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Crisis en Santos: salarios atrasados y amenaza de éxodo

Santos, uno de los gigantes históricos del fútbol brasileño, vive hoy una crisis que ya no se mide solo en la tabla, sino en la calculadora y en los tribunales. El club arrastra un agujero financiero que ha estallado de lleno en el corazón del vestuario: las estrellas no cobran todo lo que les corresponde y la paciencia se agota.

Según reveló UOL, la entidad debe tres meses de derechos de imagen a varios de sus principales jugadores, con el tercer vencimiento expirado oficialmente el lunes. No es un retraso cualquiera: en la legislación brasileña, esos derechos forman parte del salario. Es decir, no se trata de un “extra”, sino de sueldo puro y duro.

Y no es lo único. Abril tampoco se pagó en términos de salarios convencionales. A eso se suma la falta de depósitos del FGTS, el fondo de garantía obligatorio, y primas de rendimiento atrasadas. Una combinación explosiva en cualquier club; en Santos, en plena temporada y con figuras de nivel mundial, aún más.

El clima interno se ha vuelto denso, pesado, casi irrespirable. El vestuario de Vila Belmiro, acostumbrado a lidiar con la presión deportiva, ahora carga también con la incertidumbre de fin de mes.

Riesgo de rescisión y estrellas en la cuerda de salida

La gravedad del escenario va más allá del malestar cotidiano. Con estos retrasos reiterados, los jugadores tienen base legal para solicitar en la Justicia del Trabajo la llamada “rescisión indirecta” de sus contratos. En la práctica, si la deuda no se regulariza, futbolistas del calibre de Neymar o Memphis Depay podrían romper su vínculo y salir libres, sin que el club vea un solo real por ellos.

Por ahora, ningún atleta ha presentado una demanda formal. Pero la amenaza de una fuga masiva planea sobre el club como una nube negra. Cada día sin solución alimenta el temor a un golpe devastador en lo deportivo y en lo institucional.

El propio presidente, Marcelo Teixeira, no esconde la dimensión del problema. “Seguimos enfrentando una crisis financiera muy seria, y todos lo saben”, reconoció. “Tenemos dos pagos de derechos de imagen atrasados. Ellos lo entienden. No es normal, pero puedo garantizar que no afecta el rendimiento de los atletas. Todo lo contrario. Confían en la gestión”.

Las palabras del dirigente buscan calmar el ambiente, pero chocan con la realidad de los números y con la sensación de desgaste en el grupo. La confianza, en el fútbol, también se paga a fin de mes.

Cuca, en medio del incendio

En el centro de este torbellino aparece el cuerpo técnico comandado por Cuca. El entrenador y su staff observan con preocupación cómo el conflicto económico amenaza con filtrarse al césped. El calendario no ayuda: el miércoles espera un duelo clave de Copa do Brasil frente a Coritiba, justo cuando la crisis salarial ocupa todas las conversaciones puertas adentro.

El propio Cuca figura entre los más afectados. Él y los jugadores con sueldos más altos también están a la espera de los pagos atrasados. En contraste, el personal con salarios más bajos sí ha cobrado íntegramente, una decisión que revela la prioridad social del club, pero que no atenúa el malestar general.

La victoria reciente ante Red Bull Bragantino, que debería haber sido un punto de unión y alivio, terminó actuando como detonante. Con los tres puntos en el bolsillo, la tensión acumulada encontró su momento para explotar.

El vestuario habla claro

El domingo, tras ese triunfo, Marcelo Teixeira bajó al vestuario. No encontró celebración desatada, sino un grupo decidido a poner las cartas sobre la mesa. Los jugadores lo rodearon con un mensaje directo: basta de dilaciones, quieren respuestas y fechas claras para el pago de lo que se les debe.

La queja no fue solo por el dinero, sino por la falta de transparencia. El plantel reclamó explicaciones, información concreta y un mínimo de previsibilidad. Quieren saber qué pueden esperar del club que hoy les pide compromiso total mientras arrastra deudas que se acumulan mes a mes.

Ante la presión, Teixeira ofreció una garantía verbal. Prometió pagar los salarios de abril y al menos un mes de los derechos de imagen atrasados “lo antes posible”. Una promesa que suena a respiro momentáneo, pero que deberá transformarse en hechos para evitar que la situación se descontrole.

Porque Santos ya no solo se juega una clasificación en la Copa do Brasil o puntos en el campeonato. Se juega su credibilidad ante sus propias figuras. Y en un fútbol globalizado, donde las estrellas tienen opciones y la ley les da herramientas para marcharse, la pregunta ya no es solo si el equipo responderá el miércoles ante Coritiba, sino si el club será capaz de retener a quienes hoy sostienen su escudo dentro del campo.