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Everton cae ante Sunderland y Moyes lo reconoce: "La hemos liado a lo grande"

La tarde estaba preparada para un asalto europeo. Ambiente encendido en el Hill Dickinson Stadium, cuentas claras: ganar a Sunderland y engancharse de lleno a la pelea por las plazas continentales. Durante 45 minutos, Everton pareció creerlo. Después, se derrumbó.

Un inicio que invitaba a soñar

El gol de Merlin Röhl, el primero que firma con la camiseta de Everton, pareció abrir una puerta que el club lleva años intentando cruzar. El alemán coronó una buena primera parte de los de David Moyes, que manejaban el ritmo y encontraban espacios ante un Sunderland ordenado pero poco dañino.

Al descanso, el 1-0 alimentaba la ilusión. Una victoria dejaba a Everton igualado a puntos con Brentford en la última plaza europea. El escenario soñado: estadio empujando, rival contra las cuerdas y la tabla de la liga por fin mirando hacia arriba.

Pero todo se vino abajo con una serie de errores que rozan lo imperdonable para un equipo que aspira a Europa.

Brobbey castiga los regalos

El punto de inflexión llegó con una acción que resume la segunda parte de Everton. Jake O’Brien, sin presión real, controló mal, regaló la posesión y abrió la puerta a Sunderland. Brian Brobbey no necesitó más invitaciones: cuerpo a cuerpo ganado ante James Tarkowski y disparo que se coló entre las piernas de Jordan Pickford para el 1-1.

Ese tanto no solo igualó el marcador. Desnudó las dudas de un Everton que, en lugar de reaccionar, se descompuso.

El segundo golpe volvió a señalar a la portería local. Enzo Le Fée probó desde fuera del área, un disparo aparentemente controlable, pero el balón se escurrió junto a la mano estirada de Pickford. 1-2. Silencio incrédulo en la grada. Un gol que un portero de su nivel suele detener terminó siendo otro mazazo anímico.

Catálogo de errores y sentencia de Isidor

Con el marcador en contra, Everton intentó adelantar líneas, pero ya jugaba contra su propio nerviosismo. Cada balón dividido parecía un problema, cada pérdida, un posible castigo.

El tercero de Sunderland fue la culminación de ese “catálogo de calamidades” defensivas. Una acción embarullada, rechaces mal resueltos, falta de contundencia en el área propia y Wilson Isidor apareció para empujar el 1-3 que silenció definitivamente el Hill Dickinson Stadium. La oportunidad europea se escapaba a ojos de todos, minuto a minuto.

Moyes, sin excusas

David Moyes no buscó refugio en discursos suaves. Habló claro, casi con dureza, hacia dentro y hacia fuera.

“No parecíamos un equipo europeo por momentos, eso seguro. Las cosas no nos salieron. Encajamos un primer gol pobre, volvimos al partido, parecíamos más cerca de marcar y luego regalamos el segundo”, explicó ante las cámaras de Sky Sports, describiendo una película que Everton ha repetido demasiadas veces en las últimas semanas.

El técnico reconoció que el problema no se limita a este tropiezo: “Si miro hacia atrás, quizá en los últimos cuatro o cinco partidos hemos jugado bastante bien, pero no hemos sabido rematar. Ha habido decisiones pobres en contra y Sunderland siguió haciendo su trabajo y nosotros no. Ellos se llevaron la victoria”.

Y llegó la frase que resume la tarde: “La hemos liado a lo grande hoy. Era una oportunidad en la que, si hubiéramos ganado, todo sería muy distinto. Al descanso parecía más probable que ganáramos nosotros, no empezamos bien la segunda parte, pero pensaba que si alguien marcaba después seríamos nosotros”.

La realidad fue la contraria. Y con ella, un diagnóstico incómodo: “Everton no ha tenido la oportunidad de estar en la parte alta de la tabla desde hace tiempo. Estoy más decepcionado por haber perdido esa oportunidad de seguir empujando. Hoy se ha visto que probablemente todavía no estamos del todo preparados”.

Europa se aleja… ¿y ahora qué?

La derrota no solo hiere el orgullo. Prácticamente clausura la puerta europea que tanto costó entreabrir. Con este 1-3, Everton se queda lejos de Brentford y de esa última plaza continental que parecía al alcance si se encadenaba una racha final sólida.

La sensación es amarga: un equipo que, en palabras de su propio entrenador, ha tenido tramos de buen fútbol en los últimos partidos, pero que se ha quedado corto cuando el margen de error era mínimo.

La tarde ante Sunderland deja una imagen nítida: Everton puede coquetear con la zona alta, pero cuando el partido exige madurez competitiva, concentración y sangre fría, los viejos fantasmas reaparecen. Y Europa, una vez más, se ve desde lejos. La cuestión es cuánto tardará el club en aprender de este golpe para que la próxima gran oportunidad no vuelva a escaparse entre las manos.