La despedida de Mohamed Salah en Anfield
El domingo, contra Brentford, Anfield no solo verá un partido más. Verá el final de una era. Será el último encuentro de Mohamed Salah en casa, el cierre de un ciclo de nueve años que cambió la historia reciente de Liverpool.
El egipcio se marcha como tercer máximo goleador del club, con 257 tantos, y como el rostro más reconocible de una etapa dorada: una Champions League, dos Premier League y una lista de noches que ya pertenecen a la mitología de la grada de The Kop. No fue solo un goleador. Fue el punto de partida de casi todo.
Un once que se convirtió en leyenda
Llegó en 2017 con dudas externas y una convicción interna inquebrantable. Hoy, quienes compartieron vestuario con él hablan de algo más que cifras.
Virgil van Dijk lo resume sin rodeos: Salah ha sido “un jugador absolutamente especial, una vez en la vida”. El central holandés subraya la combinación letal que formó con Sadio Mané y Roberto Firmino, su volumen de goles y asistencias y, sobre todo, la forma en que lideró con el ejemplo. Para Van Dijk, Salah no fue solo clave. Fue “una gran parte de todos los éxitos” del equipo.
Alisson Becker va un paso más allá y lo coloca directamente en el altar del club: “uno de los jugadores más importantes de la historia de este club”. El portero destaca sus récords, su impacto y un detalle que se repite en casi todos los testimonios: su obsesión por el trabajo. Horas en el gimnasio, cuidados extremos, mejora constante. Un profesional que, según Alisson, deja “un legado de estándares” que se puede mostrar a los hijos como modelo.
Hambre sin fecha de caducidad
Thiago Alcántara, curtido en Barcelona y Bayern, admite que incluso con su experiencia aprendió de Salah. No tanto de sus movimientos en el campo, sino del hombre que había detrás: “ser humano increíble, profesional increíble, te mantiene hambriento todo el tiempo”. Para el español, uno de los mejores compañeros que tuvo.
Roberto Firmino, pieza clave de aquel tridente inolvidable, se queda con el corazón del egipcio. Lo define como un tipo al que todos quieren y admiran, alguien que construyó una historia y un legado en Liverpool y que, además, tiene “un corazón hermoso”. Agradece el privilegio de haber compartido ataque con él.
Jordan Henderson, capitán de tantas finales, incide en el equilibrio que Salah logró entre ambición personal y compromiso colectivo. Quería ser el mejor, batir todos los récords, pero no a costa del equipo. Para Henderson, la diferencia está clara: hay grandes jugadores, y luego están los que son grandes jugadores y grandes personas. Salah, dice, pertenece a ese segundo grupo.
Trent Alexander-Arnold lo ve desde la trinchera diaria de Melwood y Kirkby: una “determinación implacable” por ser el mejor cada día. Nunca satisfecho, siempre persiguiendo el siguiente récord, el siguiente objetivo. Una máquina competitiva.
Klopp y la grandeza a la vista de todos
Jürgen Klopp, el entrenador que lo potenció hasta la estratosfera, pone palabras a lo que muchos sienten: “vimos grandeza”. Para el técnico alemán, Salah es un “all-time great”, un grande de todos los tiempos, y no solo por su fútbol. También por lo que representa como embajador del mundo árabe en un contexto complejo, mostrando que “amamos las mismas cosas, luchamos por las mismas cosas”.
Klopp habla con orgullo. De sus goles, sí, pero también de su papel como símbolo, de la forma en que unió a gente muy distinta bajo los mismos colores.
Daniel Sturridge, que vivió el inicio de la era Klopp, apunta a otro rasgo de los grandes atacantes: la obsesión por ayudar al equipo con números. En Salah, esa obsesión se convirtió en carrera histórica. “Nadie pensó que llegaría a ser lo que es, excepto él mismo”, reconoce. Su trayectoria es, para Sturridge, un monumento a la actitud, la voluntad y la dedicación.
Luis Díaz, uno de los últimos en compartir vestuario con él, se queda con la alegría y la exigencia que irradiaba. Siempre queriendo ganar títulos, siempre dando el máximo por el club, siempre buscando ser mejor jugador y mejor persona. “Deja una marca profunda”, confiesa el colombiano.
