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Neymar regresa a Brasil con el Mundial en el horizonte

Neymar Jr se enfunda de nuevo la camiseta de Brasil con un Mundial a la vista y una certeza que repite sin titubeos: siente que ya dejó su huella en la historia del fútbol.

El delantero ha sido convocado otra vez con la selección tras un largo periodo marcado por lesiones graves. Regresa a la Canarinha en plena recta final de preparación para la gran cita de este verano en Norteamérica, un escenario que siempre lo ha perseguido entre expectativas, críticas y devoción.

Mientras alterna los compromisos con Santos y el ruido permanente que rodea a la selección, Neymar se permitió un paréntesis poco habitual: se subió al reto Ultimate Soccer Challenge de Red Bull junto al freestyler Séan Garnier. Un desafío que mezclaba técnica, vértigo y viento, y que terminó exponiendo tanto su calidad como su miedo a las alturas.

No lo maquilló. Admitió que la prueba le impuso más de lo esperado. “Pensé que sería más fácil… daba miedo, y me di cuenta de que era más difícil de lo que parecía… Es sobre todo por el viento: la forma en que te llega el balón, cambia mucho de dirección, y eso lo hace todavía más difícil de controlar… Me gustó pasar por esa descarga de adrenalina, digamos”.

El reto dejó imágenes espectaculares, pero para Neymar el verdadero examen vuelve a estar donde siempre: en la verdeamarela y en el club que lo vio nacer.

Santos, punto de partida y de retorno

Neymar Jr regresó a Santos en 2025, un viaje de vuelta cargado de simbolismo. No fue un simple “reinicio”, sino un círculo que se cerraba en el mismo césped donde explotó como fenómeno mundial mientras se rehacía de graves lesiones de rodilla y musculares.

Para él, Santos no es solo una camiseta histórica. Es memoria pura. Se remonta a sus primeros recuerdos con un balón, siempre de la mano de su padre.

“Me enamoré del fútbol de forma natural, porque solía ir con mi padre cuando jugaba. Iba con él a los estadios, a los entrenamientos, y acabé enamorándome de ese ambiente”, recuerda. “Las cosas fueron pasando, entré en una cantera, empecé a destacar, llegué a Santos y me hice profesional”.

Ese niño que miraba desde la grada al padre ahora vuelve como ídolo consolidado, con el cuerpo castigado por las lesiones pero con el instinto competitivo intacto. Y con un contrato corto que le deja la puerta abierta a casi todo.

“Tengo un contrato de un año con Santos y pretendo cumplirlo”, explica. “Pienso decidir en diciembre o enero qué es lo mejor para mí. Depende de cómo esté mental y físicamente; depende de muchas cosas”.

Nada de grandes declaraciones sobre el futuro. Nada de promesas que vayan más allá de la próxima estación. Día a día. Partido a partido. Mundial incluido.

El goleador histórico mira al Mundial sin obsesiones

Con su regreso a la selección, Neymar Jr vuelve a tener la oportunidad de ampliar su registro como máximo goleador histórico de Brasil en el escenario más grande que existe. Es el tipo de contexto que siempre lo rodeó: el foco más intenso, la exigencia más alta, la sensación constante de examen.

La diferencia, ahora, está en el tono con el que habla de su carrera. Ya no suena a alguien que persigue desesperadamente un lugar en los libros; habla como quien está convencido de que ya lo tiene.

“Creo que mi legado en el fútbol ya está hecho”, afirma. “Todo el mundo me va a recordar de alguna manera cuando se hable de fútbol. Así que estoy muy feliz por eso, por haber hecho historia, por haber dejado mi nombre grabado en la historia del fútbol. Un día podré contarles a mis hijos, a mis nietos, las cosas importantes que hice por mi país”.

No hay cifras, no hay medallas en la frase. Hay memoria. La suya y la de los demás. Neymar sabe que el debate sobre su figura no se apagará: para unos, talento descomunal; para otros, promesa incompleta. Pero él ya se sitúa en otra fase, la de quien mira su carrera como un relato que puede añadir capítulos, no como un examen que tenga que aprobar.

Con un Mundial a la vuelta de la esquina, un contrato corto en Santos y un cuerpo que ha pasado por el quirófano demasiadas veces, Neymar entra en una etapa decisiva. No tanto para definir si será recordado, sino para responder a una pregunta distinta: qué tipo de final quiere escribir para una historia que, según él, ya está en la historia del fútbol.