Cristiano Ronaldo y el golpe del 98’: ¿un tropiezo en la liga?
Cristiano Ronaldo terminó la noche sentado, solo, en el banquillo de Al-Awwal Park. Mirada perdida en el césped, gesto roto. La celebración del título de la Saudi Pro League parecía a punto de arrancar… hasta que el fútbol recordó que no firma guiones previsibles.
Al-Nassr ganaba 1-0 a Al-Hilal, el estadio hervía y el trofeo se sentía casi entre las manos. El gol de Mohamed Simakan en la primera parte había encarrilado una victoria que olía a sentencia en la lucha por la liga. Cristiano, hiperactivo entre líneas, había cumplido su papel antes de ser sustituido en los minutos finales, despedido con una ovación atronadora. El público se levantó, los móviles grababan, los aficionados empezaban a saborear el momento.
Entonces llegó el minuto 98.
Del control absoluto al caos
Durante buena parte de la noche, Al-Nassr mandó con autoridad. El equipo se adueñó del balón, marcó el ritmo y encontró premio con el tanto de Simakan, que desató el delirio en las gradas. Con esa ventaja, el partido parecía domado. El plan funcionaba, el título se acercaba.
Cristiano, que suma ya 26 goles en liga esta temporada, volvió a ser un foco constante de atención. Bajó a recibir, atacó el área, exigió a la defensa de Al-Hilal. Cuando el técnico decidió retirarlo en el tramo final, la respuesta del estadio fue la de las grandes noches: todo Al-Awwal Park en pie, aplausos largos, reconocimiento a su estrella.
En ese momento, la sensación era clara: el trabajo estaba hecho.
Pero el reloj se estiró. Y con él, el sufrimiento.
El error que lo cambia todo
Al-Hilal, herido pero no rendido, lanzó su último asalto en el descuento. Todos al área. Última jugada, último balón colgado, último suspiro.
Un saque de banda largo cayó en la zona caliente. El guardameta Bento salió con decisión, decidido a despejar el peligro. Ahí se rompió la noche. En lugar de alejar el balón, el brasileño chocó con su compañero Inigo Martinez y terminó golpeando la pelota hacia atrás, por encima de su propia cabeza, en dirección a la portería.
Abdulelah Al-Amri corrió desesperado hacia la línea de gol. Se lanzó para sacar el balón, pero ya era tarde. El esférico había cruzado. El 1-1 cayó como un mazazo. De la euforia al silencio en un segundo.
El estadio, que minutos antes rugía, se quedó congelado. Los jugadores de Al-Hilal celebraban un empate que les devolvía a la pelea. Al-Nassr, inmóvil, intentaba asimilar lo que acababa de suceder.
Cristiano, solo ante la realidad
Cuando el árbitro señaló el final, las cámaras buscaron a Cristiano. Lo encontraron sentado en el banquillo, quieto, con el rostro desencajado. No había rabia desatada, no había gritos. Había una mezcla de incredulidad y desolación.
En la grada, Georgina Rodríguez y sus hijos observaban la escena. Abajo, el capitán de Al-Nassr parecía al borde de las lágrimas, clavado en el mismo punto, mirando al césped como si buscara una explicación.
Un miembro del cuerpo técnico se acercó, le dio una palmada en el hombro, un gesto breve de consuelo. Cristiano se levantó despacio, negó con la cabeza y caminó hacia el túnel con la mirada baja. Esa imagen, más que el propio gol en propia puerta, retrató la dimensión del golpe.
Un título aún en el aire
El empate no derriba a Al-Nassr, pero le quita el suelo bajo los pies. El equipo sigue al frente de la Saudi Pro League, cinco puntos por encima de Al-Hilal. La diferencia, sin embargo, es engañosa: Al-Hilal tiene todavía dos partidos por disputar; Al-Nassr solo uno, ante Damac la próxima semana.
El margen se ha estrechado justo cuando parecía abrirse. La noche que debía acercar el primer gran título liguero de Cristiano en Arabia Saudí ha dejado, en cambio, una duda enorme flotando sobre la recta final del campeonato.
Desde su llegada en 2022, tras su salida de Manchester United, el portugués ha firmado 127 goles en 146 partidos con Al-Nassr. Un caudal ofensivo descomunal que, de momento, solo se ha traducido en un trofeo: la Arab Club Champions Cup. Demasiado poco para una figura de su tamaño y para un proyecto construido alrededor de su talento.
El club se ha rodeado de nombres de peso: Kingsley Coman, Joao Felix, Sadio Mane, Marcelo Brozovic, Inigo Martinez… Una plantilla pensada para dominar. Una plantilla que, a un suspiro del título, acaba de descubrir que el camino no será tan sencillo.
Queda un partido. Queda una liga por resolver. Y queda una pregunta en el aire: ¿será este golpe en el minuto 98 un simple tropiezo… o el instante que cambie el desenlace de toda la temporada?






