Messi y la incertidumbre de su salud antes del Mundial 2026
Lionel Scaloni vio lo que nadie en Argentina quería ver. En una pantalla del predio de la Selección, a miles de kilómetros de Estados Unidos, el técnico campeón del mundo observó cómo Lionel Messi levantaba la mano, miraba al banco de Inter Miami y pedía el cambio. Minuto 79 de un partido desquiciado ante Philadelphia Union, 4–4 en el marcador, y el capitán se marchaba directo al vestuario.
Las alarmas se encendieron al instante.
El primer parte médico del club habló de “fatiga muscular en el isquiotibial izquierdo”. Dos palabras que, en un calendario normal, serían casi rutina. Pero no cuando falta tan poco para el Mundial 2026. No cuando se trata de Messi. No cuando Argentina sueña con algo que nadie consigue desde hace más de 60 años: retener la Copa del Mundo masculina.
Scaloni, al menos de puertas afuera, eligió la calma. “Estábamos viendo el partido en el predio. Nos dimos cuenta de que pidió el cambio, que no estaba bien”, explicó en DSports. El entrenador no dramatizó, pero tampoco minimizó. “Los primeros informes no son tan malos. Lógicamente, hubiésemos preferido que no le pasara nada. Ahora hay que esperar cómo evoluciona. Sobre todo, le harán estudios, imagino, y ver si es como dicen”.
El mensaje es claro: prudencia, controles y cero riesgos innecesarios.
Un Messi tocado y una lista en el aire
La preocupación no se limita al símbolo. Scaloni lo dejó entrever: Messi no es el único que llega con molestias al tramo final previo al Mundial. “Nos hubiese gustado que llegara sin ningún tipo de problema, pero no es el caso de él ni de la mayoría de los jugadores que han tenido problemas. No están totalmente recuperados. Nuestro objetivo es tratar de recuperarlos y que lleguen en las mejores condiciones posibles”.
En ese contexto, la lista definitiva de Argentina aún no se hizo pública, pero su anuncio es inminente. La presencia de Messi, salvo giro médico inesperado, no está realmente en discusión. Incluso si no pudiera disputar los primeros partidos, su influencia en una fase eliminatoria, su peso en el vestuario y todo lo que ha dado en 21 años con la camiseta albiceleste lo convierten en un fijo casi automático.
El dilema no es si va. Es cómo llega.
La historia lo espera
Más allá del susto físico, hay una dimensión histórica que rodea a Messi en este Mundial. El ocho veces ganador del Balón de Oro se encamina a disputar su sexta Copa del Mundo. Nadie lo había hecho antes en el torneo masculino. Compartirá ese récord con Cristiano Ronaldo, ya confirmado en la lista de Portugal también por sexta vez. Ambos debutaron en un Mundial en 2006, cuando el portugués tenía 21 años y el argentino estaba por cumplir 19.
Pero hay otra marca, más fina, que podría quedar solo en manos de Messi. En número de partidos mundialistas en el fútbol masculino ya es el líder absoluto: llegó a su encuentro número 26 en la final de 2022 ante Francia. Sin embargo, el registro total, contando también el torneo femenino, todavía pertenece a una leyenda de la USWNT: Kristine Lilly, con 30 partidos disputados entre 1991 y 2007.
Los números son simples. Cuatro apariciones de Messi en 2026 igualan esa marca. Cinco la rompen. Argentina, si alcanza la final o el partido por el tercer puesto, podría jugar hasta ocho encuentros. El escenario está servido para que el capitán se siente en la cima de todos los Mundiales, también en esa estadística.
Entre la fatiga y la eternidad
La escena en Philadelphia fue un recordatorio brutal: incluso los mitos sienten el músculo tirar. Messi se acerca a los 38 años, pero sigue siendo el eje de un proyecto que no se resigna a haber tocado techo en Qatar. La Albiceleste lo quiere sano, competitivo y con margen para decidir partidos cuando el margen se estreche.
Scaloni lo sabe. El vestuario también. El mundo del fútbol, más allá de colores y banderas, entiende que un Mundial sin Messi en plenitud perdería algo irremplazable.
Hoy la palabra es “fatiga”. Mañana, tras los estudios, se sabrá si solo fue un aviso del cuerpo o una amenaza real al último gran baile. Porque la pregunta que empieza a sobrevolar no es si Messi llegará al Mundial, sino cuántas noches más podrá seguir reescribiendo la historia antes de que el reloj marque el final.






