Logotipo completo Tercer Palco

FIFA exime a árbitro de VAR Evans tras polémica en el Mundial

La imagen duró apenas unos segundos en la retransmisión global, pero bastó para encender un debate incómodo en pleno Mundial. Antes de la goleada de Alemania por 7-1 ante Curazao, las cámaras enfocaron al equipo arbitral en el centro de videoarbitraje de Dallas. Allí, el australiano Evans, oficial de VAR, apareció haciendo con la mano derecha un gesto que muchos identificaron de inmediato: un “OK” invertido.

En un contexto normal habría pasado por una broma privada, una manía, nada más. En 2026, con el fútbol bajo la lupa de los organismos contra la discriminación, no hay gestos inocentes en pantalla global.

Investigación exprés en Dallas

Las imágenes corrieron por redes sociales y grupos de aficionados en cuestión de minutos. El gesto, que en los últimos años se ha asociado en determinados entornos con simbología de supremacía blanca, activó las alarmas de organizaciones como Fare, que colabora con FIFA y UEFA en la lucha contra la discriminación en el fútbol.

Antes de que el organismo rector se pronunciara, Fare fue tajante en su valoración pública: según el asesoramiento de sus expertos, el movimiento de Evans “se asemejaba claramente” a un símbolo de “white power” utilizado en círculos de extrema derecha a nivel global.

La presión subió de golpe. FIFA reaccionó con una revisión interna acelerada. Técnicos y responsables disciplinarios analizaron las imágenes procedentes del centro arbitral de Dallas, cuadro a cuadro, buscando contexto, repetición, intencionalidad.

Tras ese análisis, el veredicto fue claro: no había pruebas de que Evans hubiera violado el Código Disciplinario de FIFA. El australiano quedaba exonerado y mantenía su puesto dentro del grupo de árbitros del torneo.

La defensa de Evans: “Un hábito físico inconsciente”

Con el foco mediático ya sobre él, Evans rompió el silencio con un comunicado contundente. Negó haber querido enviar mensaje alguno y rechazó de plano cualquier vinculación con simbología de odio.

“La cobertura posterior a este incidente simplemente no refleja quién soy”, afirmó el árbitro de 38 años. Explicó que el movimiento de los dedos es, según su propia versión, un hábito físico inconsciente, un gesto que repite sin pensar, no una señal premeditada frente a la cámara.

Evans subrayó que comprende cómo se ha interpretado la imagen y lamentó el revuelo, pero quiso dejar una línea roja bien marcada: no hizo “de forma consciente ni deliberada” el símbolo que se le atribuye.

Para reforzar su argumento, apuntó a otras tomas del mismo partido. En esas imágenes, ya durante el juego, se le ve repetir el mismo movimiento con la mano, esta vez con un bolígrafo entre los dedos. Un tic, no una consigna.

“Arbitrar en el World Cup es el mayor honor de mi carrera”, añadió, mirando ya al futuro inmediato. Su objetivo, dijo, es seguir apoyando a sus compañeros durante el resto del torneo.

Un símbolo cargado y una sensibilidad al límite

La polémica no surgió de la nada. El gesto de “OK” invertido lleva años bajo sospecha. En 2019, la Anti-Defamation League lo incorporó a su base de datos de símbolos de odio, después de que grupos extremistas lo utilizaran como táctica de troleo y, más tarde, como marca de identidad en determinados espacios.

Ese trasfondo explica por qué un simple movimiento de dedos, captado al azar en una sala de VAR, puede convertirse en un asunto de escala mundial. El fútbol, que durante décadas miró hacia otro lado ante muchos comportamientos, vive ahora en un entorno de tolerancia cero ante cualquier rastro de racismo o discriminación.

En este caso, FIFA cerró filas en torno a su árbitro tras revisar las pruebas. No encontró intencionalidad ni base jurídica para sancionarlo. Evans seguirá en el torneo.

La pregunta que queda flotando es otra: en un Mundial observado al milímetro, ¿cuánto margen le queda al fútbol para el gesto despreocupado antes de que todo se convierta en un símbolo?

FIFA exime a árbitro de VAR Evans tras polémica en el Mundial