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Graham Potter: del fracaso a otro Mundial con Suecia

Graham Potter ya no intenta huir del fracaso. Lo mira a los ojos. Lo mastica. Lo utiliza. A los 51 años, después de golpes duros en Chelsea y West Ham, el seleccionador de Suecia habla sin rodeos de una profesión que no perdona y de un camino que lo ha devuelto, contra todo pronóstico, a un Mundial.

“Hay que enfrentarse a lo malo”, repite. “Cuanto más lo haces, más opciones tienes de que tu vida mejore. Y entonces llegan esos momentos hermosos”. Suecia y Estados Unidos 2026 son ahora su refugio y su reivindicación.

De la estabilidad rota al caos de Londres

Potter sabe que su carrera se cuenta muchas veces desde las cicatrices. Su ascenso en Brighton le dio prestigio, identidad y una reputación de técnico metódico, capaz de construir proyectos. Lo rompió todo cuando aceptó el reto de Chelsea en septiembre de 2022. Duró siete meses.

Luego llegó West Ham. Otra llamada de la Premier League, otra promesa de proyecto, otra trampa. Se encontró un club desordenado, una estructura que chirriaba por dentro. Ganó solo seis de 25 partidos, arrancó fatal su primera temporada completa y en septiembre perdió el puesto. De golpe, el entrenador que había sacado a Suecia del letargo y la había llevado a un Mundial veía cómo su nombre empezaba a deslizarse hacia la irrelevancia.

“Después de West Ham podía hacer dos cosas”, explica. “Quedarme sentado haciendo medios. O ir a trabajar”. Eligió lo segundo.

Suecia llama a un viejo conocido

La llamada llegó desde un lugar que ya conocía bien. Suecia se hundía en su grupo de clasificación mundialista, con Jon Dahl Tomasson fuera y el equipo sin rumbo. Antes de decir que sí, Potter hizo algo que considera imprescindible: mirarse a sí mismo.

“Hay que lidiar con el fracaso”, admite. “Te hace mejor persona. Y a veces en el fútbol no lo puedes racionalizar. Simplemente dices: ‘Quizá no estaba destinado a ser’. Y sigues con tu vida”.

Habló con su entorno, ordenó su salida de West Ham en su cabeza y aceptó un contrato corto con la selección sueca en octubre. El reto era brutal: no había logrado sacarlos del grupo, pero la Nations League les daba una última bala en forma de repesca. Otro golpe habría sido devastador para su reputación.

El giro llegó en marzo.

Suecia jugó las eliminatorias con una frialdad casi quirúrgica. Viktor Gyökeres firmó un hat-trick en el 3-1 ante Ucrania en semifinales y, ya en Estocolmo, marcó el 3-2 definitivo frente a Polonia en el minuto 88. El país estalló.

“Entré en YouTube a ver la narración sueca del partido”, cuenta Potter. “Lo vi un par de meses después y es la emoción en la voz. Viktor marca y es como una experiencia fuera del cuerpo. Todos los suplentes corriendo al campo, quince jugadores dentro y yo pensando: ‘Son amarillas, son problemas’. Pero es un Mundial, así que todas las reglas se van por la ventana”.

Ese gol no solo llevó a Suecia al Mundial. También consolidó a Potter. El técnico amplió su contrato hasta 2030 y profundizó un vínculo que va mucho más allá de un banquillo.

“Me siento muy sueco cuando trabajo”

Potter no aterrizó como un extraño en la selección. Construyó su nombre en Östersund, al que llevó desde la cuarta categoría hasta la Europa League en un viaje que marcó al club y al entrenador.

“Me siento muy sueco cuando trabajo”, admite. “Parezco un poco sueco. Dos de mis hijos nacieron en Suecia”. Para él, el fútbol de selecciones tiene otra dimensión. “Eres consciente de que con la selección haces algo que va más allá de ti. Es algo más grande. Se siente la intensidad. Eso es lo hermoso”.

El cambio, sin embargo, también le ha exigido adaptarse. Potter, obsesivo del detalle y de los procesos largos, se ha topado con el tiempo limitado del calendario internacional.

“No tienes tiempo para desarrollar ideas”, resume. “El error sería pasarte meses, desde la concentración de noviembre hasta la de marzo, diseñando planes tácticos para ganar a Ucrania, y luego descubrir que en realidad solo tienes dos días para preparar el partido. No quieres hacerlo demasiado complejo”.

Tras la euforia de la repesca llegaron las conversaciones duras: las llamadas a los jugadores que se quedaban fuera de la lista mundialista. Otro tipo de gestión, igual de delicada.

