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Klopp se disculpa tras polémica en Mundial: "Sigo siendo un idiota"

El terremoto no llegó desde el césped, sino desde el plató. En la previa del debut de Alemania en el Mundial ante Curazao, Jürgen Klopp, invitado estrella de MagentaTV, soltó una frase que encendió todas las alarmas alrededor de la selección y de Julian Nagelsmann.

Mientras comentaba las posibles alineaciones junto a Thomas Müller, Klopp dejó caer, casi con desgana, una frase que sonó a dinamita: “Por suerte, Julian Nagelsmann sigue eligiendo el equipo”. Ese “todavía” —“still”— fue suficiente para que medio país interpretara que el actual seleccionador caminaba sobre hielo fino. Y que la sombra de Klopp, vinculado una y otra vez al banquillo nacional, se proyectaba ya sobre él.

La reacción fue inmediata. En redes, en tertulias, en barras de bar. Y, sobre todo, en la voz de una leyenda: Lothar Matthäus criticó abiertamente el comentario, al considerarlo un desliz innecesario hacia el cuerpo técnico que dirige el Mundial.

Klopp, que está a punto de cumplir 59 años, entendió muy rápido que había cruzado una línea.

La goleada no tapa el ruido

En el campo, Alemania se encargó de hacer lo suyo: un 7-1 demoledor ante Curazao, un estreno que recordó a los grandes arranques mundialistas del pasado. Pero mientras los jugadores celebraban, el técnico más deseado del país preparaba su propia rectificación en directo.

En el postpartido, aún con el eco de los siete goles flotando en el ambiente, Klopp pidió la palabra para dirigirse a Nagelsmann desde el estudio. No buscó excusas. Fue directo al punto que le quemaba desde la víspera.

“Ya he encontrado la palabra más odiada del año: ‘still’”, admitió, con un tono tan irónico como autocrítico. “Podría haberme dado un puñetazo en la cara por eso, pero ya era demasiado tarde y estaba en la televisión. Se me escapó de forma casual y no tiene absolutamente ninguna relevancia”.

El exentrenador del Borussia Dortmund asumió el error como un lapsus de juicio, consciente de que muchos lo habían leído como una falta de respeto hacia Nagelsmann y su equipo. No quería que su presencia en la cabina se convirtiera en un foco de distracción para una selección que ha arrancado el torneo lanzada.

“Sigo siendo un idiota”

En una conexión en directo con Nagelsmann, Klopp tiró de autoironía para bajar la tensión y cerrar el episodio.

“Hay una cosa más que tengo que decir… todavía tenemos que hacer tiempo para esto”, arrancó, casi a modo de confesión. “También somos parte informal del equipo, estamos absolutamente de tu lado. Lo que he descubierto es: cumpliré 59 pasado mañana y sigo siendo un idiota. Estamos completamente de tu lado, hagas lo que hagas. Nada de lo que dije pretendía interrumpir el proceso aquí”.

El mensaje fue claro: respaldo total al seleccionador y cero intención de alimentar teorías sobre un relevo en el banquillo. Klopp quiso dibujarse como un comentarista torpe por un segundo, no como un aspirante en la sombra.

Broma pesada con Müller y Musiala

El contexto tampoco ayudó. En la previa del choque ante Curazao, el propio Müller, compañero de tertulia, había añadido gasolina al fuego del humor. Entre risas, ambos habían sugerido que Nagelsmann dejara fuera del once a Jamal Musiala, la gran joya del Bayern München, una provocación que muchos no encontraron especialmente graciosa.

Müller también se permitió una pulla a Klopp, recordándole que estaban en junio y no en septiembre, el mes que algunos analistas han señalado como posible fecha para que el exentrenador del Liverpool tome las riendas de la selección. Una especulación más, pero suficiente para que cualquier palabra se mida con lupa.

La broma se convirtió en munición. En Alemania, varias voces de peso, empezando por Matthäus, calificaron la escena de poco profesional, por entender que añadía presión innecesaria sobre Nagelsmann en pleno torneo.

Alemania mira al título, con o sin ruido

Mientras tanto, el equipo ha respondido donde más importa. El 7-1 ante Curazao envió un mensaje claro: Alemania ha llegado a Norteamérica para pelear por su quinta estrella, al margen de lo que se diga en los estudios de televisión.

Ahora el nivel sube. En la fase de grupos esperan Ecuador y la siempre poderosa Costa de Marfil, dos rivales que exigirán mucho más que el conjunto caribeño. El próximo capítulo será en Toronto, el sábado, frente a los marfileños.

Nagelsmann tiene un vestuario en forma, un ataque desatado y un país que, entre debates y matices, vuelve a ilusionarse. Klopp, desde el plató, ya ha aprendido que una sola palabra puede alterar el clima alrededor de la Mannschaft.

La pregunta es otra: con este arranque y este ruido de fondo, ¿hasta dónde puede llegar Alemania cuando los focos apunten solo al césped?