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El nuevo fichaje del Barça: una ilusión desbordada

Jugar en el Barça es lo máximo. Así lo siente el nuevo fichaje azulgrana, que aterriza en el club con una mezcla de ilusión desbordada y una conciencia muy clara del peso histórico que supone vestir esa camiseta.

“Jugar para el Barça es lo más grande, conlleva mucha responsabilidad, pero estoy listo”, admite, sin rodeos.

No es una frase hecha: detrás hay años de mirar esa elástica a distancia, sabiendo que cada dorsal arrastra décadas de exigencia, de títulos, de nombres que marcaron una era. “Los jugadores que han llevado esta camiseta antes cargan con mucho peso. No fichas por un club como este todos los días, estoy muy emocionado”.

El fichaje se gestó tarde, casi a contrarreloj. Él mismo reconoce que vivió el proceso entre la incertidumbre y la esperanza. “Me enteré bastante tarde. Sabía que había conversaciones”. Nada estaba cerrado, pero la puerta estaba entreabierta. Y en el momento en que vio que el Barça iba en serio, no dudó ni un segundo: “En cuanto supe que el Barça era una opción real, no tuve ninguna duda. Es el mejor club del mundo. Es un sueño de la infancia y ahora se ha hecho realidad”.

Ese sueño tiene ahora nombres propios. Lamine, Frenkie, Pedri. Futuro y presente del equipo con los que ha sufrido en contra y con los que, a partir de ahora, quiere disfrutar a favor. “Jugar con Lamine y el resto es emocionante. Son jugadores top, los mejores del mundo. Lo vi cuando jugamos contra ellos”.

Duelo en St. James’ Park

Aquel duelo le dejó una marca nítida. El escenario no era cualquiera: St. James’ Park, un estadio que aprieta, que no concede respiro. “Jugar en St. James’ Park es difícil por la intensidad del ambiente”, recuerda. En ese contexto hostil, en un campo que suele volcarse con el equipo local, hubo dos futbolistas que le llamaron la atención por encima del ruido, la presión y la velocidad del partido: “Frenkie y Pedri nos superaron”.

Esa imagen, la de ser dominado por el centro del campo azulgrana en uno de los estadios más calientes de Europa, le acompaña ahora que cruza de acera. Lo que antes era frustración competitiva se ha convertido en motivación pura. Sabe a lo que viene. Sabe con quién va a compartir vestuario. Y sabe, sobre todo, que el listón en el Barça no se negocia.