El respeto de los suyos
Andy Robertson, socio incansable por la banda izquierda, ha visto de cerca la transformación del dorsal 11 en mito. Habla de “verle convertirse en el mejor en lo que hace y en uno de los mejores que han llevado la camiseta de Liverpool”. Destaca una mentalidad “sin igual”, una autoexigencia diaria que arrastraba a todos. Más allá del césped, se queda con la amistad y con una frase que resuena en Anfield: Salah “merece una despedida que refleje su estatus en LFC: el más grande”.
Joe Gomez lo define como “uno de los más grandes que han llevado la camiseta”. Horas y horas viendo su grandeza de primera mano, una ética de trabajo que sus números solo confirman. Y, otra vez, la palabra amistad aparece como parte esencial del legado que deja.
Robbie Fowler, otro goleador de época, no escatima elogios: “asombroso” para Liverpool, uno de los grandes del club en la Premier League y, al mismo tiempo, uno de los grandes de la propia competición. No solo lo echarán de menos los aficionados de Liverpool, también los de la liga entera.
Ian Rush, máximo goleador histórico del club, sabe de lo que habla cuando se refiere a delanteros. De Salah destaca que no es solo un finalizador: tiene “un gran cerebro futbolístico” y, cuando encara por la banda, resulta “absolutamente increíble”. Para Rush, todos los hinchas lo aman y estarán tristes al verlo partir.
James Milner, voz autorizada sobre liderazgo, lo describe como un líder distinto, pero líder al fin. No a gritos, sino a base de estándares diarios: en el entrenamiento, en el gimnasio, fuera del campo. Para los jóvenes y los recién llegados, Salah era la referencia viva de “lo que significa ser un jugador top y un jugador de Liverpool”.
Entre los gigantes del juego
Cuando habla Steven Gerrard, Liverpool escucha. El ex capitán, que se midió a los mejores de su generación, coloca a Salah en una mesa muy exclusiva. Recuerda a Ronaldinho, Cristiano Ronaldo, Lionel Messi, Zinedine Zidane, Xavi, Andrés Iniesta… y asegura que Salah pertenece a ese nivel. “No dejen que nadie les diga lo contrario”, insiste. Es su forma de sellar con tinta legendaria la carrera del egipcio en Anfield.
Arne Slot, que ha trabajado con él en este último tramo, se ha encontrado con lo que muchos describen: hambre inagotable. Lo que más le impresiona es la capacidad de mantener esa voracidad cada tres días durante una década. Profesionalismo, compromiso con el club, con el equipo, con el gol. Incluso cuando lo sustituyen a tres minutos del final, Salah piensa que podría haber marcado uno más. Slot lo vio claro “desde el primer día”: nada de lo que ha logrado es casualidad.
Milos Kerkez, uno de los más jóvenes, pone el foco en la profesionalidad extrema: gimnasio, alimentación, concentración total en rendir al máximo. Algo que, dice, no ha visto en ningún otro jugador. Ha intentado absorber todo lo posible de ese modelo.
Pepijn Lijnders, mano derecha de Klopp durante años, lo define con una frase contundente: nunca conoció a alguien “más comprometido con la vida de futbolista profesional”.
Alex Oxlade-Chamberlain, otro compañero de viaje, confiesa que jamás vio a nadie hacer lo que Salah hace “cada hora del día”. Lo llama obsesión, y lo dice con admiración: “merece todo lo que ha conseguido”.
Harvey Elliott, uno de los protegidos del egipcio, cuenta cómo Salah lo guió desde el primer día: consejos tácticos, comprensión de la filosofía de juego, lectura de lo que pedía el entrenador. Con el tiempo, esa relación se convirtió más en amistad que en simple mentoría. Elliott reconoce que Salah lo puso en el camino para llegar a donde está hoy.
Fernando Torres, ídolo de otra generación de Anfield, no esconde su debilidad: lo considera uno de los mejores jugadores de la última década y, directamente, su favorito. Lo coloca entre los mejores del mundo en los últimos diez años.
El último acto en Anfield
El telón caerá el domingo, pero la historia ya está escrita. Goles, títulos, récords, ejemplos. Un profesional obsesivo, un competidor feroz, un compañero respetado, un símbolo para millones.
Cuando Salah pise el césped de Anfield por última vez como jugador de Liverpool, no será solo un adiós. Será la despedida a un estándar. A una forma de entender el oficio. A un número 11 que se marcha dejando una pregunta inevitable en el aire: ¿cuánto tiempo pasará hasta que la grada vuelva a ver algo así?






