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Hearts enfrenta un final dramático en la Premiership

Los jugadores y la grada de Hearts compartían la misma sensación: desconcierto absoluto. Durante ocho minutos, con el partido ya sentenciado, Tynecastle se preparaba para una noche de euforia. El equipo había barrido a Falkirk y el cálculo era sencillo: viajar el sábado a Celtic Park con la única obligación de no perder por tres goles para ser campeón.

El fútbol, otra vez, tenía reservado un giro cruel.

Muy lejos de Gorgie, en el tiempo añadido en Motherwell, un penalti señalado a Celtic y transformado en el descuento cambió por completo el paisaje. El olor a pólvora se mezcló con la celebración interrumpida. Derek McInnes, técnico de Hearts, salió de sí al conocer la decisión. La calificó de “repugnante” y dejó una frase que retrata el clima: “Escuché que había un penalti en el minuto 96. No necesitaba preguntar para quién era”.

Su enfado no se quedó ahí. “Cada vez estoy más desilusionado con algunas decisiones que están tomando nuestros árbitros. Es una decisión muy mala. Estamos contra todos”, disparó el entrenador, que aun así tuvo tiempo para elogiar el momento de forma reciente de Celtic ante los micrófonos.

El escenario final cambia de matiz: la jornada 38, la última, verá a Hearts visitar Celtic Park obligado a sacar al menos un punto para tocar su santo grial. Para una temporada tan memorable y tan poderosa en casa, el desenlace de la noche dejó un sabor amargo. Todo el mundo vestido de granate parecía desinflado cuando se asentó el polvo. A McInnes le tocará canalizar una rabia que no se preocupó en disimular. El club ya arrastraba malestar por el curioso penalti no concedido en su visita a Motherwell el sábado anterior.

Hace un año, si alguien con una lámpara mágica hubiera ofrecido a la hinchada de Hearts la posibilidad de llegar a la última jornada necesitando solo evitar la derrota para ganar la Premiership, la respuesta habría sido un sí rotundo. El club no es campeón desde 1960. El dominio del Old Firm se ha extendido durante cuatro décadas. Romper ambos moldes sonaba a fantasía.

Ahora esa fantasía se ha hecho realidad… y también pesadilla potencial. Cualquiera con el corazón teñido de granate sufrirá palpitaciones hasta el sábado. Hearts viajará a Celtic con el destino en sus manos, pero frente a un gigante acostumbrado a ganar en Escocia casi por inercia. El desafío del equipo ha llamado la atención a nivel global; caer ahora, a un solo punto, dolería de forma casi insoportable. Un punto. Fácil de pronunciar, endemoniadamente difícil de conseguir.

Mientras tanto, Tynecastle se despide de algo que será una pérdida enorme cuando baje el telón de la temporada: su atmósfera. El ambiente volvió a estar al rojo vivo antes del inicio. Con eso llega también la presión. Falkirk, lejos de intimidarse, golpeó primero: Calvin Miller marcó a los cinco minutos, aunque el tanto fue anulado por fuera de juego. La defensa de Hearts se mostró más confiada de lo que exigía una jugada tan ajustada. Esa acción resumió el buen arranque de los visitantes.

Entonces llegó la primera sacudida desde Lanarkshire. La noticia de que Motherwell se adelantaba ante Celtic encendió al público local. Hearts había tenido que remontar en Fir Park el sábado, y la racha de cinco victorias ligueras seguidas de Celtic hacía que solo el hincha más optimista esperara un favor en Motherwell. Pero el dato estaba ahí. Faltaba que el equipo encontrara su sitio en el partido. Y no lo había hecho en el primer cuarto de hora.

Lawrence Shankland rozó el gol que calmara los nervios. Tras una buena combinación de Alexandros Kyziridis y Cláudio Braga, el disparo del capitán, desviado, terminó manso en las manos de Nicky Hogarth. Esa ocasión, sin embargo, pareció soltar a los locales.

El nombre del hombre que abrió el marcador explicó mejor que cualquier discurso el carácter coral de este Hearts. Frankie Kent ha pasado buena parte del curso como suplente. Su presencia en el once se debía a la grave lesión de Craig Halkett el fin de semana. Desde un córner botado por Kyziridis desde la derecha, Kent se elevó sin oposición y clavó un cabezazo que superó a Hogarth. Gol de un secundario obligado a ser protagonista.

Poco después, la grada se dejó arrastrar por un rumor: Motherwell se ponía 2-0 arriba. El mensaje era falso, pero nadie esperó confirmación. El propio equipo decidió corroborarlo a su manera. Cammy Devlin, guerrero del mediocampo, apareció en una zona inusual para él: solo, a doce metros del arco de Falkirk, ante un balón suelto. Su disparo, desviado por Coll Donaldson, se convirtió en el 2-0.

Hearts atacaba ya con la convicción de un campeón en ciernes. Sin embargo, ojos y oídos se desplazaban hacia Motherwell. Allí, el empate de Celtic reescribió otra vez el relato de la noche.

La misión de Hearts en la segunda parte parecía sencilla sobre el papel: cerrar una temporada liguera sin derrotas en casa. El equipo dominó el juego, hasta que Ben Broggio desperdició una ocasión clara para Falkirk con un mal remate. McInnes ya había movido el banquillo pensando claramente en el sábado. Mientras tanto, el 2-1 de Celtic en Motherwell reforzaba su vieja teoría: este campeonato se decidiría en la última curva.

El reloj marcaba el minuto 83 en Edimburgo cuando otro giro dramático llegó por los altavoces y los móviles: Motherwell empataba gracias a Liam Gordon, excanterano de Hearts. El rugido en Tynecastle fue inmediato. Acto seguido, Blair Spittal firmó un tercer gol espléndido para los locales, un disparo curvado que pareció guiado por el destino hacia la escuadra.

¿Estaba por fin sonriendo la fortuna en Gorgie Road? La respuesta llegó desde 40 millas de distancia, desde una decisión arbitral que devolvió a todos a la realidad. No todavía. No para un Hearts que tendrá que jugarse medio siglo de espera a cara o cruz en Celtic Park.