“Hasta en un once contra once de entrenamiento hay cuatro futbolistas fuera mirando”, recuerda. “No es fácil. Quieres que todo el grupo vaya por el mismo camino”.

La sombra de USA 94 y un grupo traicionero

Suecia se concentra en Estocolmo antes de volar a su base en Texas. El calendario aprieta, la memoria también. El tercer puesto en USA 94 pesa. No como una losa, pero sí como un listón.

El grupo F no regala nada: Japón, Países Bajos y Túnez. El objetivo mínimo es estar en la ronda de los 32, pero Potter sabe que no será un paseo. El debut llegará el 14 de junio en Monterrey, ante Túnez, en un clima que condicionará casi todo.

El técnico ya ha hecho sus cálculos. Habrá calor. Mucho. Ritmos más bajos, menos ida y vuelta, más balón parado.

“Se ve hacia dónde ha ido el juego a balón parado”, explica. “En un torneo sientes el cuchillo en la garganta, es menos fácil ser expansivo. Los partidos se cierran. Es una forma de crear ocasiones, así que creo que los equipos se van a centrar mucho en eso”.

Gyökeres e Isak, un dúo para hacer daño

Suecia llega sin Dejan Kulusevski, lesionado, pero con un frente ofensivo que ilusiona: Alexander Isak y Viktor Gyökeres. Un dúo con perfiles complementarios y un técnico que los ve como una amenaza seria para cualquiera.

Gyökeres ha vivido una primera temporada discutida en Arsenal. Críticas, dudas, lupa constante. Potter, sin embargo, mira otra foto.

“Es un gran ejemplo del mundo moderno”, apunta. “Desde nuestra perspectiva, nos llevó al Mundial, así que su impacto es increíble. Desde la perspectiva de Arsenal, ha cumplido su papel en el equipo, ha marcado sus goles, el equipo ha ganado la Premier League y ha llegado a la final de la Champions League. Ves todo el trabajo que hace. Ha tenido una temporada brillante”.

Más complejo ha sido el curso de Isak desde su salida de Newcastle rumbo a Liverpool el verano pasado. Pretemporada interrumpida, una pierna rota, falta de continuidad y un rendimiento por debajo de lo esperado.

“No ha ido tan bien como a él le habría gustado”, admite Potter sobre su primer año en Anfield. “A veces asumimos que cuando fichas a un jugador todo va a mejorar. Yo he vivido eso: no siempre es así. Alex en Newcastle hace una cosa, pero ¿cómo se adapta a lo que Liverpool quiere que haga? El jugador no cambia. Su calidad no cambia. Sigue siendo un futbolista top. Es cómo encaja en el equipo. Eso puede llevar tiempo. Es un gran chico”.

Potter recuerda perfectamente la primera vez que se cruzó con él. Debut de Isak con AIK ante Östersund.

“Estábamos bastante contentos antes del partido porque el delantero centro no jugaba y ponían a un chaval de 16 años”, rememora. “Luego marcó, perdimos 2-0 y aprendí la lección”.

La última señal positiva llegó en la derrota por 3-1 ante Noruega, el lunes, con un gol espectacular de Isak. El seleccionador lo tiene claro: quiere a los dos en el campo.

“Son distintos en su estilo, y eso es bueno para nosotros. Todavía no hemos jugado con ellos juntos, así que es emocionante desarrollarlo”.

Un vestuario con alma y mensajes de Zlatan

El ambiente en Suecia cambia. Se nota en la calle, en los entrenamientos, en las preguntas. Potter lo percibe. El Mundial se acerca y la selección vuelve a latir con fuerza. Hasta Zlatan Ibrahimovic ha intercambiado mensajes con el técnico inglés.

Potter observa también una tendencia: cada vez más entrenadores de club dan el salto a selecciones. Él ha hablado con varios que han vivido ambos mundos.

“Muchos me han dicho que los torneos son la mejor sensación que existe en el fútbol”, cuenta. “En la selección sientes que haces algo con más alma”.

Él, desde luego, parece renacido. West Ham lo despidió y ni aun así evitó el descenso. Potter, en cambio, se levantó, cruzó de nuevo el Báltico y se subió al tren del Mundial.

Sus primeros recuerdos de este torneo lo devuelven a 1986. Un niño de 11 años frente al televisor viendo a Diego Maradona romper el fútbol en pedazos. Aquel asombro infantil es el que ahora le acompaña mientras prepara un plan para sobrevivir en Texas, domar el calor, exprimir el balón parado y sacar brillo a Gyökeres e Isak.

Le espera el mismo escenario que lo enamoró del juego, pero desde el banquillo. La pregunta ya no es si se ha recuperado del fracaso. Es qué está dispuesto a hacer con esta segunda vida mundialista.