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Lamine Yamal y su futuro en el Mundial: ¿Estará listo para brillar?

La rodilla en el césped, la mano al banquillo y un silencio helado en plena celebración. Así cambió la noche de Lamine Yamal el 22 de abril ante Celta Vigo: de héroe desde el punto de penalti a motivo de preocupación en cuestión de segundos. El gol daba el triunfo; el gesto, en cambio, abría un interrogante gigantesco sobre su presencia en el Mundial.

Desde entonces, ni un solo minuto más con el Barça. Los primeros informes hablaron de lo peor: posible rotura del isquiotibial izquierdo, hasta ocho semanas de baja y sin garantías de llegar con ritmo competitivo a la cita en Norteamérica. En el club, sin embargo, enviaron un mensaje distinto, casi de resistencia: Yamal estaría listo para el Mundial. Esa frase, más que un parte médico, sonaba a declaración de intenciones sobre el peso del chico en la selección.

El comunicado del Barça fue tajante: pruebas que confirman una lesión en el isquio de la pierna izquierda, tratamiento conservador, adiós a lo que quedaba de Liga… y previsión de tenerle disponible para el Mundial. Hansi Flick se alineó con ese discurso. Optimismo calculado en un contexto que no lo era tanto.

Porque esta no es una lesión aislada en el calendario de un adolescente. Es otro bache en una temporada salpicada por problemas físicos a pesar de sus 18 años recién cumplidos.

Un cuerpo joven, un calendario salvaje

Yamal ya había arrancado el curso tocado. Pubalgia. Cinco partidos fuera de combate en el arranque de la temporada por esa dolencia traicionera que también castigó durante meses a Cole Palmer en el Chelsea. Una vieja conocida del fútbol moderno: la llamada hernia del deportista, típica en jugadores explosivos, de cambios de ritmo violentos, de giros imposibles. Justo el molde de Lamine.

El contexto tampoco ayuda. Los jóvenes que dan el salto del filial a la élite, con un volumen de partidos y una intensidad desconocidos, suelen pagar peaje. Y Yamal lo pagó pronto. Tanto que ya en septiembre se vio en el centro de un choque clásico: club contra selección.

Con España, el problema de pubalgia se agravó. Desde Barcelona se acusó, con mayor o menor sutileza, a la federación de no “cuidar” lo suficiente al jugador. La respuesta fue clara: no viajó a la ventana de noviembre. Nadie en el Barça quiere revivir ese pulso en pleno Mundial.

El vídeo que cambia el tono

A finales de mayo llegó el primer rayo de luz. Yamal publicó un vídeo entrenando sobre el césped de la ciudad deportiva azulgrana, ya con balón. No eran simples trotes suaves. En una de las acciones, levantó el balón con un taconazo por encima de un maniquí de entrenamiento antes de descargar la jugada. Un gesto pequeño, pero cargado de mensaje: la chispa seguía ahí.

La publicación apareció apenas dos días después de que, sin sorpresa alguna, su nombre figurase en la lista definitiva de España para el Mundial. Todavía quedaban casi tres semanas para el debut de La Roja ante Cabo Verde, el 15 de junio. Tiempo para recuperar, tiempo para especular.

La historia del Mundial está llena de apuestas arriesgadas con estrellas tocadas. Algunas salieron bien, otras arruinaron torneos enteros. Lamine Yamal apunta a ser una de las grandes incógnitas de esta edición. Hay informaciones que sitúan su regreso competitivo no antes del tercer partido de la fase de grupos, el 27 de junio ante Uruguay.

Según Mundo Deportivo, los médicos del Barça y de la federación mantienen un diálogo constante y han alcanzado un consenso: no forzar al extremo en los dos primeros encuentros. Una postura prudente que choca ligeramente con el mensaje público de Luis de la Fuente semanas atrás, cuando aseguró que esperaba contar con Yamal, Nico Williams y Mikel Merino desde el primer partido, o, en el peor de los casos, a partir del segundo o tercero.

El seleccionador no ocultó la presión del calendario: cualquier lesión ahora, aunque sea leve, complica los plazos. Cada día cuenta. Cada decisión pesa.

Un grupo amable, una ausencia gigantesca

La gran pregunta es cuánto puede dañar a España un arranque de Mundial sin su futbolista más desequilibrante. Sobre el papel, el golpe es asumible. La vigente campeona de Europa ha recibido un sorteo benévolo: Cabo Verde, Arabia Saudí y, como examen más serio, la Uruguay de Marcelo Bielsa para cerrar el grupo H. Un escenario razonable para sobrevivir sin su gran estrella de banda.

