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Neymar y su sueño de Mundial en 2026

Neymar, entre el ruido, la chaqueta y el último gran sueño mundialista

En la zona mixta del Santos–Coritiba, el marcador decía 0-3 y el ambiente olía a frustración. Sin embargo, todas las miradas se fueron a otra parte: a la chaqueta verde y amarilla de Neymar. Un guiño a la selección, pensaron muchos. Un mensaje directo a Carlo Ancelotti, interpretaron otros.

Neymar lo cortó de raíz.

“Esta chaqueta fue un regalo de un amigo mío, que es el hijo de Beckham, Romeo Beckham”, explicó ante los micrófonos, señalando el detalle del mensaje sobre los Juegos Olímpicos escrito en la prenda. “Le dije que la iba a usar. Por eso, no fue para mandar ningún tipo de mensaje”.

La escena, casi simbólica, resumía bien el momento del 10: todo lo que hace se lee en clave selección, en clave 2026. Incluso cuando solo se trata de una chaqueta de regalo.

La cuenta atrás hacia 2026

El jugador de Santos no esconde nada. Su obsesión está clara y tiene nombre: Mundial.

“Obviamente, es mi sueño, siempre lo dejé muy claro. Es estar en el Mundial. Trabajé para eso”, confesó. No es una frase más. Es la línea que ha guiado su rehabilitación durante meses, entre lesiones, dudas y un escrutinio constante sobre su físico.

Neymar, que ya superó a Pelé para convertirse en máximo goleador histórico de Brasil, sabe que cada convocatoria, cada lista, cada comentario del seleccionador se mide con lupa cuando se habla de él. Y, aun así, no disimula su deseo de volver a estar en el centro de todo.

“Todos están esperando esto, esperando la convocatoria de mañana. ¿Por qué no usarla?”, dijo sobre la chaqueta, volviendo al tema con una sonrisa que escondía ansiedad. “Además de jugador, quiero estar ahí. Si no estoy, seré solo otra persona alentando a Brasil en el Mundial”.

No es un discurso de despedida. Suena a reto.

Críticas, dolor y una respuesta en voz baja

El camino no ha sido amable. Lesiones largas, rumores, versiones cruzadas sobre su compromiso y su vida fuera del campo. Neymar decidió responder, pero no con gestos grandilocuentes, sino con una especie de confesión en voz alta.

“Físicamente, me siento muy bien. He ido mejorando con cada partido, hice lo mejor que pude. Confieso que no fue fácil”, admitió. Después, fue más allá.

“Fueron años de mucho trabajo, pero también de mucha desinformación sobre mis condiciones y lo que hice. Es muy triste la forma en que la gente habla de eso. Trabajé duro, en silencio, en casa, sufriendo por lo que se decía”.

No hubo tono victimista, pero sí cansancio. El mismo jugador que durante más de una década fue el gran tótem de la ‘Canarinha’ se ve obligado ahora a demostrar, casi día a día, que su cuerpo todavía aguanta la exigencia que pedirá Ancelotti, un técnico que prioriza estados de forma impecables.

Una tarde negra con Santos

Todo este discurso llegó después de un partido que rozó lo surrealista. Santos se desmoronó ante Coritiba con un 0-3 contundente y, en medio del desastre, un error administrativo terminó por encender a Neymar: fue sustituido por equivocación.

En un equipo que sufre, el mínimo detalle se convierte en detonante. El delantero, ya irritado por el resultado, abandonó el campo con gesto de incredulidad. La mezcla entre ambición personal y frustración colectiva quedó expuesta en una sola imagen: Neymar mirando al banquillo, sin entender cómo había terminado fuera del juego por un fallo burocrático.

Aun así, cuando habló, eligió el camino del control. Nada de reproches públicos al club. Nada de dramatizar más de lo que ya lo hacía el marcador.

Prefirió volver a su batalla central: convencer a Ancelotti de que, pese a todo, sigue siendo uno de los 26 mejores de Brasil.

El veredicto, en manos de Ancelotti

En este contexto, cada palabra suya pesa. Cada gesto, también. Neymar lo sabe y, aun así, decidió soltar el control en el último tramo de su intervención.

“Que mañana sea lo que Dios quiera”, lanzó, casi como un suspiro. Y remató con una frase que, en realidad, es una declaración de principios del nuevo escenario que vive: “Independientemente de lo que pase, Ancelotti va a convocar a los 26 mejores jugadores para esta batalla”.

La batalla ya empezó para él hace meses, entre fisioterapia, silencio y críticas. La lista que se viene dirá si ese esfuerzo le alcanza para volver al lugar donde siempre creyó que debía estar: liderando a Brasil en otro Mundial o alentando desde casa, con la misma chaqueta verde y amarilla, pero un rol muy distinto.

Neymar y su sueño de Mundial en 2026