Ogbene brilla en empate de Irlanda contra Canadá
La República de Irlanda no estará en el Mundial, pero no viaja por el calendario como simple comparsa. En Montreal, ante una Canadá que se prepara para abrir “su” Copa del Mundo como coanfitriona, el equipo de John O’Shea volvió a mostrar carácter: 1-1, empate trabajado, reacción inmediata cuando el partido parecía escaparse.
El gol del empate llevó la firma de Chiedozie Ogbene, oportunista en el área, pero detrás hubo una historia de resistencia, de un grupo que se niega a asumir el papel de invitado de piedra.
Un regalo irlandés y ventaja para Canadá
El inicio fue intenso, pero sin grandes sobresaltos. Canadá, dirigida por Jesse Marsch, buscó ritmo alto, presión y centros laterales. Irlanda respondió con orden, cerrando espacios y tratando de salir rápido cada vez que recuperaba.
Hasta que el balón parado rompió el equilibrio.
En el minuto 24, Stephen Eustaquio lanzó un córner cerrado desde la derecha. La defensa irlandesa dudó un segundo. Jake O'Brien, intentando despejar de cabeza, terminó peinando el balón hacia su propia portería. Autogol cruel, 1-0 para Canadá y un estadio que por fin explotaba.
No fue una jugada elaborada ni una genialidad canadiense. Fue un error, de los que pesan en la memoria de un central. Irlanda tardó unos minutos en recomponerse, pero no se desmoronó. Ajustó líneas, bajó pulsaciones y esperó su momento.
El penalti, Crepeau y la reacción de Ogbene
La segunda parte cambió el guion. Irlanda adelantó metros y empezó a discutirle la iniciativa a Canadá. El duelo, que en la primera mitad había tenido más interrupciones que fútbol fluido, se abrió de golpe.
El punto de inflexión llegó cuando Jamie McGrath se filtró en el área y Cyle Larin, protagonista del día por su reciente fichaje por Southampton, llegó tarde. Contacto claro. Penalti. Oportunidad de oro para los visitantes.
Troy Parrott tomó la responsabilidad. Disparo potente, pero Maxime Crepeau adivinó la dirección y se lanzó con decisión. Mano firme, parada salvadora. El estadio celebraba como un gol. Irlanda veía cómo se escapaba su mejor ocasión.
Solo duró unos segundos.
El rechace quedó vivo en el área y ahí apareció Ogbene, atacando el balón con decisión, sin dudar. Remate seco, arriba, imposible para Crepeau. Minuto 60, 1-1, y la sensación de que el partido cambiaba de dueño en lo anímico.
La jugada dejó dos historias cruzadas. Crepeau, que se perdió el Mundial de 2022 por una fractura de pierna en la final de la MLS, volvió a mostrar reflejos y carácter en la acción del penalti. Ogbene, atento al mínimo resquicio, convirtió un fallo ajeno en reivindicación propia.
Irlanda aprieta; Canadá piensa en el 12 de junio
Con el empate, Irlanda se soltó. El equipo, que encadena buenos resultados pese a haber quedado fuera del Mundial, olió la posibilidad de una victoria de prestigio en casa de una de las anfitrionas.
Mason Melia, entrando desde segunda línea, protagonizó una de las acciones más peligrosas del tramo final. Carrera poderosa, ruptura entre centrales y definición que buscaba el gol de la remontada. De nuevo, Crepeau respondió, achicando espacio y negando el tanto con una intervención clave.
Canadá, por momentos, pareció más pendiente de no perder que de ir a por el triunfo. Sin su capitán Alphonso Davies, aún convaleciente de una lesión en los isquiotibiales sufrida con Bayern Munich, el equipo de Marsch perdió chispa en la banda y profundidad en transición. Faltó esa arrancada eléctrica que rompe partidos.
El empate, sin embargo, no es un desastre para los norteamericanos. Llega a pocos días de un estreno cargado de simbolismo: el 12 de junio, en Toronto, ante Bosnia and Herzegovina, abrirán oficialmente “su” Mundial. Después les esperan Qatar, el 18, y Switzerland, el 24, en un Grupo B que no admite despistes.
Un aviso para la anfitriona, un mensaje desde Dublín
Irlanda se marcha de Montreal con algo más que un empate. Confirma una línea ascendente, una capacidad competitiva que no se ha visto afectada por la ausencia en la cita mundialista. No se rindió tras el autogol de O'Brien, respondió al golpe del penalti fallado y terminó el partido buscando el segundo tanto.
Canadá, en cambio, se lleva una advertencia. La estructura está, la energía también, pero sin Davies y con detalles por pulir en defensa, cada balón parado y cada transición pueden convertirse en un problema serio cuando la pelota ya no sea de preparación, sino de vida o muerte en un Mundial.
La próxima vez que salten al césped ya no habrá margen para probar. Solo para demostrar si este empate fue un tropiezo menor en el camino… o el primer síntoma de algo más profundo.






