I. Diabate acompañando a Toni Martínez, uno de los grandes nombres ofensivos de la temporada en la competición.
Emociones en la Tabla
La foto de la tabla explica por sí sola el guion emocional del choque. Heading into this game, Oviedo acumulaba 6 victorias, 11 empates y 20 derrotas en total, con un balance goleador de 26 tantos a favor y 57 en contra: una diferencia de goles de -31 que define un curso de sufrimiento constante. En casa, el equipo solo había logrado 4 triunfos en 19 partidos, con apenas 9 goles a favor (0.5 de promedio) y 18 en contra (0.9). La grada del Tartiere ha visto más cerrojos que celebraciones: 9 porterías a cero a favor, pero también 10 encuentros sin marcar en su propio estadio.
Alaves llegaba desde el lado opuesto del espectro emocional: 11 victorias, 10 empates y 16 derrotas en total, con 43 goles a favor y 54 en contra (GD -11). Sobre todo, un comportamiento a domicilio sobrio: 4 triunfos, 4 empates y 11 derrotas, con 19 goles anotados y 31 encajados, para un promedio de 1.0 gol a favor y 1.6 en contra lejos de casa. No es un equipo brillante, pero sí competitivo, capaz de sobrevivir en contextos cerrados como el que planteaba Oviedo.
Ausencias y Disciplinas
Las ausencias también marcaron la estructura del partido. Oviedo afrontó el duelo sin L. Dendoncker, B. Domingues ni O. Ejaria, todos por lesión. Tres perfiles que, en distintas alturas del campo, habrían ofrecido músculo, pase y algo de pausa a un equipo que ha vivido casi siempre al límite de su propio desorden. Alaves, por su parte, no pudo contar con F. Garces, suspendido, lo que empujó a Quique Sánchez Flores a reforzar la línea de tres centrales con perfiles como V. Koski y V. Parada, y a blindar el carril central con el despliegue de A. Blanco.
En términos disciplinarios, la temporada también dibuja rasgos claros. Oviedo ha vivido al filo de la tarjeta, con un pico de amarillas en el tramo 61-75’ (25.00%) y un final de partido especialmente tenso: el 40.00% de sus rojas llega entre el 76-90’. No es casual que su delantero referencia, F. Viñas, sea el líder de expulsiones de la liga: 2 rojas directas, además de 6 amarillas y un amarillo-roja. Un ‘9’ que mezcla garra y exceso, capaz de ser faro ofensivo —9 goles y 1 asistencia en 33 apariciones— y a la vez dejar al equipo expuesto cuando la adrenalina se impone al control.
En el otro lado, Alaves se sostiene sobre un mediocentro que define su carácter: Antonio Blanco. El andaluz ha disputado 35 partidos, todos como titular, con 3026 minutos y una precisión de pase del 85% en 1794 envíos. Es el metrónomo y el escudo: 93 entradas, 11 bloqueos y 53 intercepciones, además de 9 amarillas que lo colocan entre los futbolistas más amonestados del torneo. Su radio de acción explica por qué el equipo de Vitoria puede permitirse liberar a sus atacantes: Blanco equilibra, barre y organiza.
Protagonistas del Duelo
El duelo “Cazador vs Escudo” tenía un protagonista evidente: Toni Martínez. Con 13 goles y 3 asistencias en 36 apariciones, el atacante de Alaves ha sido uno de los finalizadores más constantes de La Liga. Sus 74 remates, 34 de ellos a puerta, hablan de volumen y persistencia; sus 24 pases clave, de una capacidad para asociarse más allá del área. Frente a él, la defensa de Oviedo arrastraba un lastre estructural: 57 goles encajados en total, 1.5 por partido, con un equipo que sufre especialmente cuando se rompe su doble pivote.
El “motor” del conjunto ovetense, con balón, se articula en torno a S. Cazorla y S. Colombatto. El primero, en la mediapunta, intenta dar la pausa que el contexto le niega; el segundo, desde la base, trata de conectar con las tres medias puntas. Pero la estadística es implacable: en total esta campaña, Oviedo solo ha marcado 26 goles, con un promedio de 0.7 por partido. La falta de colmillo ha condenado cualquier atisbo de reacción, por más que el equipo haya probado variantes como el 4-3-3 o el 4-4-2 en momentos puntuales.
En cambio, el “engine room” de Alaves combina el pase de D. Suarez, la llegada de J. Guridi y la omnipresencia de Antonio Blanco. Este triángulo permite que los carrileros A. Perez y A. Rebbach ganen altura y que la doble punta, con I. Diabate y Toni Martínez, viva más cerca del área rival que de su propio campo. No es casual que el equipo haya sido capaz de anotar 43 goles en total, con un promedio de 1.2 por encuentro, y que haya sabido explotar incluso la vía del punto de penalti: 7 penaltis totales, 7 convertidos, sin fallos.
Si proyectáramos el partido desde la óptica de los datos, el pronóstico estadístico habría apuntado a un guion muy similar al que se vio: un Oviedo sólido por momentos en su área —9 porterías a cero en casa esta temporada— pero con enormes dificultades para traducir posesión en ocasiones claras, y un Alaves paciente, dispuesto a golpear cuando el duelo se abriera. Con ambos equipos encajando 1.5 goles de media en total, el equilibrio defensivo no era brillante en ninguno de los dos, pero la diferencia residía en la pegada: 0.7 goles por partido para Oviedo frente a 1.2 para Alaves.
Following this result, el 0-1 en el Tartiere no solo cerró una tarde amarga para la afición local; fue la condensación de una temporada entera. Oviedo, con un ataque tímido y un carácter a veces desbocado, se despidió de la élite asumiendo su destino. Alaves, con su estructura de 3-5-2, el liderazgo silencioso de Antonio Blanco y la puntería de Toni Martínez, certificó que, en una liga de márgenes mínimos, la diferencia entre sufrir y respirar está en saber gestionar los detalles: cuándo cerrar, cuándo golpear y, sobre todo, cuándo no perdonar.






