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México sorprende a Australia con un gol en el descuento en Newcastle

La noche estaba preparada para fiesta en Newcastle. McDonald Jones Stadium lleno, 23.167 personas, Sam Kerr, Caitlin Foord, Mary Fowler sobre el césped, Ellie Carpenter celebrando su partido número 100 con la selección. Todo apuntaba a un guion conocido: dominio australiano, goles locales, ovación final.

El final fue otro. Mucho más cruel.

Diana Ordóñez apareció en el 90+2’ para empujar a la red el 0-1 y dejar helado al estadio. Un contragolpe quirúrgico, una defensa desbordada y un castigo que llevaba rato merodeando el marcador. México, paciente y feroz en los metros finales, se llevó apenas su segunda victoria en 12 partidos ante Australia. Esta dolerá más que ninguna de las anteriores.

Dominio sin filo

Australia mandó en casi todo… menos en lo que cuenta. La posesión fue suya, el territorio también, las sensaciones durante muchos tramos del partido, igual. Pero el área mexicana fue un muro.

Las Matildas acumularon 19 remates. Ninguno encontró la contundencia que exige el fútbol de élite. Kerr, Foord, Fowler, la recién ingresada Hayley Raso… todas lo intentaron, ninguna encontró la forma de romper a una zaga que se mantuvo compacta, agresiva y muy clara en su plan: resistir atrás, castigar a la contra.

El arranque fue un monólogo australiano. Foord avisó a los tres minutos entrando desde la izquierda; Kerr se asomó al área, primero por banda y luego como rematadora de centros de Van Egmond y Fowler. El juego fluía, sobre todo por el costado izquierdo, pero cada ataque moría en el último pase o en un remate sin colmillo.

México, mientras tanto, esperaba. Línea baja, orden, paciencia. Hasta que encontró su momento.

El giro del partido

Alrededor del minuto 18, el encuentro cambió de tono. Australia empezó a perder balones fáciles en la salida, el mediocampo se abrió como una puerta mal cerrada y México olió la sangre.

Nicolette Hernández filtró un balón que dejó a Montserrat Saldívar con ángulo para castigar a Mackenzie Arnold. El disparo se fue desviado, pero el aviso quedó marcado. Poco después, otra acción desde la frontal obligó a la arquera australiana a intervenir. El público, eufórico en el inicio, empezó a contener la respiración cada vez que El Tri Femenil cruzaba la línea de medio campo.

La falta de control en la medular se convirtió en el gran problema de Joe Montemurro. Alanna Kennedy, elegida mejor jugadora de la Copa Asiática, regresó a un rol de mediocentro más retrasado y en la segunda parte se asomó con peligro al área rival. Aun así, la zona ancha fue demasiado caótica, con pérdidas constantes de ambos lados y pasillos abiertos que invitaban al error.

Antes del descanso, Australia tuvo su mejor ocasión: una contra perfecta, de manual. Foord voló por izquierda, vio el movimiento de Kerr hacia el centro, la capitana giró y sirvió a Amy Sayer, que llegaba sola. Solo quedaba batir a Esthefanny Barreras. El pase salió un toque atrás de lo ideal y el remate se estrelló en el poste. El estadio se llevó las manos a la cabeza. Fue la jugada que definió la noche: brillante en la elaboración, incompleta en la definición.

Al descanso, 0-0. Dominio sin premio para las Matildas, amenazas crecientes de México, y una sensación incómoda: el partido estaba más abierto de lo que el público quería admitir.

Foord tira del carro, México resiste

El segundo tiempo arrancó como un intercambio de golpes. México salió directo al ataque y pilló a Australia descolocada. Saldívar se plantó en el área tras un error en la salida de Carpenter y un mal despeje de Catley. Con todo a favor, la joven atacante cruzó demasiado su disparo. Arnold respiró. Las Matildas también.

Ese susto activó de nuevo a las locales. Van Egmond, Sayer y Foord comenzaron a conectar con más precisión, Kerr se movió entre centrales, Fowler se dejó ver entre líneas. Llegaron los centros, los tiros desde fuera del área, las segundas jugadas. Nada rompía la muralla verde.

