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Neymar y su camino al Mundial 2026: retos y expectativas

El camino de Neymar hacia el Mundial 2026 ha sido todo menos lineal. El crack brasileño, que durante años pareció indestructible, llega a las eliminatorias marcado por cicatrices recientes: una grave lesión de rodilla en octubre de 2023 y, ya en plena concentración mundialista, un problema en el gemelo que lo dejó fuera de los duelos iniciales ante Marruecos y Haití.

Durante casi tres años, la camiseta de Brasil no llevó su nombre en la espalda. Hasta que, por fin, el regreso. Un puñado de minutos en la victoria de la Canarinha ante Escocia en el cierre de la fase de grupos bastó para encender la imaginación de los hinchas: Neymar estaba de vuelta, el 10 otra vez en el césped, y el murmullo en torno a una posible titularidad en los cruces se disparó.

Ancelotti pisa el freno

La ilusión es enorme, pero Carlo Ancelotti se ha encargado de ponerle marco. El técnico italiano, que conoce como pocos el manejo de estrellas y tiempos físicos, no quiere que la ansiedad devore a su delantero.

“Neymar ha progresado muy bien. Creo que mejoró mucho la semana pasada”, explicó ante los periodistas en la previa del duelo del lunes. “Es una pena que no haya podido entrenar todo el tiempo que estuvo con nosotros. Puede jugar más de 15 minutos. Está en buena forma. Pero depende mucho del contexto del partido y de cómo se desarrollen las cosas”.

No hay promesa de 90 minutos. No hay garantía de once inicial. Hay una idea clara: dosificar, leer el partido, proteger al futbolista que todavía puede cambiar una eliminatoria con un solo toque. Ancelotti no quiere que el Mundial de Neymar se convierta en una carrera contra el reloj… ni contra su propio cuerpo.

Japón aprieta el guion

Como si el cruce de octavos necesitara más picante, Japón se ha encargado de agitar el ambiente. Kento Shiogai, delantero de 21 años del Wolfsburg y con apenas seis minutos disputados en este torneo, dejó caer la insinuación de que Brasil podría ser una potencia en declive.

Una frase, poco tiempo de juego, y un efecto inmediato: combustible para un duelo que ya se presentaba tenso por naturaleza. Brasil, gigante histórico, frente a una selección japonesa que hace tiempo dejó de ser comparsa y ahora se presenta como un rival incómodo, disciplinado, valiente.

Ancelotti, sin embargo, se negó a entrar en el intercambio verbal.

“Yo no voy a repetir lo que dicen otros. Estamos centrados en el partido, en las cualidades del rival, en prepararnos bien para evitar problemas”, zanjó el italiano. “De eso se trata la preparación. No estamos haciendo lo que llaman en Inglaterra ‘mind games’. ¿Cómo se dice en portugués? Mind games. No vamos por ahí”.

Mensaje directo: nada de distracciones, nada de ruido externo. El campo, y solo el campo.

Un favorito con cicatrices recientes

Brasil parte como favorito. Lo exige la historia, lo exige el talento que reúne su plantilla. Pero el contexto invita a la prudencia. Japón llega lanzado: 10 partidos consecutivos sin perder, una racha que incluye un 3-2 inolvidable ante la propia Brasil en Tokio y una victoria de prestigio frente a Inglaterra en Wembley.

Ancelotti no ha borrado de la memoria aquel amistoso de octubre en Tokio. Brasil se adelantó en la primera parte, pareció tener el duelo bajo control, y Japón le dio la vuelta tras el descanso. Un aviso serio de que los Samurai Blue ya no se conforman con resistir; ahora saben cómo castigar.

En este Mundial, los números japoneses refuerzan la sensación: segundo puesto en el Grupo F tras un 2-2 ante Países Bajos, una goleada 4-0 sobre Túnez y un 1-1 sólido frente a Suecia. No deslumbran solo por momentos; sostienen el nivel durante todo el torneo.

Neymar, el reloj y la eliminatoria

En medio de todo esto, la figura de Neymar se convierte en un punto de tensión permanente. Cada calentamiento, cada gesto, cada sprint en los entrenamientos se analiza al detalle. Brasil sueña con su magia, pero también sabe que un paso en falso puede costarle no solo el Mundial, sino el tramo final de la carrera del 10 al máximo nivel internacional.

Ancelotti lo ve como una pieza a utilizar en el momento justo, no como un salvavidas desesperado. El plan pasa por leer el partido ante una selección japonesa que corre, presiona y no se rinde. Si el guion se cierra, si el encuentro pide un golpe de genio, el técnico sabe a quién mirar en el banquillo.

Japón llega con fe y con argumentos. Brasil, con peso histórico y con un Neymar que vuelve a asomarse al gran escenario. La pregunta, a estas alturas, ya no es si puede jugar más de 15 minutos. La verdadera incógnita es cuántos necesitará para cambiar el rumbo de todo un Mundial.

Neymar y su camino al Mundial 2026: retos y expectativas