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Inglaterra y DR Congo: ¿Cómo armar el centro del campo?

Inglaterra llega a la encrucijada. Y el debate no gira solo en torno al rival, DR Congo, sino a cómo debe armarse el centro del campo en un partido que no admite errores.

La conversación se ha instalado en torno a un tema muy concreto: ¿pueden convivir Declan Rice y Elliot Anderson en el mismo once? Muchos piden una selección más agresiva, más volcada hacia adelante, con dos mediapuntas en lugar de dos mediocentros de contención. Quieren menos freno de mano y más riesgo entre líneas.

Pero la realidad es que Rice y Anderson están entre los mejores centrocampistas de la Premier League. Y lo están, precisamente, por lo que ofrecen con y sin balón. Elliot tiene una variedad de pases que rompe líneas, encuentra intervalos y acelera el juego. Declan aporta un motor inagotable, una capacidad física que sostiene al equipo durante noventa minutos.

El matiz está en el rol.

En sus clubes, ambos acostumbran a iniciar la jugada, no a terminarla. Se colocan por delante de la defensa, dan la primera salida limpia, protegen la espalda de los laterales. Desde ahí construyen. No suelen ser los que llegan a rematar al área rival.

La idea de juntarlos en esa misma zona tiene lógica: garantiza la cobertura para que los laterales se suelten y se sumen al ataque. Con dos “seis” que cierran, los laterales pueden vivir más arriba. El plan, sobre el papel, encaja.

Pero si el guion se atasca, si al minuto 60 el partido sigue bloqueado, hay que atreverse. Ahí entran los cambios.

Los entrenadores viven de esos momentos. Se les aplaude cuando mueven el banquillo en el instante justo y con la pieza adecuada. Se les señala cuando un cambio rompe el equilibrio, cuando el equipo pasa de controlar el partido a desmoronarse por tener demasiada gente por delante del balón.

Y ese riesgo existe. Inglaterra debe vigilar el contragolpe porque DR Congo ofrece mucho más que selecciones como Panamá. Se ha ganado el derecho a estar aquí y tiene armas para castigar cualquier desajuste.

Lo que no puede hacer Inglaterra es jugar con miedo. No puede temblarle el pie en ese pase definitivo entre centrales, ni renunciar al balón filtrado por temor a perderlo. Habrá errores, habrá acciones que no salgan, pero el camino es insistir, tocar, volver a intentarlo, llamar una y otra vez a la puerta hasta que se abra.

Se espera, otra vez, un bloque bajo enfrente. DR Congo cerrará espacios, juntará líneas y cederá el balón. Inglaterra tendrá la posesión, pero la clave estará en lo que haga con ella. Ahí cobran valor los disparos desde fuera del área, los goles que nacen desde la media distancia cuando el área está colapsada.

No basta con repetir el plan visto ante Ghana o Panamá en ciertos tramos. Hace falta una variante, un matiz distinto, algo que descoloque a un rival que se siente cómodo defendiendo cerca de su portería.

El contexto mental también cambia. Ya no hay red de seguridad: si pierdes, estás fuera. Ponerse la camiseta de Inglaterra en una fase eliminatoria de un Mundial siempre pesa más. Y pesa todavía más cuando el papel dice que debes ganar, que eres favorito, que “no puedes fallar”.

Esa etiqueta es traicionera. En 2016, en Francia, la selección se estrelló ante Islandia en un escenario muy parecido. Partido que “había que ganar”. Partido que no se ganó. Esa cicatriz obliga a entrar al campo con una concentración absoluta.

DR Congo ya ha enseñado credenciales. En la última AFCON, con Axel Tuanzebe en el torneo, el equipo dejó claro que compite. Hay cuatro o cinco jugadores de la Premier League en la plantilla y, en ataque, un nombre sobresale: Yoane Wissa. Incansable, molesto, siempre encima de los centrales, obligándolos a mirar por encima del hombro.

Wissa no ha arrancado en Newcastle como habría deseado, pero en este Mundial se ha encendido. DR Congo se apoya en él, descarga responsabilidad ofensiva en sus movimientos, en su capacidad para castigar cualquier despiste.

Y detrás aparece Tuanzebe, un futbolista de nivel altísimo. Su velocidad le permite corregir situaciones límite, tapar espacios a la espalda y adelantar metros al bloque. No parece tan rápido a simple vista, pero cubre campo con una zancada poderosa y combina eso con fuerza en el cuerpo a cuerpo.

Ante una Inglaterra que ataca con muchos movimientos al espacio, Axel tendrá un papel enorme. Llega después de varias lesiones, pero su profesionalidad le ha permitido volver: trabajo diario en el gimnasio, preparación meticulosa, cabeza limpia. Sobre el césped, se comporta como un líder silencioso, ordenando la línea defensiva, hablando con los compañeros, corrigiendo posiciones. No se juega en Manchester United sin tener un nivel real. Creció en su cantera, alcanzó el primer equipo y eso ya habla de su carácter y su talento.

Pueda actuar tanto de central como de lateral derecho. Y, aun así, en ese costado DR Congo tiene a un hueso durísimo de roer: Aaron Wan-Bissaka. Un especialista en el uno contra uno defensivo. Quien lo ha visto de cerca lo sabe: cuando parece superado, de repente aparece una pierna imposible, al estilo “Go-Go Gadget”, y roba el balón con una precisión quirúrgica. Es su orgullo: defender en el mano a mano, medirse a los mejores y ganar duelos.

Si Marcus Rashford entra en el once, el duelo con Wan-Bissaka tendrá un punto extra. Se conocen de sobra de su etapa conjunta en Man Utd. Saben sus trucos, sus fintas, sus tiempos. Es el tipo de batalla que puede inclinar un partido grande.

Inglaterra tiene calidad, tiene fondo de armario y tiene argumentos para imponerse. Pero no será un trámite. No lo permite el rival, no lo permite el formato, no lo permite la memoria de noches en las que el favoritismo acabó siendo una carga. La pregunta no es solo si ganará, sino si será capaz de hacerlo soltando, por fin, el freno.