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Bielsa, fiel a su estilo en la foto oficial

Marcelo Bielsa nunca ha necesitado esforzarse por parecer distinto. Le sale natural.

Su apodo, El Loco, no es un adorno folclórico: es casi un manifiesto. Obsesivo del detalle, enamorado del trabajo de campo, célebre por sentarse sobre una conservadora de hielo en plena banda, el actual seleccionador de Uruguay vuelve a dejar claro, incluso en un gesto mínimo, que juega su propio partido.

Esta vez, el escenario no fue el banco de suplentes ni una sala de análisis de video, sino algo tan rutinario como el retrato oficial de la FIFA para el Mundial. Un trámite para casi todos. No para él.

Mientras jugadores y técnicos suelen aprovechar ese segundo de foco para sonreír, posar y abrazar el escaparate global, Bielsa eligió otra cosa: mirada clavada hacia abajo, rostro pétreo, cero concesiones a la cámara. La imagen parece la de un hombre al que le encantaría estar en otro sitio, quizá en un entrenamiento a puerta cerrada o frente a la pantalla revisando por enésima vez el último partido.

La foto, por supuesto, no pasó inadvertida.

Tras el empate 1-1 de Uruguay ante Arabia Saudita en Miami, en el debut de su selección, el tema saltó a la conferencia de prensa. Entre preguntas sobre el juego y el resultado, algunos periodistas quisieron saber si esa pose distante escondía un mensaje, una forma de protesta silenciosa o un gesto deliberado contra el circo mediático que rodea a un Mundial.

Bielsa no compró el relato. Ni lo adornó. Ni lo explicó.

«No tengo que dar ninguna explicación, la foto se tomó como se tomó», respondió, seco, fiel a su estilo.

Y remató con una frase que condensa su relación con todo lo que no sea fútbol: «No soy modelo».

En un torneo donde cada detalle se empaqueta, se vende y se interpreta, Bielsa vuelve a situarse en la vereda contraria. No posa. No actúa. No juega a ser lo que no es.

Incluso cuando el mundo entero mira a la cámara, él prefiere seguir mirando hacia el suelo, hacia adentro, hacia su propio juego.