Logotipo completo Tercer Palco

Manchester United femenino: en la puerta de la élite

El Manchester United femenino vive en una especie de limbo competitivo. Lo suficientemente bueno como para plantarse en unos cuartos de final de Champions League y competir con dignidad, pero incapaz de sostener ese nivel durante toda una temporada. Sin plaza europea y con la sensación de haber rozado algo grande sin llegar a agarrarlo, el diagnóstico es claro: este equipo está en la puerta de la élite… pero aún no ha conseguido entrar del todo.

No es un drama inesperado. El club reconstruyó su sección femenina hace apenas ocho años. En un ecosistema donde City, Arsenal y Chelsea llevan tiempo asentados, con estructuras sólidas y plantillas profundas, el United siempre iba a arrancar varios cuerpos por detrás. En este tiempo ha avanzado: clasificación para la Champions, tres finales de copa, un título importante en la FA Cup. Méritos hay. Pero no bastan. La base competitiva de las grandes aún les queda lejos.

El salto que falta no es solo futbolístico. Es de club. De ambición diaria. De planificación. Y mientras los rivales aceleran, el United parece seguir en punto muerto.

Un problema que se ve desde el banquillo

La falta de profundidad de plantilla es el gran agujero. Se notó con crudeza la temporada pasada, cuando el equipo de Marc Skinner tuvo que repartirse entre la Champions y las competiciones domésticas. El desgaste fue evidente. El verano anterior ya había avisado: solo tres fichajes para un equipo que iba a pelear en cuatro frentes era una apuesta temeraria.

Lo más llamativo es que el club no ficha mal. Al contrario. Julia Zigiotti Olme y Jess Park, llegadas el verano pasado, son ejemplos de incorporaciones muy acertadas. El problema no es la calidad de las que llegan, sino la cantidad. No se construye una plantilla para competir con City, Arsenal y Chelsea con pinceladas sueltas. Hace falta volumen, competencia interna, alternativas reales.

Doce meses después, el guion amenaza con repetirse. El mercado se mueve a su alrededor y el United, de momento, apenas asoma la cabeza.

City, Arsenal y Chelsea pisan el acelerador

El contraste es demoledor. Manchester City, campeón de la WSL y de la FA Cup, anunció que no iba a revolucionar su plantilla. No lo necesitaba. Aun así, ha añadido jerarquía y talento: Beth Mead, una atacante de primer nivel con experiencia ganadora; Niamh Charles, internacional inglesa que llega a cubrir una necesidad clara en el lateral izquierdo; y, sobre todo, ha blindado a Khadija Shaw, Bota de Oro de la WSL, frente al interés de Chelsea, atándola con un nuevo contrato.

Arsenal ha optado por la vía opuesta: agresividad máxima. Siete años sin título de liga pesan, y el club lo ha dejado claro con una ráfaga de anuncios en apenas dos semanas: Georgia Stanway, Ona Batlle, Selina Cerci, Geraldine Reuteler y Lisa Baum. Todo ello mientras sigue vivo el interés por la agente libre del Barcelona, Salma Paralluelo. Es el tipo de ventana de fichajes que cambia el techo de un equipo.

Chelsea, pese a un mercado irregular y varias negativas sonadas —rechazos de Shaw, Paralluelo y Felicia Schroder en su búsqueda de una ‘9’—, también se ha movido con criterio. Ha cerrado a Katie McCabe y ha incorporado a Matsukubo, una de las grandes sensaciones de la NWSL la pasada temporada con solo 21 años. Además, su necesidad en la delantera podría quedar resuelta con la llegada de Romee Leuchter desde el Paris Saint-Germain, operación adelantada por Vrouwen Voetbal Nieuws.

Mientras tanto, ¿qué ha hecho el United? Una única entrada: Andrea Medina, central o lateral zurda de 22 años, un fichaje interesante que aporta versatilidad y algo de fondo de armario. Buen movimiento, sí. Pero insuficiente para un equipo que necesita una reconstrucción en varios puestos.

Más ruido por las salidas que por las llegadas

Lo más inquietante no es solo la escasez de fichajes. Es el silencio. Apenas hay rumores sólidos sobre objetivos claros. Las principales informaciones de mercado tienen que ver con posibles salidas.

