Canadá logra su primera victoria mundialista: 6-0 ante Qatar
Canadá habría firmado una victoria corta, tranquila, de esas que se archivan sin mayor ruido. En cambio, en Vancouver se desató algo mucho más grande: un 6-0 histórico ante Qatar, la primera victoria de la selección masculina en un Mundial, una goleada que muchos ya sienten como el momento en que el país dejó de ver el fútbol como un pasatiempo ajeno.
Fue una noche de fiesta, pero con una cicatriz. La fractura de pierna de Ismaël Koné, que le saca del torneo, dejó un nudo en la garganta en pleno éxtasis colectivo.
En las gradas, el ambiente se parecía más a una final que a un debut. 52.000 personas, entradas agotadas, el estadio teñido de rojo y blanco, bengalas de humo tiñendo de rojo la “última milla” hacia el recinto. Vancouver vibraba. El resto del país, también: pantallas en Granville Street, bares llenos en Toronto, reuniones improvisadas en barrios donde el hockey suele mandar.
Allí, frente a una pantalla, estaba Dave Di Cola, seguidor de la selección desde hace años, con una sensación que definió como “optimismo reservado” antes del pitido inicial. Sabía que en el fútbol todo puede torcerse en un instante.
Esta vez no.
Goleada, expulsiones y una validación largamente esperada
El partido se inclinó pronto. Tres goles antes del descanso, una superioridad que se notaba en cada choque, en cada carrera. Qatar, desbordada, terminó con dos expulsados, un detalle que facilitó la paliza pero no explica por sí solo el vendaval canadiense.
Para hinchas como Di Cola, lo que se vio en el césped fue algo más que un resultado abultado: fue la confirmación de que Les Rouges ya no son invitados de compromiso en un gran torneo, sino un rival serio. Una selección que por fin obliga a mirarla con respeto.
“Canada soccer siempre ha sido como un chiste. Siempre secundario”, reconoce. Ver el apoyo masivo en Vancouver y en todo el país, admite, “casi me hizo llorar”.
Las redes se llenaron de imágenes que contaban esa transformación cultural mejor que cualquier discurso. En una foto, un aficionado lucía una camiseta de hockey de Connor McDavid, pero con el “Mc” tapado por una “J” improvisada para convertirlo en homenaje a Jonathan David, autor de tres de los seis goles. Un gesto sencillo, pero contundente: el país del hielo empieza a hablar en clave de gol.
La noche perfecta que se quebró con Koné
La euforia, sin embargo, se congeló en un segundo. La lesión de Ismaël Koné, centrocampista clave, nacido en Ottawa, dejó al estadio en silencio. El diagnóstico: fractura y fin del torneo para uno de los motores del equipo.
Jesse Marsch no había ocultado nunca su importancia. Lo definió como “una gran parte del corazón de nuestro equipo”. Y se notó en la reacción inmediata: compañeros rodeándolo, el cuerpo médico entrando a toda prisa, un círculo de protección en medio de la tormenta futbolística.
El fútbol, a veces, encuentra sus propios símbolos. Nathan Saliba, el hombre que entró por Koné, firmó el cuarto gol de Canadá y levantó la camiseta de su compañero hacia el cielo, un tributo sencillo pero poderoso. La goleada ya era histórica; con ese gesto, también se volvió íntima.
Koné, operado al día siguiente, escribió en Instagram un mensaje a sus compañeros: “Lo que hicisteis ayer se quedará conmigo para siempre”. Una frase que encaja con lo que muchos canadienses sintieron desde la grada, desde el sofá, desde cualquier rincón donde el rojo dominara la pantalla.
Un vestuario a la altura del escaparate
En el vestuario, tras el partido, las palabras llegaron desde lo más alto del poder político. El primer ministro Mark Carney se plantó ante el grupo para subrayar algo que va más allá del marcador: el carácter mostrado tras la lesión.
Habló de “un nivel de carácter que algunas personas nunca alcanzan” y subrayó que lo mostraron cuando “todo el país y buena parte del mundo” estaba mirando. Y añadió que, si alguien no lo vio en directo, lo vería en los resúmenes al día siguiente. Un mensaje claro: esta selección ya forma parte del relato deportivo nacional.
Y ese relato es exigente. Canadá vive acostumbrada a grandes escenas: el gol de Sidney Crosby para el oro olímpico en Vancouver 2010, el anillo de los Toronto Raptors ante Golden State Warriors en 2019, el oro de la selección femenina de fútbol en Tokio 2020. Momentos que se repiten una y otra vez en las pantallas del país.
Comparado con eso, Di Cola baja el volumen: lo del jueves, dice, es mucho más pequeño. Cree que a la selección masculina le queda “un largo camino por recorrer”. Tal vez tenga razón. Pero todo camino empieza con un paso que se recuerda.
Canadá ya tiene el suyo: un 6-0, la primera victoria mundialista, una nación de hockey que, por una noche, se comportó como si siempre hubiera sido de fútbol. Y ahora llega Suiza, el siguiente examen para saber si esto fue solo una explosión puntual o el inicio de algo que puede cambiar el mapa deportivo del país.