Kennedy empezó a pisar el área rival con más frecuencia. Torpey y luego Raso se sumaron al acoso. Australia empujaba, acumulaba gente y metros. México se replegaba, pero no se desordenaba. Cada vez que una Matilda levantaba la cabeza para buscar un pase filtrado, aparecía una pierna mexicana para cortar la jugada.

Caitlin Foord, incansable, siguió atacando una y otra vez por la izquierda. Regates, amagos, diagonales hacia dentro, centros al área. También cierta ansiedad. En más de una ocasión quiso resolver sola, cuando la jugada pedía una pared o un cambio de orientación. El cansancio fue abriendo espacios… en las dos áreas.

Lo reconocería ella misma después: cuando el equipo se fatigó, el bloque se estiró demasiado y México encontró aire para correr.

El partido se rompe… y México huele la victoria

El tramo final fue un partido distinto. Más roto, más emocional, menos controlado. Montemurro movió el banquillo: entraron Charlize Rule, luego Alex Chidiac y Courtney Nevin, en busca de piernas frescas y una chispa que nunca terminó de encenderse.

Pedro López respondió con cambios de impacto. Charlyn Corral saltó al campo para añadir oficio y colmillo a un ataque que ya amenazaba con cada transición. Ordóñez, por su parte, empezó a ganar presencia en los últimos metros.

A los 80 minutos, el guion se dio la vuelta. Después de una larga fase de dominio australiano, México lanzó una contra que dejó a Ordóñez a un paso del gol. Un resbalón inoportuno la frenó cuando ya se preparaba para definir. Aviso serio. No sería el último.

Minuto 88: un centro mexicano al área pequeña terminó con un despeje defectuoso de Charlize Rule que salió rozando el travesaño. Un suspiro colectivo en las gradas. En la siguiente jugada, Kerr encontró un hueco para arrancar al espacio, pero la zaga mexicana cerró a tiempo. En la réplica, Arnold salvó un balón cruzado al área chica con Corral lista para empujar. El partido ya era un ida y vuelta sin red.

Quedaban tres minutos de añadido. Parecía que el empate estaba firmado. No lo estaba.

El golpe final de Ordóñez

La presión mexicana creció justo cuando las Matildas empezaban a mirar de reojo el reloj. El mediocampo local, desgastado, dejó un hueco más. Uno solo. Suficiente.

Alice Soto encontró el pase que había estado buscando todo el segundo tiempo: un envío filtrado, preciso, que rompió la línea defensiva australiana. Ordóñez atacó el espacio por la derecha, se plantó sola y definió cruzado, superando la estirada del guante derecho de Arnold.

Minuto 90+2. 0-1. Silencio.

No fue un golpe aislado. Llevaba minutos anunciándose, con cada contra, con cada recuperación alta de México, con cada pérdida australiana en una zona prohibida. El castigo llegó tarde, pero llegó.

Lecciones duras en el camino a 2027

Montemurro no maquilló nada tras el pitido final. Admitió lo evidente: el problema en la definición fue “bastante evidente” y el equipo no supo ser “ruthless” en el último tercio. El plan, eso sí, estaba claro desde antes del partido: enfrentar a una selección agresiva, que marca hombre a hombre, que presiona de forma incómoda y que maneja bien la posesión y el físico. Justo el tipo de rival que Australia espera encontrar en el Mundial de 2027 en Brasil.

La elección de México no fue casualidad. El resultado, tampoco.

Las Matildas mostraron lo que ya se sabe: tienen jerarquía, nombres, un once reconocible, capacidad para someter a un rival durante largos tramos. También dejaron al descubierto lo que todavía deben pulir: mayor control en la medular, mejores decisiones en el último pase, más calma cuando el partido se parte y el intercambio de golpes se vuelve inevitable.

El martes, en el CommBank Stadium de Parramatta, llegará el segundo asalto ante este mismo rival. Misma prueba, escenario distinto. Otra oportunidad para ajustar antes de que el reloj siga corriendo hacia 2027.

La pregunta es clara: ¿convertirá Australia noches como la de Newcastle en una lección a tiempo o en una advertencia ignorada?

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