Declan Rice: Aspirante al Balón de Oro y el legado de Gerrard
El nombre de Declan Rice ya se pronuncia sin titubeos cuando se habla del Balón de Oro de 2026. No es casualidad. El centrocampista se ha convertido en el gran eje del proyecto de Mikel Arteta, el hombre que ha sostenido el regreso del título de la Premier League al norte de Londres después de 22 años de espera. En el Emirates se siente que algo ha cambiado, y en el centro de todo está el dorsal 41.
Desde que Arsenal pagó en 2023 los 105 millones de libras que marcaron un récord de traspaso británico, el canterano de West Ham apenas ha dejado de aparecer en las alineaciones. Ha sido el motor de un equipo que ha dado un salto de calidad evidente con él en la sala de máquinas. Fichado para encajar en un puzle complejo, Rice ha terminado siendo una de esas piezas finales que convierten un buen proyecto en un campeón.
El título de liga no solo decora su palmarés. Le da peso. Le coloca en otra conversación. En 2025, en la votación del Balón de Oro, apenas asomó por la parte baja de la lista, en un discreto 27º puesto y sin un gran título que respaldara su candidatura. Ahora llega a la carrera con una Premier en el bolsillo y con la sensación de haberse quedado a un suspiro de un doblete histórico con Arsenal.
La selección, siguiente examen
El foco se desplaza ahora hacia el verano en Norteamérica. Inglaterra lleva 60 años sin levantar un gran trofeo y mira a Rice como a un posible talismán. Si logra coronarse con los Three Lions, su nombre subiría varios peldaños en la lista de aspirantes al Balón de Oro. Más aún teniendo en cuenta que ya se le ve como futuro capitán de su país y que una gloria mundial serviría para compensar la reciente decepción en la final de la Champions a nivel de club.
Un Rice campeón del mundo, líder de Arsenal y figura indiscutible en la élite europea sería un candidato difícil de ignorar. Esa es la narrativa que empieza a tomar forma alrededor del mediocentro. Pero no todos compran todavía el billete hacia la cima absoluta.
La comparación incómoda: Gerrard
Robbie Fowler, exdelantero de la selección inglesa y leyenda de Liverpool, pone freno al entusiasmo. En una entrevista con GOAL, en declaraciones realizadas en nombre de BetMGM, el exariete fue directo cuando le preguntaron si Rice puede convertirse en un aspirante habitual al Balón de Oro.
“Me gusta Declan Rice”, arrancó Fowler, para después situar el listón muy alto: la comparación inevitable con Steven Gerrard, antiguo capitán de Inglaterra y mito de Anfield, tercero en la votación del Balón de Oro de 2005. Y ahí, según Fowler, la distancia sigue siendo evidente.
A su juicio, el salto de Rice desde que llegó a Arsenal es innegable. Lo ve como un jugador “más completo”, más hecho, más dominante. Pero no al nivel de Gerrard. Ni cerca todavía. Y lo remata con un recordatorio contundente: ni siquiera Steven Gerrard, con todo su impacto, su peso en partidos grandes y su legado, llegó a ganar el Balón de Oro.
Fowler insiste en que no se trata de un ataque. Reconoce que Rice ha sido “genial” para Arsenal, que ha subido un peldaño desde su fichaje. Pero reclama otro más. Un punto extra de influencia, de continuidad en el máximo nivel, para poder hablar de él en el mismo plano que los nombres que se mueven de forma natural en la órbita del premio.
Rice, lejos pero en camino
Los hechos acompañan parcialmente ese análisis. Rice ya ha demostrado que puede ser la base de un campeón doméstico. Ha estado a segundos de firmar un doblete que habría marcado época en el club. Ha dejado claro que soporta la presión, que no se esconde, que puede mandar en partidos de alta tensión. Y, sin embargo, el propio recorrido del jugador invita a la prudencia.
El centrocampista, nacido en Kingston upon Thames, es el primero en admitir que todavía no está a la altura de Gerrard en términos de talento global e impacto histórico. Esa honestidad encaja con su perfil: trabajador, competitivo, obsesionado con el progreso. No rehúye los desafíos; los persigue. Y el Balón de Oro, más que una obsesión pública, parece dibujarse como una meta silenciosa en su carrera.
Para llegar ahí necesitará algo más que buenas temporadas. Necesitará noches icónicas, títulos mayores, actuaciones que definan torneos. Necesitará, en definitiva, ese “otro nivel” del que habla Fowler. La Premier ya está tachada en su lista. El siguiente paso se juega con Inglaterra, en un escenario global, con todo el mundo mirando.
La pregunta ya no es si Declan Rice es un gran jugador. Eso está resuelto. La cuestión es otra: ¿tiene el recorrido, el techo y el carácter para transformar esa grandeza en un Balón de Oro cuando la generación actual empiece a ceder espacio? El próximo verano, en Norteamérica, puede empezar a escribirse la respuesta.






