Logotipo completo Tercer Palco

Australia y Egipto se enfrentan en Dallas: octavos de final del Mundial

Australia y Egipto se citan en Dallas con un billete dorado en juego: octavos de final del Mundial y, casi con toda probabilidad, un cruce contra Argentina esperando al ganador. No es un simple partido de la ronda de 32. Es una noche que puede cambiar narrativas.

Los Socceroos llegan con la lección bien aprendida. Abrieron el torneo con autoridad, 2-0 ante Turquía, un triunfo que pareció marcar el camino. Pero el golpe de realidad llegó rápido: derrota por 2-0 frente a Estados Unidos y la obligación de recomponerse sobre la marcha. Lo hicieron a su manera, apretando los dientes, en un 0-0 áspero contra Paraguay que los dejó empatados a puntos con los sudamericanos, pero por delante gracias a la diferencia de goles. Suficiente para estar aquí. Nada más. Nada menos.

En ese trayecto ha emergido una figura: Harry Souttar. El central, obligado a asumir la capitanía, ha dado un paso al frente. No se trata solo de liderazgo simbólico; su presencia ha ordenado a una Australia que vive del rigor, de la concentración, de no conceder ni un centímetro más de lo necesario. El propio entorno de la selección reconoce que ha “crecido” en el rol, y eso se nota en un equipo que necesita cabezas frías para noches calientes como la de Dallas.

Enfrente aparece Egipto, con un nombre que lo condiciona todo: Mohamed Salah. El delantero llega tras recuperarse de una lesión en los isquiotibiales, un alivio enorme para una selección que gira alrededor de su estrella. Con Salah en el campo, cada transición puede convertirse en amenaza y cada falta cercana al área se transforma en un suspiro colectivo del rival.

El camino egipcio hasta esta ronda también se ha escrito al límite. Empataron con Bélgica, empataron con Irán y vencieron a Nueva Zelanda para cerrar la fase de grupos con cinco puntos, los mismos que la potente selección belga. La diferencia de goles decidió que Egipto avanzara como segundo en el Grupo G. No han arrasado, pero han competido cada minuto.

El duelo en Dallas tiene, además, un poso histórico. Será apenas la tercera vez que Australia y Egipto se crucen. El recuerdo más reciente no favorece a los oceánicos: 3-0 para Egipto en un amistoso en 2010, una noche en la que la jerarquía africana se impuso sin discusión. El otro antecedente se remonta a 1987, en la President's Cup en Corea del Sur, cuando Australia sobrevivió a un 0-0 y se llevó la eliminatoria en los penaltis. Un registro mínimo, pero suficiente para añadir un toque de misterio: no hay una tradición de enfrentamientos que permita adivinar el guion.

Hoy el contexto es otro. Mundial, estadio neutral, la presión de saber que el siguiente escalón puede significar plantarse ante Argentina en unos octavos de final con aroma a epopeya. Para Australia, sería la confirmación de un proyecto que siempre se mueve en el filo entre la sorpresa y la infravaloración. Para Egipto, la oportunidad de colocar a Salah en el escaparate que siempre persigue cualquier estrella: un cruce directo contra uno de los gigantes del fútbol.

El discurso en el vestuario australiano insiste en una idea: “estar en el momento” ante un partido “difícil” contra Egipto. No mirar más allá, no dejarse arrastrar por la tentación de pensar ya en Argentina. Esa disciplina mental será tan importante como cualquier plan táctico. Un despiste, una concesión, y Salah puede castigar.

Egipto, por su parte, sabe que su margen de error es mínimo. El empate ya no sirve. La solidez mostrada ante Bélgica e Irán debe sostenerse ante un rival que quizá tenga menos talento individual, pero que compensa con orden, físico y una fe casi obstinada en competir cada balón dividido como si fuera el último.

En Dallas, dos selecciones que avanzaron como segundas de grupo se miran a los ojos con la sensación de estar ante una puerta que no se abre todos los días. Una de ellas saldrá de la noche con un premio mayúsculo y un desafío gigantesco. La otra se quedará con la amarga certeza de haber estado a un paso de medirse a Argentina en un escenario que no perdona los “casi”.

Australia y Egipto se enfrentan en Dallas: octavos de final del Mundial