Melvine Malard está, según múltiples reportes, muy cerca de fichar por Chelsea. Y, según The Athletic, el club está dispuesto a escuchar ofertas por Elisabeth Terland, máxima goleadora del equipo la pasada campaña, siempre que lleguen propuestas que cumplan con su valoración. La lógica económica manda: mejor vender ahora y reinvertir que perder a la internacional noruega gratis el próximo verano.

Terland ya rechazó una renovación en noviembre. No es la única pieza clave en situación delicada. Ella Toone también termina contrato el próximo año. Preguntada por su futuro el mes pasado, la centrocampista inglesa evitó comprometerse: “Ahora es el momento de hablar. Sé que tengo que tomar una decisión sobre lo que es mejor para mí”. Mensaje frío. Aviso serio.

Mientras el United duda, el ecosistema de la WSL se endurece por abajo.

Mirar hacia arriba… y también hacia atrás

No se trata solo de perseguir a City, Arsenal y Chelsea. También de protegerse de quienes vienen desde atrás con una fuerza económica y deportiva creciente.

El caso más evidente es London City Lionesses. Respaldado por la multimillonaria Michele Kang, propietaria también de Washington Spirit y del gigante europeo Lyon, el club ha sacudido el mercado con el fichaje del verano: Alexia Putellas, dos veces Balón de Oro, aterriza en Inglaterra. A su lado, Mapi León, cuatro Champions en su currículum; Mary Earps, exestrella del propio United; y la goleadora alemana Nicole Anyomi. Es un proyecto que no solo crece, sino que amenaza con romper el escalón intermedio de la liga.

Tottenham también se ha movido con decisión. Acabó solo un puesto y cuatro puntos por detrás del United, tras empatar los dos duelos directos, y ha arrancado el verano con cinco fichajes. Entre ellos, Shekiera Martinez, 16 goles en 32 partidos de liga con un West Ham en apuros; Kirsty Hanson, solo superada por Shaw y Alessia Russo en la tabla de goleadoras de la WSL; y la guardameta Selma Panengstuen, que, según los informes, eligió Spurs por delante de Arsenal y PSG. Señal inequívoca de proyecto atractivo.

Brighton, otro rival que ya incomodó al United la pasada campaña, quiere construir a partir de su presencia en la final de la FA Cup de mayo. Su incorporación de Lia Walti, excentrocampista del Arsenal, es una operación de enorme valor para un club de su rango.

La pregunta cae por su propio peso: ¿cuánto tiempo puede permitirse el United seguir quieto sin que el pelotón lo engulla?

Un mercado decisivo y un margen cada vez más fino

El verano pasado, con el mercado femenino disparando cifras récord, Marc Skinner fue claro: el United no podía entrar en la pelea por traspasos de siete cifras como los que llevaron a Olivia Smith al Arsenal o a Grace Geyoro a London City. “La realidad es que tenemos que encontrar nuestra propia manera de hacerlo”, admitió. El club, pese a las críticas de la afición, hizo algunas cosas bien. Pero no lo suficiente como para armar una plantilla capaz de competir en cuatro competiciones.

Esta vez no habrá cuatro frentes. Sin Champions League, el calendario será menos asfixiante. El United quiere convertir esa ausencia en una ventaja, como hizo el City para romper su sequía de una década sin título de WSL. El descanso entre partidos, la preparación específica para la liga, la posibilidad de repetir onces con menos rotación forzada… todo eso puede ayudar.

También se espera más de las incorporaciones de enero. Lea Schüller, por ejemplo, llegó desde el Bayern Múnich con un registro goleador espectacular, pero solo marcó dos tantos en sus primeros 18 partidos. Con seis meses de adaptación a la espalda, el club confía en ver a la verdadera versión de la delantera alemana.

Pero nada de esto tapa la realidad central: este United necesita refuerzos de peso. Varios. Y pronto.

No se trata solo de cerrar la brecha con City, Arsenal y Chelsea. Se trata de no quedar atrapado en un nuevo statu quo donde el United deje de ser aspirante y pase a ser un club más del pelotón alto, superado por proyectos emergentes mejor planificados.

El mercado está abierto, la presión es máxima y el margen de error es mínimo. La cuestión ya no es si el United quiere volver a la cima del fútbol femenino, sino si está dispuesto a actuar como un club que realmente pertenece a ella.