La lista, además, ofrece alternativas. Yeremy Pino, polivalente atacante del Crystal Palace, puede ocupar el costado derecho. Víctor Muñoz, de Osasuna, también maneja ese perfil. En el otro lado, Nico Williams encara la recta final de su propia recuperación de una lesión en el isquio, lo que complica el puzle pero no lo hace irresoluble.

De la Fuente ha blindado la convocatoria con jugadores capaces de moverse por varias zonas del ataque: Álex Baena, de Atlético de Madrid, y Mikel Oyarzabal, de Real Sociedad, son ejemplos claros. Recursos hay. Lo que no se puede suplir tan fácilmente es el aura de futbolista diferencial que ya rodea a Yamal.

Porque el verdadero Mundial de España no empieza en el grupo. Empieza en las rondas de eliminación directa.

El tablero del Mundial y el lugar de Yamal

Si se cumple la lógica, La Roja se cruzará en dieciseisavos con el segundo del grupo J, probablemente Austria o Argelia, salvo tropiezo monumental de Argentina que abriría un cruce de dimensiones legendarias con Lionel Messi. Después, en el horizonte asoman selecciones del calibre de Croacia o Colombia, antes de un hipotético cruce de cuartos ante la eterna tapada: Bélgica.

Más allá se dibuja una semifinal con Francia y una posible final contra Inglaterra. Es un recorrido de gigantes. Y en ese territorio, los detalles deciden. Un regate, una acción aislada, un golpeo imposible desde la frontal. Exactamente el tipo de jugadas que Lamine Yamal ha empezado a convertir en rutina.

Ya lo demostró en la Eurocopa 2024. Empezó el torneo con perfil bajo, casi en silencio. Terminó dando asistencias en octavos, cuartos y final, y firmando un gol inolvidable ante Francia en semifinales. Un zurdazo que cambió un partido y, probablemente, su estatus internacional.

De la Fuente, consciente de ese impacto, ha dejado caer que Yamal podría asumir un rol de revulsivo si no llega para disputar 60 o 70 minutos de alta exigencia. Lo importante no es la cantidad de tiempo, sino la calidad. Hay jugadores que, con 20 minutos, alteran un Mundial.

El seleccionador lo explicó con crudeza competitiva: la lista se construye pensando en todos los escenarios posibles. Ganando, perdiendo, con un rival en inferioridad numérica… Hay futbolistas que, aunque no estén para un partido entero, pueden ser devastadores en tramos cortos. Y eso, en unas eliminatorias, vale oro.

El Mundial que espera a su nuevo artista

El mundo del fútbol también espera. Jugadores como Yamal son el motivo por el que millones de aficionados se sientan frente al televisor en un Mundial. Nadie quiere una versión limitada, a medio gas, del extremo del Barça. Sería un desperdicio para el torneo y, sobre todo, para el propio jugador.

Su repertorio es conocido, pero no por ello deja de asombrar: regate eléctrico, cambios de ritmo que rompen caderas, una creatividad que se desborda en el último tercio y ese descaro casi insolente para pedir la pelota cuando quema. Un futbolista capaz de fabricar, él solo, una jugada icónica de esas que se repiten durante años.

Luis de la Fuente lo describió hace poco en RTVE con una mezcla de admiración y exigencia: está ilusionado, está ansioso por jugar, es muy joven pero muy maduro y sabe que este es su momento. En el fútbol, las oportunidades no siempre vuelven. Nadie puede asegurar cómo llegará al próximo Mundial. Este es el suyo.

Lamine Yamal no cumplirá 19 años hasta seis días antes de la final. Si España llega tan lejos y él está sobre el césped, la historia se escribirá con tinta gruesa. Entre la prudencia médica y la ambición deportiva se juega ahora un pulso silencioso. La cuestión ya no es si España puede sobrevivir sin él en el inicio.

La verdadera incógnita es otra: ¿estará listo, en plenitud, cuando el Mundial exija genios y no simplemente buenos jugadores? Porque ese será el momento en el que un chico de 18 años pueda reclamar, sin complejos, el trono de futbolista más talentoso del planeta. Y no piensa dejar que las lesiones se lo arrebaten.