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Mundial gigante: Messi defiende la corona y España se siente favorita

El fútbol se pone en modo planeta esta noche a las 20.00, cuando México y Sudáfrica levanten el telón del nuevo y descomunal Mundial en el mítico Azteca. Una Copa del Mundo XXL, americana, con 48 selecciones, final programada para el 19 de julio y una sensación extraña en Italia: el mundo está dentro… menos la Nazionale.

Italia, sin embargo, no desaparece del todo. Cambia de traje. No compite en el césped, pero se sienta en los banquillos con tres nombres de peso: Carlo Ancelotti, Fabio Cannavaro y Vincenzo Montella. Tres entrenadores, tres historias, una representación que sabe a consuelo y a oportunidad perdida al mismo tiempo.

Messi, el campeón que no se baja del trono

Sobre el césped, el foco vuelve a ser el mismo: Lionel Messi. Argentina llega como campeona del mundo y la frase que dejó el capitán lo resume todo: será muy difícil derrotarles. La Albiceleste no se esconde. Viene a defender la corona, no a pasearla.

Alexis Mac Allister, pieza clave en Qatar y ahora referente del Liverpool, lo tiene clarísimo. En una entrevista exclusiva, el centrocampista no duda en colocar a su selección otra vez en el centro del tablero: “Mi Argentina sigue siendo la más fuerte”. No hace falta adornarlo más.

Mac Allister explica la convicción del grupo: saben cómo se gana un Mundial porque lo hicieron hace menos de cuatro años y siguen teniendo a Messi, al que define como el mejor de todos los tiempos. No hay tatuaje de la Copa de 2022 en su piel, pero deja una imagen poderosa: dentro de un mes, quizá se haga dos.

Su pronóstico para las semifinales dibuja el mapa de poder de este torneo: Argentina, Francia, España y Portugal. Un bloque clásico de candidatos, sin sorpresas, con la sensación de que el título saldrá de ese pequeño club de gigantes.

Francia, un vestuario lleno de estrellas… ¿y de problemas?

Si Argentina llega con el peso de la corona, Francia aterriza con el peso del talento. Un ataque temible, un vestuario repleto de estrellas, quizá demasiadas. El potencial ofensivo asusta, la gestión de egos puede asustar aún más.

El debate no está en la calidad, sino en el equilibrio. Francia se presenta como candidata natural, pero también como laboratorio de convivencia. Si el grupo encaja, puede arrasar. Si no, el exceso de brillo puede deslumbrarles a ellos mismos.

España alza la voz: “Somos favoritos”

En medio de ese pulso entre campeones y subcampeones, aparece una voz con autoridad: Rodri. El cerebro de España y del Manchester City lanza un mensaje directo. El nivel del torneo ha subido y su selección se siente favorita.

No lo dice un aficionado ni un directivo, lo dice el jugador que mejor representa el fútbol de control que quiere España. Y no está solo. Los algoritmos que analizan datos, tendencias y rendimiento señalan también a la Roja como gran candidata al título.

España llega con una mezcla explosiva: el peso competitivo de Rodri, la frescura de una joya precoz como Lamine Yamal y la sensación de que el proyecto ha madurado. No es solo una apuesta romántica por el juego de posesión; es una candidatura respaldada por números y sensaciones.

Un Mundial sin Italia… pero con “Carletto”

Mientras tanto, en Italia la portada duele: el mundo está ahí… sin la Azzurra. La edición número 23 del Mundial será la última para dos iconos —no desvelados en los titulares, pero claramente señalados como figuras de época—, y aun así el país vive el torneo con una mezcla de nostalgia y orgullo.

Orgullo porque, aunque la selección no esté, el fútbol italiano sigue teniendo peso específico. Carlo Ancelotti llega como uno de los grandes protagonistas del banquillo. Cannavaro y Montella completan la delegación tricolor desde la zona técnica. No hay himno italiano en el campo, pero sí acento italiano en las pizarras.

Un estreno a tres actos y un Azteca que vuelve a mandar

Este Mundial arranca con grandeza programada. La primera de tres ceremonias de apertura se celebra esta noche, antes de que México y Sudáfrica se midan a las 20.00 en el Azteca, estadio legendario que vuelve a convertirse en puerta de entrada a una Copa del Mundo.

Será el inicio de una maratón de selecciones, estilos y narrativas. De Messi defendiendo su última gran corona, de Francia intentando gestionar su constelación, de España reclamando el papel de favorita con la pelota como bandera, de Portugal buscando el último gran baile de su generación dorada.

Y, desde la distancia, de una Italia que mira, analiza y dirige… pero no juega. La pregunta ya no es quién levanta la Copa el 19 de julio. La verdadera cuestión, para un país que se acostumbró a estar siempre, es otra: ¿cuánto tiempo más podrá Italia permitirse ver el Mundial solo desde el banquillo?