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Leboeuf critica a Mbappé: ¿Falta de juego colectivo?

Kylian Mbappé vive donde pocos aguantan: bajo los focos más potentes, obligado a rendir siempre al límite. A sus 27 años, sus números son de videojuego y su aura lo coloca, inevitablemente, en la misma estantería que Messi o Cristiano Ronaldo. Pero la gran pregunta ya no es si está a su altura como talento individual. Es otra, más incómoda: ¿acepta de verdad ser uno más cuando el equipo lo necesita?

Frank Leboeuf, campeón del mundo con Francia y voz autorizada en cualquier debate sobre fútbol de élite, lo tiene claro. En una charla con GOAL, el exdefensa dibuja el perfil de un futbolista moldeado desde niño para ocupar el centro del escenario… y que aún pelea con la idea de diluirse en el colectivo.

“Está creado para ser el hombre principal”, explica Leboeuf. “Desde que tiene ocho años el mundo le prometió que iba a ser uno de los mejores porque era increíble muy joven y siguió haciendo lo correcto para llegar ahí”.

El relato es conocido: prodigio precoz, expectativas descomunales, carrera ascendente. Pero el exjugador apunta a un giro reciente. Para él, Mbappé —o quizá su entorno— ha descubierto tarde que el fútbol no perdona a quien ignora al grupo.

El peso del equipo por encima de la estrella

Leboeuf se agarra a los ejemplos que han marcado la última década. Cita a Liverpool, cita al Paris Saint-Germain reciente, y sobre todo rescata el caso de un Real Madrid que, a su juicio, sobrevivió a eliminatorias en las que no merecía seguir vivo.

“Cuando el Real Madrid jugó fatal y no debería haber ido a la final contra Liverpool… Cuando se enfrentó a Chelsea, Paris Saint-Germain, Manchester City, no había manera de que ganara esos partidos. Pero lo consiguió por el espíritu colectivo”, sentencia. Ahí coloca el listón. Ahí coloca el problema.

En su opinión, Mbappé no tiene ese código instalado. “Kylian no tiene eso en su ordenador, y cuando no lo tienes es muy difícil meterlo”, lanza, con dureza poco habitual en el análisis de una superestrella francesa. Leboeuf amplía el foco y acusa a la época: una “dictadura de la urgencia”, como la define, en la que todo empuja al jugador a ser una marca, un icono inmediato, un candidato permanente al Balón de Oro.

Ese premio, que en su época se olvidaba “a los cinco minutos”, se ha convertido en obsesión. No sólo para Mbappé. Para todo el ecosistema. Y ahí, insiste, se desdibuja la esencia: “El fútbol nos muestra en cada partido que si no juegas juntos, no funciona”.

Cuando el talento no encaja en el engranaje

Leboeuf no se queda en la teoría. Va a los nombres propios. “Vimos a Neymar, Messi, Mbappé jugando juntos. Ahora vemos a Vinicius Jr y Mbappé jugando juntos. No funciona porque no encajan en un espíritu colectivo”, dispara. La frase golpea fuerte, sobre todo en un contexto en el que se espera que el francés lidere una nueva era en el Real Madrid.

Frente a ese modelo de constelación de estrellas, el exdefensa levanta la bandera de aquel Liverpool de Jürgen Klopp. ¿Quién era la estrella? ¿Mohamed Salah? Sí, pero también Virgil van Dijk. Y Alisson. Y los laterales Andy Robertson y Trent Alexander-Arnold. “Todos eran estrellas”, recuerda. “Se centraban, se cruzaban entre ellos para marcar goles. Era una locura”.

Ese es el fútbol que enamora a Leboeuf. No el regate interminable, no la jugada para el videoclip. “No me importa que Mbappé drible a cuatro jugadores. No me impresiona porque no ve el juego”, confiesa. Y ahí aparece el contraste con otros perfiles: Rodri, Kevin De Bruyne. Jugadores que, para él, encarnan la virtud suprema: ver el pase antes de recibir el balón.

“Anticipación”, resume. Esa es la habilidad especial. Tanto, que incluso admite que nunca fue un gran admirador de Diego Maradona pese a reconocer su genialidad. Prefiere al futbolista que da el pase a un toque porque ya ha leído todo el escenario. Para Leboeuf, ahí está la verdadera magia.

Un goleador descomunal, una frustración creciente

Los datos de Mbappé no admiten discusión: 86 goles en 103 partidos con el Real Madrid, 56 tantos con la selección francesa. Cifras que sostienen su condición de depredador absoluto. Sin embargo, la imagen del delantero en los últimos meses ha dejado algo más que goles. Gestos de frustración, lenguaje corporal torcido, miradas perdidas. Y con ellas, las preguntas de siempre: ¿busca ya otro reto?

El ruido sobre un posible cambio de liga es inevitable. El destino que siempre aparece en estas conversaciones es el mismo: la Premier League. ¿Encajaría Mbappé en el campeonato inglés? ¿Lo soportaría… y lo dominaría?

¿Mbappé en la Premier? Sí, pero con muchas condiciones

Leboeuf no duda del talento para adaptarse al ritmo inglés. Duda de otra cosa. “La Premier League ha cambiado. Si fuera la Premier de cuando yo jugué, diría que no está listo”, admite. “Pero con el ritmo que tiene y las posibilidades que encuentras en Inglaterra, creo que Mbappé puede jugar en cualquier liga del mundo”. Incluso se permite imaginar un duelo de artilleros con Erling Haaland por el título de máximo goleador. “Sería una locura”.

El problema, para él, está en la realidad económica. “Con el precio que costaría, nadie puede comprarlo ahora mismo. No lo creo”, insiste. No ve a ningún club capaz de asumir la operación la próxima temporada. Y aunque alguno lo intentara, el encaje táctico no sería sencillo.

Leboeuf mira a Arsenal, uno de los equipos que más suena cada vez que se habla de un gran nueve. “Necesitarán un delantero, pero no usan delanteros”, apunta. Su crítica es quirúrgica: el equipo de Mikel Arteta gira alrededor del punta, no lo alimenta. Colocar a Mbappé en un rol similar al de Viktor Gyökeres —esperando centros y pases que no llegan— sería, a su juicio, receta segura para el enfado.

También trae a escena a Haaland y su convivencia con el sistema de Pep Guardiola. El noruego ha aceptado tocar “uno o dos balones por periodo”. ¿Haría Mbappé lo mismo? Leboeuf lo duda. Mucho. Imagina al francés retrocediendo metros, cayendo a la mediapunta, buscando contacto constante con el balón… y generando un problema táctico serio para cualquier entrenador.

La conclusión del exdefensa es clara: Mbappé puede jugar donde quiera. La cuestión ya no es la liga ni el ritmo. Es otra, más profunda: ¿está dispuesto a dejar de ser el centro del universo para convertirse, de verdad, en parte de una constelación?

Leboeuf critica a Mbappé: ¿Falta de juego colectivo?